Como ya os he contado en alguna ocasión, tengo una serie de juegos que llevo jugando desde pequeña, tanto sola como en multijugador. Uno de ellos el juego de los cacitos, y otro de ellos es el Zeus, señor del Olimpo, un juego de gestión de ciudades ambientado en la antigua Grecia mitológica. El juego está hecho por Impression Games y distribuido por Sierra (de hecho, durante años pensé que el juego era de Sierra), y junto con Faraon y Emperador, son una tríada de juegos de estrategia con los que muchas hemos pasado las tardes. El Faraon lo localizamos años después y también le dimos bastante, mientras que Emperador se nos resistió y no lo jugamos nunca.

En este juego tenemos varias opciones, hacer las campañas o crear nuestra ciudad desde cero en una serie de partidas libres. La dinámica en todos los casos es la misma: localiza tus fuentes de comida, si puedes producir lana y aceite de oliva, y empieza a construir. Aquí puedes ser un gobernante bénevolo y algo lento, o uno despreocupado que sólo busca alcanzar sus objetivos rápidamente. Y es que aquí las casas que construyas se irán poniendo exquisitas y pidiéndote más cosas para evolucionar, que se traducirá en tener más espacio para más habitantes, y por tanto, más mano de obra. Esta mano de obra es muy necesaria, aunque siempre la puedes redistribuir según las necesidades de tu ciudad.
Las peticiones en las casas serán comida, agua, diversidad cultural, lana, aceite de oliva y una zona atractiva. Que una cosa es vivir en bloques y otra solamente ver campo. Al mismo tiempo, tienes que vigilar que los edificios no ardan o se derrumben, y que pasen médicos a vigilar que no haya nadie enfermo, o te encontrarás montando leproserías. También que pase el recaudador de impuestos, que los dracmas no caen del cielo (bueno, a veces lo hacen).

Como ya he dicho, este juego está ambientado en una antigua Grecia con un extra de dioses y monstruos, y esto se traduce en ejércitos invasores, monstruos invasores y dioses invasores. Porque ciudadanos tragaldabas era demasiado simple.
Y es que además de a la gestión de tu ciudad, deberás tener un ojo puesto en si te visitan dioses. Si están a tu favor, lo único que harán será darse un paseo, mientras te dicen las ventajas de adorarles a ellos y no a otro. Si están en tu contra, pueden o soltarte a un monstruo clásico (el jabalí de Calidonia, Talo, Medusa, Ménades…) o atacarte directamente y boicotear sus cosis (Poseidón cerrará el comercio marítimo y no podrás pescar, Atenea irá a por las almazaras, etc). Por lo general, si no vas a molestar al monstruo, te dejará más o menos en paz y podrás sobrevivir hasta que satisfagas las exigencias del héroe de turno, que vendrá a derrotar al monstruo. Como es lógico, para derrotar a Medusa llamarás a Perseo, para el Minotauro a Teseo… particularmente, odio mucho tener que llamar a Heracles y Perseo, porque anda que no son exquisitos los dos.

Mi ciudad tras una campaña. En el minimapa se ve bien lo hermosa que me ha quedado. Fuente: Captura propia del juego.

Dejando de lado las movidas mitológicas, la gestión de la ciudad acaba por ser bastante simple al final, cuando le pillas el truco y ves cómo poder distribuir a tus escasos trabajadores para conseguir cosas más rápido, ya que los transportistas sólo necesitan un empujoncito para tirar a los graneros y almacenes.
Cada elemento de la gestión estará agrupado por pestañas: población, agricultura, industria, almacenaje y distribución, mantenimiento y sanidad, administración, cultura, mitología, ejército, decoración y la vista general. A su vez, en cada pestaña habrá hasta un máximo de cuatro elementos o algunos subgrupos (en industria, materias primas y “fábricas” en sí), lo que lo hace todo bastante intuitivo y rápido de localizar, aunque no siempre tenemos disponibles todas las opciones desde el principio (estoy hablando de la campaña), o puede suceder que no podamos pescar, o poner granjas. También podremos alternar entre ver un minimapa o un pequeño resumen del estado de esa pestaña, y donde podremos realizar gestiones relacionadas con el tema, como puede ser redistribuir trabajadores porque te interesa producir un extra de mármol, o cerrar un momento la fabricación de esculturas, para que usen el bronce para hacer armaduras. También podrás activar distintas “vistas” y controlar si los inspectores de mantenimiento están llegando a todos los sitios, o tu granero lleno de comida está a punto de derrumbarse.

Y esto es lo que pasa cuando pones a tus cabras a pastar sin supervisión. Fuente: Captura propia del juego.

Haciendo clic derecho sobre los diversos elementos del mapa obtendremos información variada: si son edificios, el número de empleados y cómo de “productivo” es el lugar; en las casas, sabremos las provisiones que tienen y qué necesitan para evolucionar (spoiler: el atractivo, SIEMPRE ES EL ATRACTIVO); y si clicamos sobre un ciudadano, nos dirá una frase sobre su estado de ánimo (“Si Eurípides, Euménides”) y lo feliz que es. También iremos oyendo frases aleatorias cada poco en el mapa, pero acaban repitiéndose muy rápido y las desactivo. Total, si se lía parda ya me saltará un aviso. O si viene un dios a pedir que le adore, pesaos.

Sobre la dificultad, me he pasado en modo “mortal” las campañas varias veces, y quizá tenga que ver que llevo cerca de veinte años jugándolo por épocas, pero tener contentos a tus ciudadanos no es complicado una vez conoces los trucos:

  • Es mejor que falten trabajadores a que haya paro. Si hay paro, aumenta la delincuencia rápido.
  • Si ves que no se mueven los almaceneros, con subir un momento los trabajadores de almacenaje y distribución, y esperar a que se muevan, lo puedes volver a dejar como estaba y no ha pasado nada.
  • Construye otros cuatro almacenes. Da igual que tengas dos vacíos, constrúyelos.
  • Sé generoso y haz regalos, y no rechaces las peticiones. Siempre puedes invadir a la gente, pero a la larga compensa ser amable por la cantidad de regalos que te hacen.
  • Controla mucho los bloqueadores de camino. No quieres que el inspector de mantenimiento se vaya a terreno vacío y descuide su ronda.
  • Es mejor que se solapen rutas de lo mismo a que algo se quede sin supervisar mucho tiempo.
  • Aprende qué edificios afean el terreno, y cuáles lo embellecen: un granero al lado de las casas es mala idea, pero el palacio es la mejor elección.
  • Deja pequeños huecos para caminos o jardines. Es mejor perder esas dos baldosas que tener que quitar luego la casa o el granero.
  • Coloca las academias y podios, y los teatros y las escuelas de drama en zonas separadas y que los filósofos y actores tengan que pasar por delante de las casas sí o sí.
  • No tienes suficientes almacenes.
  • Guarda los monumentos conmemorativos, nunca sabes cuándo te va a tocar armar un ejército y tener que volver muy atractiva una zona para las casas.
  • Recuerda que tienes que poner el camino a los muelles en la parte de delante, o no desembarcarán las cosas, como el camino de la derecha de abajo.
El camino de la izquierda sería perfecto, sino estuviera todo el resto de muelle delante. Fuente: captura propia del juego
  • Controla la cantidad de cosas que compras, que a la que te despistes, las estatuas te arruinan. Tampoco vendas TODA TU COMIDA.
  • Aprende dónde aparecen los monstruos y no te acerques a esa zona. Ahorrarás mucho dinero y preocupaciones.
  • Tómate con calma los ataques de los dioses. Al final acaban atacando siempre al mismo sitio.
  • ¿Qué te he dicho de los almacenes?

Tenéis el juego más la expansión Poseidón en GOG.com y Steam por menos de diez euros, y os recomiendo que os gastéis los eurillos, porque es un juego de gestión muy sencillo y entretenido, que me ha dado incontables horas de diversión.

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