Memoranda es un videojuego publicado el 25 de enero de 2017 para Linux, Mac y PC, diseñado por Maliheh Rahrovan (artista) y Sahand Saedi (game designer), y desarrollado por el estudio BitByterz. Es un clásico point & click en 2D inspirado en los relatos cortos de Haruki Murakami, repleto de puzles y múltiples personajes de originales diseños que captarán nuestra atención desde el primer momento.

El juego nos presenta una historia de aventuras situada en un pueblo costero ficticio en el que reina la calma, cuya arquitectura se asemeja a algunas construcciones europeas. Nuestro cometido es ayudar a la protagonista a recuperar su nombre, el cual, junto a otras muchas cosas, ha terminado por olvidar. Éste es un aspecto que comparte, misteriosamente, con el resto de personajes: todos carecen de algo.

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Panorámica del pueblo (fuente)

Se nos conduce a través de nuestro apartamento en un edificio desvencijado y recorremos las pequeñas calles del pueblo charlando con los vecinos y descubriendo de este modo cómo se relaciona Mizuki (apodo de la protagonista, recordemos que ha olvidado su verdadero nombre) con su entorno. Clicamos sobre aquello con lo que podemos interactuar, charlamos, averiguamos, investigamos, resolvemos puzles no demasiado difíciles (además, contamos con ayuda y pistas si somos perezoses) y avanzamos por historias entrelazadas a cada cual más enigmática e incluso terrorífica. La estética y el ambiente pastel, colorido y agradable no impide trasmitir auténtico horror (mediante ese surrealismo y carácter onírico que definen al escritor) cuando es necesario, y esto es algo que enriquece especialmente la narrativa.

Como presumiblemente ya sabréis, una personalidad que varíe ligeramente del estereotipo del que se parte no hace a un personaje un buen personaje: esto es, no es suficiente. Rahrovan se luce con sus carismáticos diseños adaptados a sus personalidades, definiendo una silueta inconfundible y logrando que no olvidemos ni al personaje más secundario. Conforme continuamos nuestro trayecto de un lado para otro y nos percatamos de que algo extraño está sucediendo percibimos que lo que se disfraza como un pueblo apacible es una suerte de laberinto que esconde más de un secreto. La incómoda sensación de que algo va mal (pero no demasiado) es algo que, si hemos traído los deberes hechos de casa, no debería sorprendernos.

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El apartamento de Mizuki

En la obra de Murakami se respira un ambiente que no resulta fácil de describir: criticado por su extraña síntesis entre la cultura oriental y occidental, lo cotidiano y lo sobrenatural, lo tradicional y lo moderno, el autor japonés transmite a través de sus textos una melancolía y una tristeza que se entremezclan con la sensación de que, realmente, todo está bien: una permanente y subyacente preocupación. Su narrativa es puramente contemplativa: abraza una paz y una pausa empapadas de pesadumbre que, si bien por una parte nos incita a observar pacientes, asimilando de modo muy natural su propio ritmo, por otra logra que no despeguemos los ojos. Quizá este tipo de ritmo sea más perceptible a través del lenguaje cinematográfico en obras como, por ejemplo, Solaris (Tarkovski, 1972), Hierro III (Kim Ki-duk, 2004) o, acercándonos a una premisa bastante más cotidiana, Una pastelería en Tokio (Naomi Kawase, 2015), donde el surrealismo característico de Murakami se deja a un lado para expresar, con otro lenguaje, la importancia de abrazar las experiencias sensoriales. Es en este preciso instante en el que nuestros sentidos se toman un respiro y observan los vacíos, los silencios, los ruidos blancos, y otros blancos en forma de superficies planas formando espacios, esas referidas carencias: he aquí el carácter contemplativo que Murakami otorga a sus textos, palabras normalmente ruidosas que se nos antojan silencio.

Y es algo que BitByterz ha logrado transmitir a través de su interpretación de los relatos del autor nipón: la música, los sonidos, la manera de arrastrar las palabras, la tristeza y el carácter taciturno que exhalan algunos personajes; la iluminación, los colores, el ritmo de las voces; una paz inusitada y que pende, a su vez, de un hilo firme; el juego captura la sensación a la perfección. Memoranda es, en definitiva, una aventura gráfica que hace las delicias del medio y, para impacientes y poco acostumbrades a este tipo de ritmo, de corta duración (aproximadamente cuatro horas) que sin duda logra dejarnos con la miel en los labios.

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