Un año antes (en 1999) de que saliera al mercado Zeus, Señor del Olimpo, Impression Games sacaba Faraón. Este juego sigue una dinámica similar a Zeus, del que ya os hablé: es un gestor de ciudades, en este caso ambientado en el Antiguo Egipto, aunque sin tantos dioses molestando. Ambos juegos siguen dinámicas similares, pero Faraón tiene cosas… mejorables. Cosas que en Zeus están mucho más pulidas, por lo que pasar a jugar de Zeus a Faraón, como me pasó de pequeña, y ahora rejugando, lo vuelven un título no tan divertido como pensaba.

Empezando por lo más básico, en Faraón tendremos la opción de campaña, donde deberemos llevar a la gloria a nuestra dinastía faraónica desde sus inicios. Y por inicio me refiero a que deberemos jugar de forma obligatoria a un tutorial que nos indicará de forma muy pormenorizada qué hace cada uno de los edificios que tenemos. Esto se vuelve algo molesto cuando estás rejugando, ya que no hay forma de saltártelo. No contaremos con todos los edificios de golpe, sino que se irán desvelando poco a poco a medida que avancemos y nuestras ciudades crezcan y aumenten sus necesidades. Esto es de agradecer, ya que el menú desplegable puede resultar un tanto confuso y abrumador de primeras. Incluso yo, volviendo a iniciar una partida al cabo de unas semanas, me pierdo un poco localizando dónde están las cosas.

Este es el menú más simple, y sólo tengo santuarios. Fuente: captura propia

En cuanto a los edificios, tendremos lo típico en estos casos: educación, administración, servicios (sanitarios y de mantenimiento), entretenimiento, religión, militar, distribución, agricultura e industria y materias primas. Hay bastante surtido, aunque según la clase de mapa tendremos determinados recursos e industrias disponibles. Además del mapa y este menú básico de gestión, dispondremos de un panel de control, que nos llevará a una nueva pantalla, y que mientras lo usemos la pantalla se pausará de forma automática. En este panel de control podremos tanto consultar cómo marcha nuestra ciudad y nuestro Imperio, como realizar acciones, satisfacer peticiones, gestionar el comercio o celebrar festivales en honor a los dioses.
Y es aquí, como en el Zeus, donde no sólo deberemos tener controlada nuestra ciudad, sino que deberemos tener contentos a los dioses y a nuestros aliados exteriores. Para los primeros, habrá que tener suficientes santuarios y templos, además de celebrarles festivales cada cierto tiempo para contar con su simpatía. Esto es importante, ya que tener mosqueada a Bastet puede provocar que dejen de llegar nuevos trabajadores, y tener contento a Path hará que contemos con almacenes con algo de espacio extra. Eso sin olvidar que debemos de contar siempre con el favor de Osiris, responsable de la riada del Nilo, que hará nuestros cultivos más o menos fértiles; y no queremos dos años sin riadas y su consiguiente hambruna, la verdad.

Respecto al comercio exterior, la gente es bastante tranquilita, aunque el apartado de comercio es bastante incómodo de manejar, ya que deberás activarlo y desactivarlo desde el panel de control, además de que es fácil que te despistes y te arruines sin querer comprando más material del que debes, sobre todo si importas ladrillos para las mastabas. Aunque eso sí, el control de las cantidades que compras y vendes y es bastante más fino que en el Zeus, ya que te permitirá elegir la opción “importar si es necesario” y “exportar si es necesario”.
En el resto de pestañas podremos consultar el estado general de los diversos sectores y realizar algunas gestiones, lo que acaba siendo engorroso, ya que te tocará ir yendo al panel cada cierto tiempo a ver qué sucede.

Te lo acabas aprendiendo, pero se echa de menos una vista más general. Fuente: captura propia

Aquí también tendremos una vista por capas que nos permitirá conocer qué problemas hay en nuestra ciudad. Y sobre estos problemas está uno de los fallos que tiene el juego, una aparente duplicidad de edificios: si en Zeus el edificio de mantenimiento se encargaba de vigilar que no hubiera derrumbres ni incendios, aquí necesitaremos que el parque de bomberos y el puesto de arquitectos gestionen eso. De forma similar habrá un boticario y un médico, que no realizarán las mismas funciones exactamente, por lo que tendremos que tener varios edificios que parece que tienen la misma función, pero se diferencian solo por unos pocos detalles.
Otro gran problema que tiene es que aquí los trabajadores pueden ser algo vagos: he llegado a tener un paro del 47% y edificios vacíos de trabajadores porque “no viven trabajadores cerca”, obligándome a colocar casas al lado, con sus correspondientes médicos y policías para que la cosa no se desmadre. Un desastre al final.

En resumen, el juego es entretenido, pero tiene fallos que no lo vuelven injugable, pero sí frustante. Se nota que el Zeus es un producto mucho más depurado y resulta más divertido de jugar (aquí no tendremos a los dioses paseando por la ciudad, entre otros cosas). Tienen elementos muy interesantes, como es la ambientación egipcia, más desconocida; o el hecho de la crecida del río Nilo, que te obliga a tener cuidado con las hambrunas, pero en conjunto no deja ser un juego que no destaca. Yo prefiero quedarme con el Zeus, la verdad. Lo que es una pena, porque como ya digo, la ambientación egipcia es una que se ve poco y hubiera sido bastante educativa.

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