Qué penita me da cuando entro en Metacritic y veo las notas de los juegos en color amarillo. Ya sólo el hecho de reducir todo lo complejo de un videojuego (o una película, o una serie) a un número me pone triste. La problemática de las notas es un tema complejo y tratado mil veces, pero en el caso de The Evil Within casi ha definido mi experiencia completa con él.

La primera entrega de The Evil Within trajo consigo unas críticas muy dispares, probablemente por el hype que produjo la vuelta de Shinji Mikami al género del terror tras su salida de Capcom y su paso por Clover, Platinum Games y la malévola Electronic Arts. A lo largo de las aventuras del increíblemente guapo Sebastián Castellanos vamos pasando por todos los clichés del videojuego de miedo: el hospital psiquiátrico, el matadero lleno de sangre, el bosque, nocturno e incluso un nivel de homenaje al primer Resident Evil que transcurre en una mansión. El hecho de que el delirante contexto de la trama (una mezcla entre Evil Dead y Origen con científicos locos) nos transporte de manera aparentemente sin sentido de un escenario a otro lo hacía bastante fresco y satisfactorio, resultando un juego ideal para la gente que disfruta del cine palomitero de zombies de serie B.

Sin embargo, es un juego al que no me atreví a probar hasta el mes pasado. Había leído y oído cosas malas de él: que era mediocre, que perdía la esencia del survival horror, que Mikami estaba acabado. Tentada por la salida próxima de su segunda entrega, compré una copia y me pasé la mitad del juego en apenas dos días. A pesar de sus evidentes defectos resulta un juego genuinamente divertido, una especie de pastiche y a la vez homenaje de los hitos del terror. Le perdoné el control tosco y el obvio diseño de niveles porque no me dejaba soltar el mando cada vez que encendía la consola. Y cuando me lo pasé me dió algo de apuro haber mirado a este título por encima del hombro, siendo prejuiciosa al descartarlo.

Entiendo que los videojuegos son caros, que no es posible jugar absolutamente todo y que hay que elegir. Pero parece que un título si no es una obra maestra y redefine la fórmula deja automáticamente de ser válido. A veces se enfoca la crítica como algo demasiado amargo, como si el juego fuera un enemigo, en vez de algo orgánico que ofrece una experiencia. Se da lo bueno por sentado y solo recalcamos las cosas malas. O quizás sea yo, que soy demasiado fangirl y me proyecto en absolutamente todo, absorbiendo todo lo que consumo con demasiada intensidad. Creo que hay cosas buenas en la mediocridad, creo que son disfrutables y creo que no pasa nada porque un juego aspire a ser un entretenimiento de una tarde.

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En The Evil Within 2 la dirección ya no corre a cargo de Mikami y en su lugar tenemos a John Johanas, encargado de los dlc’s del anterior juego. Lo cual se nota al ofrecernos una experiencia menos desquiciada y más lineal que el original. Aún así siguen estando muchos de los ingredientes de la primera entrega, como el tono pulp, los diálogos un poco ridículos o la estética loca e imaginativa. A esto se le suma un control del personaje mejorado, unas mecánicas más equilibradas y un ritmo más fluido y frenético. Además de las zonas pasilleras ya conocidas, el juego tontea con el mundo abierto y la supervivencia al estilo The Last of Us. Esta vez la trama no se desarrolla en el hospital de Beacon, sino en un pueblo llamado Union dividido en unos suburbios americanos de casitas y bajas y unos pasillos que conectan las distintas zonas. En ciertos momentos de la historia tendremos grandes áreas que recorrer infestadas de todo tipo de peligros, en nuestra mano está si explorarlas (y recibir munición, armas y coleccionables) o ignorarlas y continuar con la historia de forma lineal. El equilibrio entre riesgo y recompensa está muy bien ajustado y generalmente salir a la oscuridad a matar zombies y recoger plantitas merecerá la pena.

La relación con The Last of Us no se limita sólo a la jugabilidad, en esta ocasión Sebastián Castellanos vuelve a ser otro padre preocupado por su hija. También ha habido un cierto cambio en la estética muy parecida a la línea de Naughty Dog, más limpia en las texturas y con menos churretes de roña. Esto no es del todo bueno, ya que al estar todo más saturado es mucho más fácil distinguir que zombies se van a levantar y cuáles no. La UI también es más clara y minimalista, alejada del estilo algo recargado y hortera de la primera entrega. Las interfaces se leen mejor y son mucho más prácticas, aunque por la naturaleza del juego no necesitemos pasar demasiado tiempo en los menús, podemos encontrar la información fácilmente.

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Fire walk with me.

En la dirección de arte hay diseños realmente interesantes, especialmente en los bosses. El juego brilla cuando decide tirar por el surrealismo, bebiendo de influencias como Twin Peaks y su Black Lodge o Hannibal. En la serie de televisión se trata la muerte como algo artístico y bello, todas las escenas del crimen son barrocas, haciendo mil filigranas con los cadáveres y algo muy parecido hace Stefano el villano principal del juego, un fotógrafo con ínfulas de grandeza y bastante majareta (la peor mezcla posible) cuyo objetivo es crear la obra definitiva a base de matar gente. Estoy segura de que Stefano y Hannibal serían los mejores amigos o los enemigos más dramáticos.

El único problema de The Evil Within 2 es que tiene menos personalidad que el primero en la estética y la forma de distribuir los niveles (en esta entrega son más repetitivos y anodinos). La temática a pesar de seguir tratando sobre el cerebro y el subconsciente (el juego se llama Psychobreak en japonés), pierde parte de la coherencia interna, de la temática onírica e irreal. Este es más realista, más directo y más explícito, al ser una continuación carece del misterio de la separación entre sueño y realidad.

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Las tazas de café sirven para curar la barra de salud.

A lo largo del juego (igual que en el original) hay unos espejos distribuidos con los que podemos transportarnos a la habitación de Castellanos. Este lugar sirve para subir habilidades, mejorar armas, craftear munición o ver diapositivas con un gatito. Sin embargo, en ciertos puntos, aparece profanado, cambiado y resulta muy incómodo. El lugar seguro es casi tan antiguo como el propio videojuego, el centro Pokémon, la sala de la máquina de escribir en Resident Evil o la hoguera de Dark Souls son solo algunos ejemplos de cómo se puede trasladar la idea de hogar a un espacio ficticio, un espacio para descansar en el que sabemos que no pasará nada malo. Establecer una rutina, crear una sensación de familiaridad para luego romperla da casi más miedo que todos los señores con motosierras. The Evil Within 2 juega con los clichés y los tópicos del género, se beneficia de la cultura popular para crear un mundo reconocible. Y al mismo tiempo funciona como guiño al jugador.

En The Evil Within 2 no vais a encontrar un survival horror, pero sí un juego de aventuras con toques de gore y película slasher. Su primera parte es realmente trepidante y la última me tuvo sentada al borde de la silla, toda la trama está pensada para preparar ese golpe final en el que la narración y las mecánicas se alinean perfectamente. Es un título que no cambia nada, ni revoluciona nada, pero tampoco lo intenta, es honesto y sincero consigo mismo, ofrece entretenimiento y lo cumple con creces.

Reconozco cuando iba por la mitad arqueé la ceja más de una vez y me quejé con mis amigos de las cosas que no me estaban gustando. Estaba segura de que el final me iba a decepcionar. No obstante, cuando terminaron de pasar los créditos y volví a la pantalla de inicio no pude evitar empezar una partida nueva. Todo había encajado perfectamente y había sido tan emocionante que quería vivirlo de nuevo. Al final, los prejuicios son peores que los zombies.

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Copia proporcionada por Bethesda para PC. Todas las imágenes son capturas del propio juego.

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