Cuando era pequeña el viernes era mi día favorito: se terminaba el colegio, hacía de puente al fin de semana y, además, podía ir al videoclub para alquilar algún videojuego mientras mis padres hacían lo propio con alguna película. Por solo quinientas pesetas (qué vieja me siento, por Arquímedes), podías alquilar tres películas y dos videojuegos o cuatro películas y un videojuego… o CUATRO VIDEOJUEGOS y una película… ¡y lo mejor es que no tenías que devolverlos hasta el lunes! Lo que significa un fin de semana de vicio total… guay, ¿no?

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