Ya han pasado muchos años, pero todavía recuerdo mi primer smartphone con Android. Tan bonito, tan modificable… y tan desesperante por culpa de la manía que tenía de no dejar instalar las aplicaciones en la tarjeta micro SD. Por ese simple detalle, me puse a investigar en Internet y descubrí el enorme mundo del root. Había muchas opciones, algunas buenas y otras moralmente cuestionables, pero yo sólo quería una cosa: almacenamiento para mis app. Y de forma fácil, lo conseguí.

Años después, con otro smartphone diferente, me apareció otro problema: el recalentamiento. Tras buscar otra vez en Google descubrí que la mejor solución era, otra vez, el root. Dicho y hecho. Esta vez me costó un poco más, pero conseguí rootear el móvil y poder organizar todas mis aplicaciones con una sola app, impidiendo que se abriesen solas y haciendo que se cerrasen bien cuando no las estaba usando. Al fin y al cabo, me había quemado una vez por dormirme sobre el teléfono y (supuestamente) con todas las aplicaciones cerradas. Me pareció mejor prevenir un posible lío mayor.

Como veis, mis motivos para rootear los teléfonos son de lo más inocentes. Nunca hice mucho más, a veces por la pereza de tener que toquetear cosas, otras veces por miedo a romper algo (que son muy caros), otras porque el móvil se podía volver inestable, y otras porque simplemente no lo necesitaba y no iba a perder el tiempo. Y a pesar de no tocar prácticamente nada, ciertos desarrolladores de videojuegos han decidido castigarme.

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Y todo eso es porque Android viene con un pequeño chivato llamado SafetyNet, que básicamente lo que hace es recopilar datos en tu teléfono y enviarlos a Google. Nada nuevo, y realmente tiene cierto sentido porque puede utilizar cierta información de los usuarios para mejorar su sistema operativo, aunque realmente Google no deja claro qué es lo que hace con estos datos. Pero eso no es de lo que os quiero hablar. Una de las cosas que SafetyNet le dice a Google es si somos de ese tipo de personas con parche (aunque sea pequeñito) que tiene un teléfono root. Y cuando los devs deciden fiarse de este sistema para impedir las trampas en sus juegos, lo único que consiguen es iniciar olas de bloqueos de su propia aplicación.

El caso más conocido de la ola de bloqueos por root es el de Pokemon Go. Durante meses no hubo ningún problema y todo el mundo jugaba tranquilamente (o efusivamente, porque el hype fue bastante grande). Había algunos tramposos que utilizaban hacks para subir de nivel, o no tener que moverse para ir paseando por el mapa, pero siempre los hay, es algo que nunca van a conseguir eliminar. Y sin embargo, decidieron ir por la que ellos creían que sería la ruta fácil, y echaron de su juego a todos los teléfonos con root. Eso consiguió expulsar a la gran mayoría de los tramposos, pero también despachó a muchísima gente que jugaba de forma legal, e incluso a gente que ni siquiera sabía que su móvil era root (ciertas marcas low cost lo llevan de serie). Los jugadores bajaron de golpe, los ingresos de Pokemon Go también, y los tramposos tardaron un par de días en encontrar un pequeño agujerito que les permitía saltarse el bloqueo. Y mientras tanto, había gente que ni siquiera sabía por qué no podía jugar, en un claro caso de pagar justos por pecadores.

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Pikachu, los root también te queremos (fuente)

Pero esto no se quedó sólo en Pokemon Go, porque no fue una medida propuesta por Niantic. Su otro juego, Ingress, sí permite jugar siendo root, aunque a Nintendo no le parece tan buena idea esa libertad de los usuarios. Con la salida de Super Mario Run y posteriormente de Fire Emblem Heroes nos enfrentamos a dos problemas. El primero, que al parecer son más potentes y no son compatibles con todos los modelos de móvil (optimización, señores de Nintendo, que la gente no es rica para poder cambiar de dispositivo porque no funciona un juego); y el segundo, que otra vez no permiten que usuarios root utilicen su aplicación. Desde el día de salida. Esto quiere decir que directamente han llegado a la conclusión de que sus fans son unos tramposos. Cosa que me parece muy triste.

Misteriosamente, el único juego que se libró del martillo anti-root (que tiene un nombre más técnico, pero así nos entendemos todos) de Nintendo fue Miitomo. No sé si es porque lo consideran más infantil, o porque no creen que alguien se vaya a molestar en toquetear ese juego, pero únicamente estuvo prohibido a los root en su beta, ese mes que siempre le dan a Australia para ver qué tal se va a mover por el mercado norteamericano. A partir del día de salida global, ese bloqueo desapareció sin dejar rastro, permitiéndonos a todos ser un muñecajo relleno de preguntas que no se acababan nunca.

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Sin embargo, con todo esto no quiero marcarme un NotAllRoot, ni tratar de hundir a Nintendo, ni nada parecido (que soy millenial, pero flojito). Lo que quiero decir es que el anti-root no es una buena opción como anti-pirateo de un juego. Ese anti-root, el SafetyNet, es muy buena idea si hablamos de, por ejemplo, aplicaciones de pago en las que cada brecha mínima de seguridad puede ser muy grave. O también puede ser útil en las aplicaciones de televisión de pago, que hay mucha gente aprovechándose de estos servicios sin pagarlos y de alguna forma tienen que disminuir el problema. Ese bloqueo no va a impedir que alguien que sepa manejarse se aproveche de la aplicación, pero al menos hace que tengan que descartar las rutas fáciles. Porque, asumámoslo, siempre va a existir una persona que vaya por delante de cualquier empresa en los temas de seguridad informática.

¿Y cómo influye esto en un juego? En un juego, esa persona puede ir con un nivel alto, o con cierto número de objetos, o (como ya se ha visto y todavía se ve) pueden jugar desde su casa en cualquier zona del planeta, que es uno de los casos más comunes en Pokemon Go. Por norma general, la gente que consigue todo de forma fácil en un videojuego se aburre muy rápido. Pensad en aquella partida a Los Sims, o Skyrim, o GTA, en la que metíais el código del Modo Dios y la diversión os duraba una o dos tardes, porque que te lo den todo hecho no proporciona esa sensación de realización que nos conceden los juegos con objetivos definidos. Esto nos lleva a pensar que lo peor que puede pasar es que esa persona se dedique a presumir ante sus amigos durante unos días y, en caso de aumente de forma desproporcionada su nivel, a Nintendo le sería muy fácil saber a quién debería investigar por sus trampas.

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Bailo por no llorar (fuente)

Es cierto que yo hablo con cierto desconocimiento del nivel de hacks que se pueden hacer, porque no me interesaba lo más mínimo que mi juego dejase de ser vanilla, pero está claro que con un anti-root pierden mucho más dinero del que perderían sin él (existe cierto estudio europeo que demuestra que la piratería no afecta tanto a las ventas, cosa que se podría extrapolar a las trampas en los videojuegos), y eso sin hablar de la mala fama que puede conllevar esto. Imaginaos por un momento que sois un usuario root no tramposo que se gastó cierta cantidad de dinero en un juego al que luego le prohíben jugar. Imaginad el enfado, y lo mal que vais a hablar de esa empresa que, para vosotros, os ha robado vuestro dinero. E imaginad el momento en el que os enteráis de que eso ha sido por culpa de otras personas que han hecho lo que tú nunca harías. Probablemente le haya pasado a más de una persona, y de dos, y de quinientas. Y menos mal que a mí no, si no estaría quemando cosas.

La piratería y los hacks son unos males que rondan la industria de los videojuegos y es necesario concienciar a la gente para hacer que disminuyan, pero no se puede tratar de eliminar ese problema a toda costa perjudicando a tus propios usuarios legales. Por eso, espero que los desarrolladores de videojuegos se lo piensen dos veces antes de aplicar esa medida en sus futuros juegos y que Nintendo cambie de idea y decida que los usuarios de Animal Crossing Pocket Camp son tan fiables como los de Miitomo (que todavía tengo instalado), porque han vuelto con su castigo desde el día de salida y la gente con root sólo puede jugar el tutorial. Otra vez nos ponen la barrera y, en el fondo, sólo queremos seguir compartiendo nuestra pasión por los videojuegos, aunque sólo sea tocando el móvil un ratito mientras esperamos el bus o nos vamos a dormir.

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