Una defensa ferviente del tráiler de Detective Pikachu

Una defensa ferviente del tráiler de Detective Pikachu

Hace no mucho se estrenó el tráiler de Detective Pikachu.* Una adaptación de mascota cuqui a versión semirrealista, despeluchada y con un pie en el valle inquietante. Hace unos años esto nos habría echado para atrás a aquellos que le teníamos cariño a esta parte esencial de nuestra infancia y no tan infancia. Pero esta vez se produjo algo curioso: parecía haber un consenso entre reconocer que la película tenía más bien mala pinta y que, contra todo pronóstico, había unas ganas tremendas de verla. ¿Por qué nos llama tanto ver nuestros bonitos recuerdos de Gameboys y teles de rayos catódicos rotos en pedacitos?

Para intentar dar una respuesta, voy a pedir que demos unos pasos atrás para ver este cuadro con mayor claridad. Asumiendo que la mayoría de los que vimos el tráiler de Detective Pikachu el día que salió tenemos entre veinte y treinta años, nos manejamos más o menos con las redes sociales y vivimos en países occidentales; podemos sacar algún marco general de nuestras vivencias colectivas con respecto a esta saga. Probablemente jugamos de pequeños a Pokémon Oro/Plata, coleccionábamos los tazos y teníamos la suficiente pericia como para grabar en VHS los episodios de la serie. No sólo nosotros, sino nuestros amigos del colegio también. Incluso alguien a quien todo esto le pilló viejo, como Arturo Pérez-Reverte, sabe quién es Pikachu. Es más, sabe discernir quién es la Pikachu coqueta aunque nosotros no tengamos ni idea de lo que habla.

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Antes de que esto se convierta en un Yo fui a la ESO, voy a recortar en nostalgia. Seguramente hayáis vivido la mayor parte de vuestra adolescencia en plena crisis económica (desde 2007 y contando) con un bombardeo minucioso de estadísticas del paro día tras día. Con una burbuja inmobiliaria que crece y crece. Con noticias de guerras interminables a las que dan fuelle países con intereses cuestionables. Y, más recientemente, con un auge preocupante de la extrema derecha. Lo sabéis mejor que yo y no me quiero poner demasiado fatalista: la cosa está complicada. Ya de por sí el paso de la infancia a la adultez es algo desolador, pero parece que a nuestra generación le ha tocado la versión doblemente desoladora con todo lo que está cayendo. Los días que pasábamos intercambiando cromos en el patio parecen ya no algo sólo distante, sino de otra dimensión.

La respuesta a todo este sinsentido parece haberse materializado en los memes absurdistas que conforman gran parte de la cultura reciente de Internet: que si chistes de polillas a mansalva, Shaggy de Scooby-Doo convertido en dios primigenio, sketches rarunos en el difunto Vine, metahumor que sólo entienden los ermitaños de la red… Recuerda un poco al nacimiento del dadaísmo y el surrealismo en plena Guerra Mundial. Cuando el mundo parece carente de sentido, intentar buscarle una explicación causa más dolores de cabeza que simplemente subirse a la ola. Aquí es donde entra Detective Pikachu, lo juro.

Las decisiones creativas que han tomado con esta película se alejan tanto de nuestra concepción colectiva de Pokémon (formada en gran parte cuando éramos pequeños) que es, paradójicamente, algo que podemos aceptar mejor. Para empezar, Pikachu no es tan mono; está sucio y zarrapastroso. Su voz no es cuqui y adorable, es la de un hombre adulto. El resto de pokémon van por la misma línea. El ambiente en el que se desarrolla la historia es urbano y oscuro. El protagonista no es un chico soñador, sino uno que precisamente está desganado con un mundo que no se ajusta a las expectativas que tenía de niño. Es, en pocas palabras, una realidad más cercana a la nuestra. Como si todos esos recuerdos bonitos se trastocasen de la misma manera que la realidad nos ha trastocado a nosotros. Puede parecer algo descorazonador pero es de alguna manera todo lo contrario.

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Resulta más reconfortante el tráiler de Detective Pikachu con su aire pocho que lo sería ver algo más fiel al producto original. Algo que seguiría igual de bonito pero del que nosotros hemos diferido tanto que no nos hace sentir lo mismo. Hoy día somos más un Pikachu grimoso con voz de Ryan Reynolds que un sprite cuqui de Gameboy Advance. Y está bien.

*Escribí este artículo antes de que saliese el segundo tráiler pero habiéndolo visto sigo manteniendo mi fe y mi opinión sobre mi idea de la peli.

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GloomyMonday
GloomyMonday

Bajista si la situación lo requiere.

4 comentarios
Darkor_LF
Darkor_LF 28/02/2019 a las 10:51 am

Vienes pensando en leer sobre Pokémons peluchosos y te golpea el pesimiaml millenial.
La mejor síntesis de lo que es esta generación

GloomyMonday
GloomyMonday 03/03/2019 a las 1:08 am

Muchas gracias Darkor! <3 Espero no haberte dado mucha bajona

Malleys
Malleys 01/03/2019 a las 4:16 pm

Buenísimo.

Kathdrib
Kathdrib 05/03/2019 a las 12:18 am

Me encantó el artículo. Aunque no seguí Pokémon porque, cuando salió, era un poquito más grande, también siento ganas irrefrenables de ver la película. Creo que lo que comentás al final es clave. No es una recreación de la saga original -como hicieron con Saint Seiya, que no la vi aunque fue mi anime favorito- sino una historia de ese antiguo Pikachu, ahora, por lo que es hasta más real.

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