En los últimos tiempos hay un resurgimiento de historias cuya premisa son un grupo de niños que se lanzan a una aventura en la que deben enfrentarse a un ser más poderoso que ellos y ante el cual se sienten indefensos, pero valientes. Si a esta premisa le añadimos una ambientación ochentera, en la que elementos cotidianos como un reproductor de cassette o un televisor de tubo despiertan la nostalgia, conseguimos una fórmula que garantiza el éxito. Como muestra, tenemos Los Goonies, Super 8 e IT y, en los dos últimos años, el remake de esta última y la aclamada Stranger Things.

Por otro lado, tenemos la fórmula slasher, en la que un asesino, que acaba siendo el auténtico protagonista, persigue a un grupo de adolescentes de preocupaciones banales y cuyas personalidades tan irritantes logran que el espectador sienta más curiosidad por la creatividad de su muerte que lástima por la pérdida.

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Una fiesta en la playa que no termina bien. Y sin Jasons

En 2016, cuando se empezaba a gestar este redescubrimiento por el género de terror ochentero con el auge de Stranger Things y el regreso Expediente X, llegó Oxenfree, una aventura gráfica en la que un grupo de jóvenes se topará con una experiencia paranormal ambientada en los 80.

Oxenfree, de Night School Studio —estudio californiano compuesto por Sean Krankel y Adam Hines, ex desarrolladores de Telltale Games y Disney Interactive Studios, respectivamente—, es un título disponible desde 2016 en PC, iOS, Android, Xbox One y PlayStation 4 y que ha sido lanzado el pasado 6 de octubre para Nintendo Switch. Recientemente, lo jugué en su versión para la consola de Sony y se ha convertido en uno de mis tesoros indie particulares, por muchos motivos que desvelaré en el presente análisis.

Una fiesta con invitados paranormales

La protagonista es Alex, una muchacha que se dirige con su recién conocido hermanastro y su grupo de amigos a una isla vacacional con el fin de celebrar una fiesta en la playa. Durante la noche, Alex sintoniza una misteriosa frecuencia en su radio portátil, gracias a la cual abre un portal triangular a otra dimensión desde la que se oyen unas misteriosas voces. Tras este peculiar descubrimiento, se verá envuelta junto con sus amigos en un misterio en el que no faltarán escalofríos, sucesos paranormales y bucles temporales. A lo largo de la aventura, viajaremos por toda la isla investigando pistas con las que resolveremos el puzle sobre qué es esa brecha interdimensional, quién nos habla a través de ella y cuál es el secreto que esconde la isla. En algunos momentos de la historia, nos veremos atrapados en unos desconcertantes bucles temporales que sólo podremos resolver sincronizando unos extraños magnetófonos que aparecerán en lugares inusuales. Asimismo, la radio de Alex detectará distintas frecuencias que podremos sintonizar para captar emisoras a través de las cuales escucharemos programas que o bien pueden darnos migas de información o callejones sin salida.

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Como extra, podremos acceder a las fotos que nos hagamos. Algunas, cómo no, incluyen sorpresa

A medida que avanza la historia, la tensión irá en aumento. Lo que en un principio se presenta como un misterio sobre el cual Alex y compañía sentirán una atracción lúdica, se acabará desvelando como una trampa que pondrá en peligro sus vidas. Al igual que muchas historias de terror, nuestros adolescentes, humanos, faltos de conocimiento y sin poderes, permanecerán indefensos ante un mal casi omnipotente, contra el cual no tendrán más armas que la inteligencia y la capacidad resolutiva de Alex o, mejor dicho, del jugador.

Oxenfree se presenta como un point and click que nos permitirá interactuar con las acciones disponibles en pantalla. A esto se le añade un componente original: los diálogos entre los personajes. Estos están tratados con el mayor naturalismo posible: tendremos varias opciones que responder, que se desvanecerán si dejamos pasar unos segundos, con lo cual nuestros interlocutores interpretarán que, sencillamente, no teníamos nada que decir. Los personajes tendrán conversaciones solapadas en las que tendremos ocasión de intervenir si no dejamos pasar la oportunidad. Y, en efecto, es posible terminar el juego en completo silencio por nuestra parte. La forma en la que se desarrollan los diálogos está impregnada de realismo: hay balbuceos, repeticiones, oraciones corregidas en el momento y más aspectos del lenguaje oral, cuya excelencia queda redondeada gracias al sublime trabajo de los actores de doblaje. Este aspecto llena de vida al juego y logra que la experiencia resulte más familiar y auténtica.

Esta característica de los diálogos, a su vez, otorga un mayor relieve a un grupo de adolescentes que se alejan de ser los clásicos insoportables protagonistas de una película del género. La propia Alex es una joven despierta, audaz y resolutiva que trata de recuperarse de ciertos acontecimientos trágicos y sobre la cual recaerá toda la responsabilidad del grupo. Morena de tez y teñida de azul, no tendrá el físico de una top model ni los músculos de una superheroína, pero encarna ese tipo de fuerza que se basa en el cerebro y que también gusta de ver en personajes femeninos. Durante el juego se hará querer, y no sólo por su carisma e ingenio, sino por el simple hecho de no ser perfecta. Alex, como todo ser humano, ha cometido errores en su pasado, no es apreciada por todos y, durante el juego, deberemos tomar a través de ella decisiones que no siempre serán acertadas.

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Varias respuestas y pocos segundos para escoger una

En su grupo de amigos conoceremos a Jonas, el hermanastro de Alex, que ha entrado recientemente en su vida y en el cual se intuye que oculta algo. También tendremos a Ren, el mejor amigo de Alex desde la infancia, alegre y hablador. No obstante, sentí más inclinación hacia las otras dos chicas del juego: Nona y Clarissa. La primera es una muchacha tímida y cultivada, con inquietudes artísticas retratadas de una forma muy positiva que no la convierten en la clásica pedante odiosa. Clarissa, basada en el arquetipo del bellezón popular de instituto, se presenta como la antagonista de Alex. En todo momento se dirige a ella tal desprecio que será inevitable odiarla, pero a medida que avance de la partida la conoceremos mejor y, tal vez, logremos entenderla como un personaje más complejo que el que aparenta. Durante el juego tomaremos decisiones que no sólo influenciarán el final, sino la relación de Alex con respecto al resto de jóvenes, con quienes podrá afianzar su amistad, enrarecerla o destruirla por completo.

La estética ochentera dota a Oxenfree del clásico encanto nostálgico, bien apoyado en unos elegantes gráficos de estilo acuarela y una tipografía en mayúsculas para los textos cuyo trazo evoca una caligrafía adolescente. La banda sonora, de estilo experimental, crea un clima propicio para el suspense, mientras nos envuelve en una extraña tranquilidad. Y, como guinda del pastel, tenemos las voces que nos hablan desde la brecha abierta por Alex: múltiples, distorsionadas y de distintos géneros, nos erizarán la piel cada vez que las escuchemos. El único inconveniente del juego es que sólo está disponible en inglés, y se requiere un nivel medio de este idioma para poder comprender las ágiles conversaciones que se darán durante la partida.

Oxenfree tal vez no contenga ese tipo de ambientación basada en niebla, sangre y oscuridad, ni nos presentará a un enemigo cuyo aspecto abominable nos provoque pesadillas. Sin embargo, nos envolverá en otro tipo de terror diferente y que nos recuerda un capítulo de Expediente X; un tipo de terror que juega con el desasosiego que causa el estar indefensos ante un enemigo cuyo alcance desconocemos, que se mueve por dimensiones que no controlamos y que es capaz de retorcer los conceptos de espacio-tiempo y, con ellos, nuestra cordura.

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Alex y su variopinta tropa, que acabaremos adorando

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