AER es posiblemente uno de los juegos más bonitos que he podido probar este año. Una experiencia deliciosa y una historia cuanto menos preciosa, con una protagonista capaz de transformarse en pájaro para poder viajar a todas las islas flotantes que tiene el mapa. Algo que me recuerda mucho al Skyward Sword, aparte de los obvios pelícaros y las islas flotantes, por esa lucha entre la oscuridad y la luz, y cómo esos dos conceptos hilan toda la historia de manera magistral (en ambos casos). Aviso, se vienen algunos spoilers de la trama de AER (intentaré que sean los menos posibles).

En este juego te pones en la piel de uno de los últimos cambiaformas que quedan, y te mandan de peregrinaje a la Tierra de los Dioses, olvidados ya por los humanos. Tu misión es ir desentrañando los diferentes misterios que ofrecen las diferentes islas que quedan, después de que el mundo se quebrara. Y a cada paso que avanzas en tu peregrinaje, te acercas todavía más al fin del mundo. En tus manos queda salvar la realidad del Vacío.

Una de las primeras islas que descubres en el juego

La primera cosa que hay que reseñar de este juego es que es un walking simulator: no tenemos barra de vida, ni de experiencia, no hay coleccionables ni tesoros y tampoco tenemos capacidad de morir, ni habrá enemigos contra los que luchar. Simplemente debemos ir descubriendo cada isla y los secretos que encierran, así como los puzles que encontraremos en los templos. No hay voces, sólo la música y los sonidos de los animales que vas encontrando por cada lugar. Un pequeño oasis donde respirar tranquilamente y desintoxicarte de juegos más pesados o simplemente buscar un interludio antes de retomar un juego muy largo.

Profundizando ya un poco más en el tema del gameplay, nos encontramos ante un juego bastante sencillo y con unos controles muy fáciles de memorizar, al menos en PS4, que es donde lo he jugado. La historia es totalmente lineal y no tendremos ninguna misión secundaria como tal —llegado a cierto momento del juego, nos dan la opción de buscar a la hija de unos humanos que se ha perdido. Aparecerá de nuevo cuando reunamos las tres piezas de la llave que ilumina el faro y nos dirijamos éste, situado en el asentamiento, al final del juego—.  Gracias a la linterna que encontramos en el primer templo del juego, podremos ir descubriendo a los fantasmas/almas de los habitantes de las distintas ciudades del juego, que nos contarán más cosas sobre por qué el mundo son ahora islas flotantes. Yo, personalmente, que me encanta explorar, he disfrutado mucho yendo de isla en isla volando.

Hay muchos animales preciosos en el juego, como este zorro de dos colas

He invertido alrededor de 7 horas en pasarme el juego al 81% —me quedan 7 trofeos por sacar—, y a pesar de que los logros están ahí, no son cosas megaimposibles como en otros. Aquí, básicamente, premian la exploración y profundizar todo lo posible en la historia. Descubrir todos esos matices y detalles escondidos en el mapa del juego. La perspectiva es en 3ª persona en todo momento, cosa que se agradece. Quizá lo único que no me ha gustado demasiado ha sido el control del personaje y la cámara: para mí están poco afinados y muy toscos y bruscos. Un simple toque en el stick de control de la cámara la gira bruscamente y puede llegar a marear, y a la hora de volar se convierte a veces en un problema.

Cambiando de ya de tercio, me gustaría hablar de los preciosos gráficos que tiene el juego. Recuerdan de lejos a las figuras de acuarela del Skyward pero la gran diferencia es que estas tienen aristas y bordes, y lejos de que pueda restarle encanto, le añaden un toque único y remarcable. El tratamiento de la luz y el color es exquisito y completamente adaptado a cada zona, y además, las transiciones entre zonas están hechas perfectamente, tanto a nivel musical como a nivel de luz y elementos en la pantalla. Por ejemplo: al pasar de la zona noroeste al norte en el mapa, pasamos de una ventisca en la que se hace muy difícil ver a una noche cerrada llena de nieve, donde cambia el sonido de la ventisca al silencio y a nuestras pisadas en la nieve. Las animaciones de todo están hechas con un mimo increíble y muy muy cuidadas. Una de las que más me llamó la atención por lo fluida que es es la de las zonas en las que hay cascadas y agua, como por ejemplo, cuando el agua choca contra algunas rocas o el personaje camina por encima de un lago. Y tampoco puedo olvidarme de las animaciones de los animales ni de la transformación de humana a pájaro y viceversa: muy fluidas y suaves, sin trompicones.

Uno de los escenarios que más me impactó, al terminar uno de los templos

La música cumple a la perfección la misión de ambientar cada zona, igual que los efectos de sonido: no sobra ninguno y todos están perfectamente encajados en cada parte del juego. Las únicas transiciones que me parecen un poco bruscas son las de la salida de los templos, porque la música cesa de golpe, como si la cortaran.

Y el último detalle que no me ha gustado mucho del juego es que echo en falta alguna pista más de la que nos ofrece el juego para pasar ciertos templos: a veces se hace difícil avanzar en determinados sitios porque cuesta encontrar los puzles o los sitios por donde avanzar no se ven del todo bien.

Sin embargo, y a pesar de estas puntualizaciones, AER es un juego maravilloso, con unos gráficos deliciosos y muy disfrutables, una música muy agradable y una historia que desde luego os animo a descubrir por vosotros mismos. La tierra de los Dioses os espera.

Muchas gracias por proporcionarnos una copia de prensa para poder realizar un análisis del juego.

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