The Red Strings Club

The Red Strings Club: Una reflexión sobre la naturaleza humana

The Red Strings Club: Una reflexión sobre la naturaleza humana

Dicen que el alcohol ahoga las penas, que ayuda a olvidar y a desinhibirse, pero ¿qué pasaría si al tomar un cóctel nuestra tristeza, nuestra ansiedad o nuestras inseguridades se acentuaran? ¿Cómo sería beberse una copa de ira, de determinación, de felicidad? Eso es lo que cualquier cliente puede encontrar al cruzar las puertas del club Red Strings, un lugar muy especial del que el nuevo título de Deconstructeam toma su nombre.


Han pasado casi cuatro años desde que este estudio español se estrenara con Gods will be watching, un juego de aventura point&click con puzles complejos, decisiones y consecuencias, y ahora vuelven para traernos una historia de la que, posiblemente, podré decir a finales de año que es de las mejores a las que he jugado en 2018.
Con una duración de cuatro horas, The Red Strings Club nos lleva a un futuro no tan lejano con ambientación ciberpunk en el que tendremos que hacer frente a una poderosa corporación y sus planes para cambiar el mundo. Como toda buena obra ciberpunk, el juego no está exento de dilemas morales y reflexiones existenciales. De hecho, este es un punto importantísimo en el juego que comentaré más adelante. Ahora, hablemos de los personajes.

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El trío protagonista de The Red Strings Club es tan variopinto como interesante, y tanto en ellos como en los personajes secundarios se nota el trabajo de Deconstructeam para hacerlos únicos y su esfuerzo por dar visibilidad a la diversidad.
En primer lugar tenemos a Donovan, uno de los mejores brókers de información de la ciudad que, además, es dueño y barman del club Red Strings. Donovan, un tipo atractivo, agradable y cuarentón, es el personaje de más peso en la historia y el encargado de servir esos cócteles de los que hablaba al principio.
Por otro lado está su pareja, Brandeis, un hacker de veinticuatro años tan bueno en su trabajo y tan seguro de sí mismo que aparenta el doble de su edad. Brandeis es el personaje más divertido, lleva una vida peligrosa y eso le gusta, y aunque parezca duro y despreocupado en el fondo es un buenazo que cree firmemente en luchar contra la injusticia y hacer el bien.
Y, cerrando el trío de protagonistas, nos encontramos a Akara, un androide que se nos presenta como el primero de su categoría, capaz de discernir, procesar y empatizar con las emociones, y que ha sido creado para hacer feliz al ser humano.

Cada uno de estos personajes conforma el pilar de las tres mecánicas que veremos en The Red Strings Club.

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El juego es, en gran medida, una aventura conversacional, por lo que en muchos momentos los diálogos serán lo único que haga avanzar la historia, pero cuidado porque hay peculiaridades. Para empezar, tendremos que tomar un montón de decisiones, algunas más difíciles que otras, y elegir muy bien nuestras opciones de diálogo porque, una vez pasemos al siguiente tema, no podremos volver al anterior (en realidad podremos, pero sólo una vez y usando una pastilla que tal vez no consigamos).
¿Qué implica esto? Que al acabar la partida habrá muchas piezas del puzle que no tengamos (aunque nos enteraremos perfectamente de todo, no os preocupéis) y que se favorece mucho la rejugabilidad, ya que podremos volver a empezarlo tomando las decisiones opuestas y eligiendo las muchas respuestas y preguntas que anteriormente dejamos de lado.

Sin embargo, no sólo nos limitaremos a hablar con los personajes, sino que también hay otras mecánicas relacionadas, como decía antes, con los tres protagonistas. Una de ellas es la que comentaba al inicio de la reseña: la preparación de bebidas. Puede parecer algo raro, pero tiene un sentido narrativo y su utilidad hace que esta mecánica quede perfectamente integrada en el juego.
Recordemos que Donovan, el barman, es bróker de información. Pues bien, la manera que tiene de obtener esa información es a través de la manipulación de las emociones. Los licores de Donovan conectan con nuestra alma, con las emociones que estemos sintiendo en ese preciso momento, y según las combinaciones que hagamos podremos potenciar unas u otras, algo que deberemos tener en cuenta antes de lanzarnos a hacer preguntas a nuestros valiosos clientes.
Me pareció muy original este método, y entretenido de llevar a cabo, ya que coordinar con las botellas hasta dar con la combinación que queremos a veces no es tan sencillo como parece (sobre todo si eres una bruta como yo), y me gustó mucho el tener que decidir qué emoción acentuar para tener éxito en las conversaciones y sacar el máximo de información posible.

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Otra de las mecánicas es la de la creación de implantes neuronales para la modificación de comportamientos y emociones que llevaremos a cabo con Akara. En este caso también tendremos que tener cierta habilidad porque la manera de fabricar estos implantes será torneándolos al estilo alfarero. La “gracia”, no obstante, no está tanto en la creación en sí como en saber qué modelos de implantes elegir para ponerlos en el torno. Y es que Akara trabaja por encargo, pero sus clientes no le piden un implante en concreto, sino que le cuentan cuál es su problema y será el androide (nosotros) el que tendrá que decidir cuál es el mejor para ayudarle a resolver su problema. Lo interesante es que tal vez esa solución no es la que se espera, y para ayudar a una ejecutiva a sobrellevar la carga de trabajo de su empresa podremos hacer que deteste a las corporaciones y, por tanto, su filosofía de vida cambie por completo.
Todo esto tiene unas consecuencias, por su puesto, que el juego usa como parte de su exploración sobre la naturaleza humana y el transhumanismo.

Finalmente tenemos la mecánica relacionada con la habilidad del hackeo neuronal de Brandeis, que consiste básicamente en la suplantación de voz. En un momento determinado esto nos será muy útil, y a través de llamadas telefónicas tendremos que ir consiguiendo datos e información, manipulando y mintiendo a diestro y siniestro hasta conseguir nuestros objetivos. Aunque es la más simple de las tres mecánicas, yo la disfruté bastante e incluso cuando no lograba conseguir las respuestas que quería me resultó entretenido ver las reacciones de unos y otros personajes ante las llamadas de sus conocidos y compañeros de trabajo.

Tanto esta como la de Akara son mecánicas que aparecen sólo una vez, mientras que la de Donovan es la que más nos acompañará en el juego.

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Pero ahora hablemos de lo importante, de lo que verdaderamente ha hecho que me enamore de The Red Strings Club, y no es otra cosa que su componente filosófico y social. En el juego se tratan temas importantes y, en mi opinión, de lo más interesantes, como el transhumanismo, la búsqueda de la felicidad y la naturaleza de nuestra especie. A través de las conversaciones de sus personajes se teje una conversación mayor, un diálogo que se mantiene con el jugador, haciéndole reflexionar sobre qué es lo que realmente nos hace humanos, qué pasaría si suprimiéramos el odio o el miedo, ¿y si pudiéramos ser siempre felices? ¿Seguiríamos siendo humanos entonces? Si la respuesta es no, ¿merecería la pena?
En un mundo donde los implantes pueden cambiarnos (no sólo a nivel físico, sino también a nivel emocional) haciendo cosas como que no nos importe la opinión de los demás, ser adorados en redes sociales o anular la avaricia, estamos ante la posibilidad de manipular nuestro carácter, hacer de él lo que creemos que es mejor para nosotros, y esto puede tener enormes repercusiones. Algo que a priori parece bueno, puede ser desastroso, y algo que al principio nos parece una monstruosidad puede acabar resultándonos una posibilidad tentadora.

Esto último es algo que yo he vivido jugando. The Red Strings Club me ha llevado al punto de replantearme mis propias ideas, convicciones que creía inamovibles y que el juego ha sabido poner en jaque de una manera deslumbrante, sólo a través de las palabras. Palabras muy bien escogidas, también hay que decirlo, que dan a The Red Strings Club un diálogo poderoso y una claridad tremenda para expresarse. Y por si fuera poco, la historia se corona con un final que para mí ha sido de diez, y del que poco puedo decir sin hacer spoiler. Sólo me queda animaros a que le deis una oportunidad, porque esta pequeña joya merece mucho la pena.

Clave ofrecida por Deconstructeam para su reseña.

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Laura Tejada
Laura Tejada @_LauraTejada

Escritora y creadora compulsiva de mundos imposibles. Vivo en un faro entre dos ciudades: una flota en las nubes, la otra está sumergida en el mar. Ad astra per aspera.

2 comentarios
Chane
Chane 07/02/2018 a las 11:18 pm

Lo voy a chequear, por la premisa me hace acordar al juego VA-11 Hall-A que tambien tengo en mi lista de pendientes

chicachicle
chicachicle 27/03/2018 a las 9:02 pm

Me ENCANTÓ The Red Strings Club. Voy a rejugarlo en cuanto pueda. Seguramente también acabe considerándolo uno de los mejores juegos de 2018. El mensaje me pareció genial, precisamente por lo que comentas, me hizo replantearme mis propias ideas y plantearme cosas nuevas… Y eso es lo que más me gusta que haga un videojuego <3

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