Spelunx y los inicios de Cyan

Spelunx y los inicios de Cyan

25/09/2018 | Pauler | 2 comentarios

No sé en qué momento exacto de mi infancia llegó a mis manos el CD misterioso de un juego llamado Spelunx. Es probable que fuera sobre 1996 o 1997, cuando ya había entrado en casa el primer ordenador en color de la familia y yo tenía ya más que establecido que los videojuegos eran una de mis cosas favoritas. Antes habíamos tenido un Macintosh Plus en blanco y negro con el que había pasado muy buenos ratos, pero el futuro venía en color y traía consigo nuevas promesas.

El ordenador nuevo era un Macintosh también, aunque no recuerdo el modelo. Mi padre necesitaba trabajar con Apple porque era la marca con la que funcionaban en su departamento de la Universidad de Valencia, así que yo tenía pocas oportunidades de hacerme con juegos de ordenador. Vendían poca cosa para Macintosh y lo poco que teníamos solía llegar con cuentagotas, a través de vete a saber qué arreglos con la universidad y para colmo, en inglés. Aun así no puedo quejarme: entre las joyas que traía mi padre a casa pudimos contar con Alone in the Dark 2, Full Throttle, Myst o Prince of Persia 2. Pero sobre todo llegaban juegos educativos.

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Spelunx empezaba con una puerta misteriosa a lo desconocido

Spelunx fue uno de estos juegos. Cuando lo abrí por primera vez yo ya me había asomado a la abrumadora calma de Myst y, con la percepción especial de los niños, capté inmediatamente que el logo que abría ambos juegos era el mismo. “Cyan —pensé—. Son los de Myst”. En aquel momento estas pequeñas casualidades parecían mucho más improbables y mágicas de lo que son en realidad, así que la coincidencia me pareció importante. Y de hecho cuando me encontré con una aventura en primera persona que invitaba a explorar una cueva a través de una serie de escenarios más o menos estáticos, no me sorprendí. Porque había mucho de Myst en Spelunx, o más bien al revés.

Spelunx, cuyo nombre completo es Spelunx and the Caves of Mr. Seudo, fue el tercer juego de Cyan, hoy rebautizada como Cyan Worlds. Salió a la venta en 1991, cuando Cyan todavía se dedicaba a desarrollar juegos educativos, y fue el primer tanteo de la compañía con el soporte en CD-ROM. La primera versión del juego y la que yo probé salió en blanco y negro con algunos elementos en color, pero en 1993 y a raíz del éxito de Myst, le hicieron un reboot totalmente coloreado que de hecho es posible descargar y jugar hoy en día a través de Steam.

El juego consistía en una serie de pasillos interconectados y divididos en pisos por un ascensor. El jugador debía explorar estos pasillos en primera persona para descubrir habitaciones con minijuegos. Cada una de estas habitaciones estaba dedicada a un tema diferente, como por ejemplo las matemáticas, la botánica o la física, y te invitaba a entretenerte con diferentes actividades. Además todo transcurría en un misterioso mundo bajo tierra, lo que explica el nombre del juego: en su línea de usar palabras que existen pero con una letra cambiada (Myst, Riven, Obduction), Cyan llamó a su aventura Spelunx como referencia al verbo anglosajón to spelunk, que significa literalmente “explorar cuevas”.

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Los escenarios oníricos y el anacronismo se convertirían con el tiempo en el sello de identidad de Cyan

Spelunx empezaba con una puerta cerrada de aspecto tentador que, al abrirse, daba paso a un misterioso ascensor. Mediante un par de clicks y tras cuatro animaciones sencillísimas, el jugador se metía en el ascensor, éste empezaba a bajar y el juego comenzaba. A partir de ahí había que guiarse por los pasillos de Spelunx con ayuda de un rudimentario mapa y mucha paciencia. Todo funcionaba a base de clicks en la dirección que querías tomar y las transiciones eran lentas, pesadas, como si el juego se empeñara activamente en que te tomaras tu tiempo. La marca de la casa se percibía tanto en las mecánicas como en los detalles: el ritmo pausado, los escenarios oníricos, la falta de música, el sonido ambiente. En esta cueva inventada una puerta bien podía dar paso a una habitación oscura con una tetera gigante en el medio. En la tetera aparecía una puerta y detrás de la puerta había un bosque, un farol, un tocón solitario. Todo tenía un aspecto rudimentario y aun así, en el sentido artístico, resultaba brillante.

Recuerdo algunos de los minijuegos con mucho cariño. Había uno que te permitía crear una animación sencilla con ayuda de un editor: podías añadir un personaje, objetos, sonidos y acciones para que el personaje las ejecutara. Otro consistía en crear frases con bloques de palabras para que el sistema las leyera después con voz robótica. Tras una trampilla secreta que había debajo de una escalera podías encontrar una habitación en la que había, entre otras cosas, un tubo de neón. El juego te proponía cambiar el gas del tubo para ver qué luz emitía cada uno. Este me gustaba especialmente porque aunque Spelunx era casi todo en blanco y negro, la luz del tubo de neón cambiaba de color. Pero sin duda el más bonito era el que te dejaba elegir una serie de rasgos previos para hacer crecer un árbol y ver cómo iba desarrollando las hojas, frutos y flores que tú habías escogido.

Como la mayoría de juegos de Cyan, Spelunx fue un experimento. Rand Miller, cofundador de la empresa, explicaría años más tarde que Spelunx fue concebido con la idea de que se pudiera usar como un juguete. No se trataba de una aventura al uso con principio y final. El único fin de Spelunx era explorarlo y, aunque sí que había un atisbo de narrativa escondido en el propio tejido del juego, el objetivo no era tanto descubrirla como sencillamente disfrutar con el paseo.

Al visitar Spelunx veinte años después da la sensación de que Cyan ya estaba explorando en este juego la estética y la narrativa ambiental que desarrollaría definitivamente en Myst, un juego que coronó la lista de los más vendidos durante una década entera hasta ser desbancado por Los Sims en 2005. Spelunx fue un juego menos ambicioso en todos los sentidos, en parte porque fue una obra más temprana, en parte porque estaba orientado a un público infantil y tenía intención educativa. Aun así trabajaba muchas ideas interesantes y lograba crear una ambientación envolvente y llena de personalidad.

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Myst es uno de los juegos más importantes de la década de los 90, tanto por la popularidad que alcanzó como por su singularidad

Es posible que si mi yo de nueve años hubiera tenido más juegos dirigidos a su edad con los que entretenerse se hubiera cansado pronto de Spelunx. Pero las opciones eran limitadas y yo jugaba mucho. No era raro que me quedara atascada por ejemplo jugando a Full Throttle o Alone in the Dark (recordemos que lo jugaba todo en inglés, un idioma que no dominaba) y me diera por rebuscar en la caja de los CD a ver qué encontraba. Supongo que así fue como di con Spelunx. Lo jugué durante muchas semanas, dando vueltas y vueltas en la cueva, buscando algún recodo inexplorado o detalles que hubiera podido pasar por alto. A veces volvía con la única idea de visitar un minijuego concreto que me había dejado pensando la tarde anterior y al que, creía, podía sacar aún mucho más partido. Otras veces me dedicaba a deambular por los pasillos visitando las habitaciones por turnos, toqueteando cada minijuego pocos minutos antes de pasar al siguiente. Rand y Robyn Miller habían conseguido lo que querían: que yo utilizara Spelunx exactamente como habría utilizado un juguete.

Supongo que en algún momento me aburrí del juego y lo dejé aparcado. Después el ordenador familiar fue reemplazado por un portátil y más adelante por dos PC con Windows, así que no pude volver a jugar a Spelunx. Lo que sí es cierto es que nunca he dejado de volver a él, porque de vez en cuando lo recuerdo y reconstruyo mentalmente habitaciones de la cueva, objetos y minijuegos. Como todas las cosas importantes de la infancia se ha quedado anclado en mi memoria y forma parte de mi ecosistema personal. Y me gusta que este juego-experimento todavía me acompañe porque de alguna manera describe mi forma favorita de moverme por los juegos. Lenta, pululante, sin metas. Como en un paseo.

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Pauler
Pauler

Tengo carnet de friki pero también de moderna. Me verás deambulando por FNAC o Ruzafa adquiriendo cultura y saqueando buffets gratuitos. Los videojuegos ocupan un lugar en mi Top 10 junto a la música, los libros y las tostadas con tomate.

2 comentarios
Glitched Ghoul
Glitched Ghoul 25/09/2018 a las 10:25 am

Me acabo de quedar flipando: Cuando era una enana en casa de unas amigas mías tenían un mac y tenían también un juego que no entendía (era yo MUY PEQUEÑA XD) pero ME FLIPABA. Siempre me quedé con la cosa de qué juego sería y acabo de darme cuenta de que era el Myst. Te como la boca XD

Pauler
Pauler 25/09/2018 a las 12:15 pm

¡Ay, cómo me alegro! ¡Recuperar juegos de la infancia es la mejor sensación! Pues corre a Steam que creo que están todos y por los 25 años le han hecho un reboot o algo de eso (no me hagas mucho caso, son datos que me han llegado de terceros así randomly XD). Pero vamos que lo puedes jugar, incluso está para android <3. Eso sí, lo que hay disponible son casi todo remakes, el original-original con sus gráficos pixelados es más difícil de encontrar xD.

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