Tokyo School Life: Sensei, quiero ser un ligón

Tokyo School Life: Sensei, quiero ser un ligón

Os voy a contar una historia. La historia de nuestro… ¿héroe? Nah, no es para tanto. Dejémoslo en la historia de nuestro protagonista, Puglio Iglesias, y el día que cumplió su sueño de ir a Japón y, por casualidad, ligó con 3 chicas diferentes: Karin, Aoi y Sakura (o con ninguna). Exactamente el mismo día que empecé a jugar a Tokyo School Life en su nueva versión para Switch (aunque también lo podemos jugar desde hace algún tiempo en Steam). 

 

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Como suele pasar en el tropo del estudiante de intercambio extranjero, nuestro protagonista, recién venido de América (asumimos que de EEUU, para no perder la costumbre), llega con un montón de sabiduría acumulada sobre Japón, que básicamente salió de su colección de mangas y animes. Sí, el gran Puglio Iglesias es otaku, pero tampoco os debería sorprender, porque estamos ante un dating sim con estética manga y su target principal son los hombres hetero y otaku. ¿Y entonces qué hago yo, una señora, hablando de este juego? Pues resulta que, a pesar de la tendencia general que suele existir en este tipo de juegos, este se dedica a coger tropos, usarlos y romperlos, consiguiendo que incluso no siendo su público objetivo, una mujer no se sienta incómoda jugándolo, porque en el fondo Puglio no es el típico baboso protagonista de un eroge, es un simple chaval de instituto.

 

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Pero no nos vayamos por las ramas, que hemos dejado a Puglio en el aeropuerto. Durante los primeros episodios del juego nos vamos encontrando los tropos antes mencionados. Por ejemplo, tenemos a nuestro protagonista corriendo por la calle porque llega tarde al instituto, pensando en que va a ser el guay de la clase por ser extranjero y en lo mucho que va a ligar… y de pronto, se le cruza una chica y caen los dos al suelo. Ya os lo podéis imaginar, aparecen flores de cerezo en la pantalla, la chica se queda prendada del guapo galán y, como es un juego de ligoteo, ya empieza ahí la mandanga. O eso se creía Puglio, porque no sucede nada de esto. Más bien, todo lo contrario, él manosea sin querer a la chica, y ésta acaba llamando a la policía y haciendo sonar su alarma antivioladores. Ahí nuestro protagonista se da cuenta de que no puede ir por la vida siendo un sobón, ni siquiera mentalmente, y huye corriendo porque sigue llegando tarde a clase. Esto, cómo no, también es otro tropo, pero es contrario a lo que esperamos en este tipo de juegos porque de alguna manera “castiga” al jugador precisamente por ser de ese público objetivo.

 

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Como veis, en una sola escena nos encontramos con una tonelada de tropos (además de los que no especifiqué), así que os podéis imaginar todo lo que nos podemos encontrar: las compañeras de piso, el chico nuevo pervertido que al final resulta que no, la chica fuerte y cuchi, la “mamá” del grupo, la chica enferma… Sinceramente, a medida que vas jugando te vas sorprendiendo cada vez más por la capacidad de poder hilar tantos en una sola trama, y es que en el fondo es como un típico manga de instituto en el que nos dejan tomar unas cuantas decisiones que nos llevarán a una u otra chica. Con esto no quiero decir que sea un juego aburrido, ni mucho menos, porque aunque sabes hacia dónde se va a dirigir la trama, al entrelazarse la historia de las tres chicas con la tuya acabas pasando un rato muy entretenido. Además, cuenta con unos detalles extra que le añaden chicha al asunto.

 

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Ese extra, sorprendentemente, es educativo. Porque aquí hemos venido a ligar, pero la educación es muy importante y no la podemos dejar de lado, que en el fondo somos estudiantes de sobresaliente. O algo así. Y es que las ideas preconcebidas de Puglio sobre Japón suelen estar equivocadas, o directamente son inexistentes, así que el juego poco a poco nos va dando información sobre todo lo que vamos viendo, comiendo o visitando, en mitad de las conversaciones con las chicas o incluso en autorreflexiones, con Puglio asumiendo lo diferente que era lo que él creía y explicándose a sí mismo cuál es la realidad. Aparte de eso, en la esquina superior izquierda de la pantalla siempre aparecen los textos en japonés, que incluyen una pequeña ayuda de pronunciación encima de los kanjis, perfecto para gente que está aprendiendo este idioma, al poder leerlo al mismo tiempo en inglés. Por desgracia, no está traducido al español (como suele pasar con la mayoría de las visual novel y dating sim), pero no importa mucho porque aquí somos todas muy leídas, valquirias y faraonas.

 

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En definitiva, estamos ante un juego de unas 6 horas, en las que nuestro querido Puglio trata de ser genuinamente majo y ayudar a sus nuevas amigas en sus pequeños problemas diarios y, por casualidad, surge el amor con una de ellas. Al no poder escoger la ruta directamente y depender de cómo tratas a las chicas y de cuánto le gusten tus respuestas a sus preguntas es todo menos forzado, como si ellas también influyesen en la decisión del romance (aunque siempre puedes hacer un poco de trampa con las guías, claro), y eso hace que le cojas cierto cariño a las chicas y a tu propio personaje. No podemos olvidar tampoco la enorme cantidad de fanservice que tenemos durante todo el juego (las tetas botando son un elemento permanente en la pantalla, tanto, que hasta el propio Puglio las acaba ignorando), que sin duda sigue dirigido a cierto sector de jugadores, pero no se hace realmente molesto.

Y es que ante todo, él, Puglio Iglesias, es un caballero.

 

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Copia proporcionada por PQube, ¡muchas gracias!

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Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

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