Tras 10 años desde que se iniciara su desarrollo, Final Fantasy XV por fin está entre nosotras. Sin embargo, sus creadores ya nos han dado varios disgustos a las que somos seguidoras de esta página y no ha sido precisamente por su retraso. Los avances y la información que nos proporcionaban no eran nada favorables respecto a la inclusión de mujeres en el juego. Y unos meses antes de su salida a la venta, Square Enix en colaboración con Sony Pictures decidió despejar nuestras dudas y presentarnos Kingsglaive: Final Fantasy XV, una película que nos planta los peores topicazos de personajes femeninos.

Como parte de una estrategia transmedia que amplía la historia de Final Fantasy XV, este largometraje de animación nos narra los acontecimientos paralelos al inicio del videojuego.  La narración se centra en las peripecias de Nyx Ulric, un soldado de los Kinsglaive que, junto a sus amigos Libertus, Crowe y el resto de soldados de la orden luchan al servicio del rey Regis para salvaguardar la ciudad de Lucis. Y mientras el príncipe Noctis se va de parranda con sus amigos en el videojuego, la metrópolis resiste bajo los continuos ataques de la nación enemiga de Niflheim, que quiere poseer el cristal mágico que protege Lucis.

Como película, Kinglsaive tiene sus defectos y virtudes, por supuesto. Pero dejemos de lado la espectacularidad de los efectos especiales, los diseños y el alucinante fotorrealismo. Olvidémonos del hecho de que Square Enix sigue sin saber hacer películas (por muy fan que una servidora sea de Final Fantasy VII: Advent Children) y de que estuve hasta mitad de metraje más confundida que un Magikarp por culpa de un guión mal estructurado y de unas escenas de lucha que sí, que qué guay y qué pasada, pero que te marean hasta la saciedad. No he venido aquí a hacer una crítica cinematográfica en sí, sino a expresar lo cansadita que estoy ya de este horripilante trato a los personajes femeninos del que hace gala la película. Sobra decir que vienen algunos spoilers, así que absteneos de seguir leyendo si no la habéis visto.

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Yo intentando entender los combates de Kingsglaive.

Por supuesto, en esta película casi todos los personajes, tanto principales como secundarios, son hombres. Entre los soldados de Kingsglaive hay una, como mucho dos mujeres; en el consejo real ocurre lo mismo y lo poco que podemos ver del grupo que conforma el reino enemigo de Niflheim nos dice que están en la misma situación o incluso peor. La paridad en puestos de poder no puede existir ni en un universo poblado de cristales mágicos, tecnología imposible, criaturas mitológicas y soldados que desafían la ley de la gravedad cada vez que hacen saltos de cinco metros llevando armaduras más pesadas que un collar de melones. Y os juro que me gustaría poder decir que mis ojos se abrieron del desconcierto y la estupefacción. La verdad es que mi reacción fue más parecida a esto.

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Oh no. Otra vez no.

Hay tan sólo dos personajes femeninos en toda la película con nombre y algo de protagonismo: Crowe Altius, miembro del Kingsglaive y Lunafreya Nox Fleurt, princesa de Tenebrae (una región bajo el poder de Niflheim) y prometida de Noctis. Yo, con toda mi ingenuidad y aun sabiendo que la película iba a ser un festín de empoderamiento masculino, pensé que bueno, no era la primera vez que veía esto. Era posible que las dos únicas mujeres que había en el póster me lo compensaran. Ay, amigas. No cometáis el error que yo cometí.

Crowe Altius, que se convirtió en mi personaje favorito nada más verla, acaba siendo una definición bastante aproximada de mujer en la nevera (Women in Refrigerators), el término popularizado por la guionista de cómics Gail Simone, y que ahora es un tópico que aparece en cualquier tipo de producto cultural. Esta expresión se usa para referirse a personajes que son asesinados, objeto de abusos o incapacitados por el antagonista de la historia para motivar una reacción en el protagonista. Crowe no dura ni dos telediarios, apenas habla y sus habilidades se enseñan de manera muy torpe al principio para después ser olímpicamente olvidadas. Pero lo que me hizo levantarme de la cama y empezar a proferir maldiciones fue que no había llegado ni a la mitad de la película cuando Crowe es despachada de la forma más ridícula posible. Y es que, tras asignarle como misión escoltar a la princesa Lunafreya, Crowe es asesinada fuera de cámara. No hay lucha alguna. Ni siquiera un intento de, ni un plano donde ella apareciese en pose defensiva antes de luchar por su vida. No, sólo vemos su expresión suspicaz cuando avista una furgoneta que se dirige sospechosamente hacia ella.  En una zona desértica sin un ser vivo en un kilómetro a la redonda. Pero no hace nada. A la mierda el entrenamiento, a la mierda sus habilidades. Su muerte sólo sirve para que después, los caminos de Libertus y Nyx, antes inseparables amigos, se dividan. Qué maravilla, qué aprovechamiento. Qué hostia en mi cara, señoras.

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Por qué. Por quéeeeeeeeeeeeeeee.

¿Y qué ocurre con Lunafreya, que es uno de los personajes principales del juego? Otra vez pequé de ingenua. Pensé que tendría un papel activo, que la vería en acción, que me gustaría. Pero lo único que he llegado a apreciar de ella es la voz que le da Lena Headey, porque el resto es para pegarse con una silla en el ojo. Lunafreya no hace más que cumplir constantemente el papel de princesa a rescatar: su voluntad es fuerte, sí, y muestra que quiere actuar. Cada diálogo suyo equivale a un post de frases inspiradoras de Facebook que, no obstante, no irrita tanto porque cómo te vas enfadar si te lo dice Lena Headey. Pero de nada sirve la voluntad si no viene acompañada de la acción. Lunafreya es como una maleta pesada con la que Nyx tiene que cargar, que pierde y vuelve a recuperar. Cada vez que la pobre Lunafreya intenta hacer algo, Nyx la ridiculiza y se lo impide, como cuando tu madre te aparta de la cocina porque a lo mejor le prendes fuego a la casa. Y, por mucho que al final la princesa viaje sola y sin protección para encontrar a Noctis, hijo del rey Regis y heredero al trono de Lucis, volvemos a lo mismo: no sirve que lo dejéis a mi imaginación, da igual si no sale en cámara, porque es como si no hiciera nada.

Todavía no he jugado al Final Fantasy XV por motivos puramente económicos (que soy pobre, vamos) y he leído ya varios análisis que me han dado motivos suficientes para saber que me va a gustar: por su temática, sus escenarios, las comidas (DIOS MÍO las comidas), por la amistad de los protagonistas… Pero eso no quiere decir que vaya a olvidar que adolece de un problema tan simple y repetitivo como este. Recordemos siempre que se puede disfrutar de un producto cultural y criticarlo al mismo tiempo. Y a mí sigue asombrándome la capacidad que hay actualmente de crear una escena donde un puñetero pulpo gigante surge de dentro de una aeronave para cargarse a los enemigos que están atacando el resto de bombarderos, pero no de imaginarse un mundo donde la igualdad entre hombres y mujeres exista. De crear un largometraje con gráficos impresionantes y diseños para dejarte con la boca abierta, pero sin personajes femeninos solventes. Y yo lo siento pero me aburro. Me cansa tener que tragar estas cosas después de más de 20 años de consumir estas mismas historias. Si exceptuamos esas cuestiones sociales y feministas que tanto cabrean a la gente pero con las que voy a dar el coñazo hasta que me muera, esto es también una cuestión de diversidad. Y si en tu universo sólo caben hombres mientras el resto de seres que componen la sociedad son olvidados en una esquina, lo siento, pero tu universo es asombrosamente aburrido.

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No, no estaba bromeando. Es un pulpo gigante en una aeronave.

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