Análisis de EqqO

Análisis de EqqO

EqqO es el nombre de la última creación de Parallel Studio, una desarrolladora independiente afincada en París. Pero también es el nombre del protagonista de esta breve aventura de puzles ambientada en la escenografía etíope. Y decimos breve porque no encontraréis en ella más que un par de horas de (enriquecedor) entretenimiento y aprendizaje.

Como en todos los juegos podemos adentrarnos en su valoración a través de la parte técnica o de la parte narrativa; y si hay algo que me ha llamado especialmente la atención del viaje de este pequeño portador de huevos tamaño XXL es cómo ambas se entrelazan para crear una historia que también es contada a través de sus mecánicas. Pocos juegos consiguen encajar su jugabilidad de una manera tan sutil para que apenas seas consciente de ella y pueda mimetizarse con la narración de forma fluida. Y creo que Ronan Coiffec y su equipo pueden darse una palmadita en la espalda a este respecto.

Aunque todo esto va a entenderse mejor si comenzamos explicando de qué va EqqO exactamente: más que una historia, EqqO es un cuento, unos hechos que terminan convirtiéndose en leyenda después de haber pasado por la narración e imaginación de varias generaciones. Este cuento es narrado por Seada, su madre, que empieza la partida dándonos el contexto que necesitamos para zambullirnos en su angustia. Ya que desde que participamos en la cinemática inicial podemos leer a través de sus lágrimas que no va a ser una historia con final feliz (o al menos, un final feliz a lo película de Hollywood donde en el último momento el atractivo protagonista se saltará todas las descuidadas medidas de seguridad del aeropuerto para llegar hasta los brazos de su también atractiva enamorada y poder firmar juntos ese «y vivieron felices y comieron perdices»).

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Seada nos habla de su pequeño, EqqO, que nació ciego y al que enseña el mundo a través de los tapices que se dedica a tejer, mundo que le va revelando mediante leyendas de dioses y humanos y que serán el hilo conductor de toda la trama del juego. Sin embargo, su aparente e idílica vida se ve truncada cuando unos conquistadores llegan a la aldea con la idea de destruir, esclavizar y cuestionar el poder de los dioses frente a la raza humana. EqqO sale entonces un día a jugar y jamás regresa junto a su madre. A partir de aquí comienza nuestro camino con EqqO, al que dirigimos en tercera persona como si fuéramos un ente externo que va guiando sus pasos. Y este es el punto al que me refería cuando hablaba de que la jugabilidad se integra con la historia de una forma muy fina, ya que en teoría pasamos a ser Seada, su madre, quien a través de una conexión con el cielo estrellado consigue ver a su pequeño. Nos convertimos en los ojos de EqqO y desde la distancia vamos llevándole por el camino correcto, ayudándole a superar obstáculos, mientras vamos narrando (como su madre) lo que va ocurriendo y las cosas con las que nos vamos encontrando.

Si lo jugamos en Switch nos daremos cuenta de que utilizar la pantalla táctil es la mejor opción para que la cámara no termine dándonos dolor de cabeza puesto que tendremos visión total de 360º sobre nuestro entorno para explorar el terreno y decidir por dónde llevaremos a nuestro protagonista. Es aquí donde la realidad se mezcla con el folclore etíope, ya que siendo Seada vemos cómo EqqO encuentra finalmente el huevo de la diosa serpiente de la que tanto le hemos hablado a través de nuestros telares. Y siendo apenas un niño de repente se ve abrumado con la responsabilidad de cargar con el último descendiente que la diosa tuvo fuerzas de traer al mundo y llevarlo hasta el templo donde pueda estar a salvo de la mano egoísta y cruel del ser humano. Recorreremos entonces este peligroso camino a través de la superación de puzles junto con EqqO y el huevo, llamado Ecolal.

Bajo mi punto de vista creo que se ha conseguido encontrar el equilibrio perfecto entre número de acertijos y dificultad. Ya que una vez te acostumbras a la dirección de la cámara y la mecánica de los puzles te encuentras resolviéndolos uno tras otro sin llegar a quedarte atascado en una frustración derivada de su extrema complejidad. Siempre siguiendo la misma dinámica para que no pierdas el hilo, el juego va introduciendo aspectos distintivos en cada nivel para que nunca deje de existir ese aliciente de encontrar el detalle novedoso que te permitirá avanzar con tu, todo hay que decirlo, inexplicablemente resistente amigo ovalado. En algunas pantallas quizá debas interaccionar con dobles muros, en otras, alcanzar algo con un objeto, en otras, encontrar el camino correcto a través de representaciones… Incluso a veces se juega con nuestra habilidad al tener que combinar cierres y aperturas de diferentes vías para permitirnos avanzar por el camino correcto.

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A modo de pistas los desarrolladores han introducido el código del color para que nos sea más fácil identificar los objetos con los que es posible interactuar. Y para aquellos que son entusiastas de los coleccionables, el juego nos ofrece la posibilidad de ir recogiendo una serie de tapices que complementarán más en profundidad la historia que va narrando Seada. El juego será perfectamente comprensible sin ellos, pero, si cuando jugáis os gusta ahondar en el contexto, estos objetos ayudarán a terminar de darle forma a la trama.

Pero, ya para terminar, creo que el punto álgido de este juego, a pesar de ser una aventura muy entretenida de resolución de puzles por niveles, es la historia que Seada nos va contando mientras avanzamos. O más bien, la historia que finalmente Seada descubre que se está contando a sí misma. Ya que mientras nos acercamos al desenlace de nuestro relato nos vamos dando cuenta de que todo iba más allá de un cuento infantil donde un valiente niño invidente rescata al último heredero de una diosa ancestral. Igual que el huevo que portamos, el verdadero tesoro está en el interior de la historia que vamos descubriendo. Ya que finalmente nos encontramos con una enseñanza madre-hijo que habla sobre la dependencia, la sobreprotección y los monstruos que nosotros mismos nos creamos producto del propio miedo a hacer las cosas mal, a perder a la gente que amamos.

EqqO me ha parecido una enseñanza maravillosa porque mientras aparecen los títulos de crédito te preguntas si el viaje, si el crecimiento personal, ha sido vivido realmente por el hijo o por la madre. Si a quien has acompañado ha sido a EqqO, a Seada o a ambos. Y es que muchas veces, como hijos, nos olvidamos también de que por más fuertes que parezcan nuestros padres, al igual que la cáscara de un huevo, tienen también esa fragilidad que forma parte de lo que son.

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