¿Te refieres a… The Legend of Zelda? (Glups)

Juegos que nos daban miedo de peques

Juegos que nos daban miedo de peques

La infancia, esa época en la que te puede dar miedo prácticamente cualquier cosa. Muchas personas tienen anécdotas sobre aquel videojuego que les asustaba tanto, incluyendo desde los que verdaderamente eran de terror, hasta los, en apariencia, más inocentes. Hoy, en Spooky Todas Gamers… Chun chun chuunnnnn… Los juegos con los que más miedo pasamos de peques.

Aonia Midnight

Aunque actualmente uno de mis géneros favoritos para películas, literatura y, en menor medida, videojuegos sea el terror, la verdad es que siempre fui una niña especialmente asustadiza. Tanto es así que el inocente juego Rugrats: Search of Reptar para PS1 tenía un capítulo que me resultaba especialmente aterrador. Por algún motivo que no recuerdo, la casa de Tommy se quedaba a oscuras y debíamos ir a buscar la luz a la nevera, porque todo niño sabe que se esconde ahí. Es un hecho irrefutable. Por si los controles no fueran suficientemente horribles, recorríamos la casa de noche, en penumbra y alumbrando nuestro paso con una linterna… a pilas (que debíamos buscar para no quedarnos sin batería). Ríete tú de Outlast. Y como buena pesadilla infantil, en nuestro camino encontrábamos nada más y nada menos que fantasmas. Un cóctel aterrador que consiguió que esta joven jugadora apagara la consola en más de una ocasión siendo incapaz de superar el nivel. Al final, un día que debió de pillarme especialmente valiente, logré armarme de valor y completarlo, aunque el miedo que había pasado no me lo quita nadie.

Pantalla de videojuego con entorno 3D. El bebé protagonista de Rugrats se encuentra con fantasmas en estilo de dibujos animados.

Alystrin

Hoy me toca hablar de una de mis mayores vergüenzas en el mundo gaming. El juego que más miedo me daba de pequeña, hasta el punto que de adulta sigo sin haberme terminado ninguno, fue… The Legend of Zelda: A Link to the Past. Ya he comentado más de una vez que la Super Nintendo fue la primera consola que pude decir que era 100% mía (en ella se me fueron los ahorros y los regalos de la comunión), y un día un amigo me regaló el juego. Mi padre, que era mucho menos analógico que ahora, se apropió de él y llegó a engancharse muchísimo, teniéndome a mí como espectadora involuntaria. Puede que no tenga sentido, pero del mismo modo que verlo no me incomodaba, jugarlo era completamente imposible. Desconozco si era porque me pongo nerviosa con los enemigos o los jefes, o si el Mundo Oscuro me daba mala vibra, pero a pesar de ser una saga cuyo lore me maravilla, a día de hoy nunca he pasado de la mitad de ninguno de los títulos de la saga Zelda.

Pantalla de Legend of Zelda: A Link to the Past, de Super Nintendo. Un humanoide con aspecto de animal mono está sentado en un tocón en el claro de un bosque, y le pregunta a Link que si ha encontrado su flauta.

Meren Plath

El primer videojuego al que jugué, o al menos lo intenté, fue Broken Sword 3 – the Sleeping Dragon para la PlayStation 1. Tenía seis o siete años y mis primos me lo habían puesto para que me entretuviera un rato. Al poco de empezar el juego, había que ir a una cafetería en París en la que ponían una bomba, y posteriormente perseguir al malhechor por las alcantarillas. En ese momento, esa escena me dejó muerta de miedo porque no sabía qué estaba pasando, y además tenía pánico de las alcantarillas por las historias que me contaban sobre gente que se había caído por una y no había salido. Dejé el mando corriendo y me fui a llorar al baño en cuanto vi las alcantarillas en el juego. Muchos años después, jugué la trilogía y no me dio miedo, aunque sí algo de respeto al recordar precisamente por qué había abandonado ese juego de pequeña. Una cosa que me hace gracia de todo aquello fue cómo mis primos, con unos 7-10 años más que yo, pensaron que era buena idea poner ese juego a alguien tan peque. 

Imagen de videojuego con entorno 3D. En frente de un negocio de hostelería con mesas, sillas y una pizarra de menú, la calle está vacía excepto por dos personajes que parece que estén hablando. Una es la chica protagonista de Broken Sword 3, con el pelo corto negro y flequillo, un jersey ligero y pantalones con la parte del tobillo ancha. El otro es alguien más alto que viste con pantalón corto estilo skater y camiseta sin mangas, como de jugador de baloncesto.

Lin Carbajales

Elvira II: The Jaws of Cerberus fue el tercer juego desarrollado por el estudio Horrorsoft, y el segundo con la licencia de Elvira, la presentadora de cine de terror encarnada por Cassandra Peterson. Combinaba puzles de inventario propios de una aventura gráfica con mazmorreo, combates y hechizos. Su protagonista, novio de Elvira sin nombre, tenía que meterse en unos estudios de cine de terror infestados de monstruos reales, que habían sustituido a los creados con efectos especiales. Había vampires, fantasmas, demonios, zombis, insectos gigantes, la Muerte en persona… Y tras todo ello estaba Cerbero, el perro de tres cabezas, un poderoso demonio mayor que tenía secuestrada a Elvira. Los juegos de la época, ya se sabe, aunque al menos ella nos enviaba mensajes telepáticos con su sentido del humor habitual. Puede sonar todo bastante camp y divertido, pero las imágenes de pesadilla que contenía (adjunto prueba), y una cantidad de gore que a día de hoy le supondría un PEGI 18, lo convertían en una experiencia aterradora para mí. Era incapaz de dormirme por la noche tras haber jugado, y en la oscuridad me decía que no iba a volver a tocar esos disquetes. Pero al despertarme a la mañana siguiente, ya estaba pensando en volver a jugar. El nacimiento de une fan del terror, supongo.

Una imagen del videojuego Elvira II: The Jaws of Cerberus. Incluye interfaz con inventario, flechas para moverse, un muñeco que indica la vida restante, y opciones. En el centro se muestra una cabeza cortada, recta sobre una bandeja inundada de sangre, a la que rodean rodajas de verduras. La cabeza tiene los ojos abiertos y sonríe con la boca abierta, desde la que cae sangre que se desliza por la barbilla.

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Lin Carbajales
Lin Carbajales @Intranquile

Flipade del cine de terror que también escribe ficción y dibuja. Otros gustos: las patatas con chili, retuitear a Jennifer Tilly, los esqueletos (no rima pero molan).

Alystrin
Alystrin @Alystrin

Cosplayer, otorrinolaringóloga, streamer y, sobre todo, mamarracha profesional. Cuqui del almendruqui que no dudaría en sacarte las muelas por tus "incorrecciones políticas"

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Aonia Midnight @AoniaMidnight

Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie

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Meren Plath @serendipia_s

be gay do crime take a nap. presento el pugcast, me flipan las movidas nucleares y los pozos profundos como fallout, skyrim y stardew valley. shitposter profesional. doy mucho la chapa.

2 comentarios
Ñbrevu
Ñbrevu 07/11/2021 a las 10:38 am

Pues aunque ya tenía 13 años, así que tan peque no era, con el Alone in the Dark (el original, el de principios de los 90 con gráficos toscos) me acojonaba bastante. Sobre todo una parte en la que había que huir de un gusano gigante en una cueva.

Recuerdo también, 2 ó 3 años más tarde, estar en casa de un amigo jugando al Resident Evil. A veces, cuando iba a abrir una puerta sospechosa, mi amigo se asustaba y salía de la habitación, mirando sólo desde un resquicio detrás de la puerta. Jejeje.

Por cierto, ya que lo mencionáis, no he jugado aún al Broken Sword 3. Ahora tengo una cola de pendientes un poco larga, pero a principios del año que viene me lo pongo seguro, que para eso me lo compré hace mil años en GOG.

Pryrios
Pryrios 07/11/2021 a las 10:11 pm

El juego que más miedo me daba de pequeño fue el Turok 2, que me compré para la N64. Empezaba en una especie de puerto y tenía que ir a activar una baliza para hacer nosequé. La sensación de soledad y terror era tan grande que no conseguí pasar de los primeros dos o tres pasillos.

Intenté enfrentarme a mis miedos un par de años después y conseguí llegar hasta los primeros enemigos, pero después de dispararles dos flechas y no conseguir matarlos (era muy malo en shooters), el miedo me volvió a invadir y lo volví a dejar. Creo que no he llegado a volverlo a jugar nunca más.

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