Que sí, que yo controlo

Volviendo a jugar

Volviendo a jugar

06/03/2022 | Nix | 1 comentario

Cuando digo que es bastante probable que haya superado la barrera de las mil horas jugadas, sin exagerar, a Dragon Age: Inquisition, la reacción que suele cruzar por la cara de la persona con la que estoy hablando es una mezcla entre horror, incredulidad, y “¿Cómo lo has hecho? ¿Por qué? ¿Qué te pasa en la cabeza?”. Y razón no les falta, para qué voy a mentir, pero lo cierto es que hay altas posibilidades de que tú, que estás aquí leyendo esto, también tengas ese juego del que no te atreves a mirar cuántas horas llevas. No mientas, que te veo. Esto no sería tan dramático si nos refiriésemos a títulos online o juegos como servicio, que al fin y al cabo el flujo de contenido es constante. Aunque este no es el caso, porque yo concretamente quiero hablar sobre los videojuegos de un jugador y la rejugabilidad.

Por lo general, en la época de supersaturación de juegos que tenemos por culpa de (o gracias a) la cantidad de lanzamientos que hay, los títulos gratuitos que reparten cada pocos días en las diversas plataformas que existen y los servicios como Xbox Game Pass o Playstation Now, lo de rejugar algo se convierte un poco en un reto que atenta directamente contra nuestro escaso tiempo libre. Es por esto que muchas desarrolladoras optan por disminuirla duración del juego y centrarse en destacar más la calidad del mismo. Aparte de por los tiempos de desarrollo, claro está, que si ya sale caro hacer un título de 10 horas, imaginaos uno de 300. Aun así, hay veces que por voluntad propia convertimos un juego de duración normal en uno con esas 300 horas incluso dentro de la misma partida. Dragon Age: Inquisition no es un título de esa duración, tampoco lo son los Assassin’s Creed, Skyrim o Bloodborne, y sin embargo aquí estamos, sin querer mirar el contador de horas de la vergüenza. Y esto no es malo porque, un poco por casualidad, convertimos ese juego en nuestro pequeño lugar feliz.

Imagen de un mercado de Dragon Age 4. Ambiente fantástico con reminiscencias árabes

Pero, ¿qué pasa cuando la propia desarrolladora es la que quiere forzarte a que pases muchísimo tiempo en su juego sin motivo aparente? Pues lo más probable es que el propio título pierda calidad, porque una cosa es que tú, por voluntad propia, quieras pasar más tiempo en un juego, y otra que te manden recados infinitos para ver si así acabas compartiendo algunas capturas más en las redes sociales, y gracias a esa mini-publicidad acabes arrastrando a alguien a que compre su última novedad. Hace un momento mencionaba los Assassin’s Creed, y Valhalla podría ser un ejemplo perfecto de esa maniobra. Según HowLongToBeat (en mi opinión, una de las mejores webs de la existencia), AC Valhalla es un juego de 60 horas. Sin embargo, a nada que te distraes o te pones a completar, lo acabas llevando a las más de 200 horas. Tráeme no sé qué, vete hasta allí, búscame esta cosa… Tarea tras tarea acaba haciendo que pase de un juego a un trabajo en el que realmente no tienes ningún beneficio personal, y que sigues continuando porque bueno, ya que estás haces un poquito más y te sacas algún logro. Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que sea un título malo, pues no lo es, pero sí que me parece que es uno de esos que tratan de secuestrar tu tiempo. Cosa que, por desgracia, no solo hace Ubisoft, sino que últimamente lo replican bastantes juegos, quizá buscando una justificación a sus precios de salida. Y eso está un poco feo, ya que con ello demuestran que no tienen ni la más mínima consideración por sus fans.

A pesar de ello, y con el tirón de orejas dado, yo prefiero centrarme en lo que pasa cuando no es la desarrolladora, sino la persona que se compra el juego, la que decide invertir horas y horas en ese lugar digital que se ha convertido, de una forma u otra, en su pequeña gran obsesión. ¿Por qué cuando un juego nos gusta muchísimo tendemos a buscar una excusa para poder seguir estando dentro de ese universo? En el caso de Animal Crossing, buscamos recetas, ropa o muebles por simple coleccionismo, en Pokémon intentamos completar la pokédex, en los Souls nos metemos en las no-hit, en Death Stranding nos dedicamos a entregar cargas perdidas mientras damos un paseo y en Dragon Age intentamos conseguir todas las malditas botellas de Thedas. Todo nos sirve de excusa para no tener que salir de ahí, lo que en nuestra web se conoce como: El Pozo. No es que no podamos porque el juego nos lo exige, es que no queremos. Y esto es, sencillamente, porque nuestro cerebro ha decidido que ese título en concreto es nuestra casa y, como tal, nos hace sentir una seguridad que no conseguimos con otro. Quizá te haya pasado alguna vez que, aún teniendo muchas ganas de empezar un título nuevo, en cuanto lo tienes en tus manos sientes una pequeña inquietud, un miedo a que el juego no sea como te lo esperas, a atascarte al poco tiempo de comenzar, o incluso cierto agobio al pensar en la cantidad de cosas que tendrás que gestionar para que todo vaya bien. Ese videojuego, en ese momento, es un desconocido y, como tal, a veces puede imponerte porque justo ese día no te encuentras tan bien como creías. Y no pasa nada, ya que te das la vuelta, abres el título de las mil horas, y sigues un poco más. Ya se atreverá tu yo del mañana. Esto es, a pequeña escala, una persona cualquiera tratando de gestionar su ansiedad.

Sam yendo en moto por la carretera

Y es que a menudo disminuyes la relevancia que tienen los videojuegos en tu vida, marcándolos como un simple entretenimiento a pesar de que te encanten y hayas invertido miles de horas en ellos. Quizá por la infantilización a la que los someten, sobre todo, la generación de nuestros padres y abuelos, o quizá por el maltrato que reciben por parte de los medios de comunicación. Realmente no es importante, porque por mucho que se empeñen, lo cierto es que a estas alturas hay juegos que pueden producir un impacto enorme en tu vida, quizá cambiándola por completo al hacerte variar tu perspectiva sobre algún tema. Por ello, no solo es importante que haya buenas historias en los mismos, sino que, si ves que alguna encaja contigo de alguna manera, también es importante volver a jugar ese título y fijarte bien en esos detalles que te llamaron la atención. Porque puede hacer que te pongas en el lugar de otra persona, y ayudarte con algún problema de la vida real. Porque puede distraerte lo suficiente para aliviar la carga que tanto pesa en tu salud mental. Porque allí tú eres tú, pero también eres muchas otras personas que te guían y te sumergen en otras realidades. Porque, sin duda, pueden aportar desde un simple tiroteo divertido con tus colegas, a una conexión completamente nueva contigo misma, o incluso con gente desconocida.

Lo que quiero decir con todo esto es que volver a jugar cualquier juego, aunque ya lo hayas hecho mil quinientas veces, es algo que está bien y que incluso te puede ayudar a sobrellevar tu día a día. Es algo que no tiene por qué conllevar ningún tipo de adicción o aislamiento. Aunque también haya que controlar el autoaislamiento en el que puedes caer como consecuencia de creer que solo en la burbuja de ese videojuego puedes ser feliz. Por ello, estate allí el tiempo que necesites, pero también te recomiendo que intentes salir de tu espacio seguro probando otros títulos, géneros o historias. Porque la mejor compañía es la que puedes balancear entre el mundo digital y el real, y tanto tus amistades como la parte buena de la industria de los videojuegos, siempre tendrán algo maravilloso que aportar a tu vida.

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Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

1 comentario
Tijerín
Tijerín 06/03/2022 a las 10:43 am

Me encanto el artículo, desde el minuto 1 empatizo con haber jugado al Dragon Age: Inquisition tantas veces como para no poder contarlas. Muchas gracias por el articulo! Un saludo!

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