Menos pro player, más propano

Análisis de Teardown

Análisis de Teardown

Si algo hemos aprendido de los miles de sandbox que nos podemos encontrar por las diferentes tiendas de videojuegos es que nos encanta construir cosas. Desde fenómenos tan grandes como Minecraft a cosas más recogiditas y limitadas como LEGO Bricktales, hemos decidido colectivamente que es extremadamente divertido dar rienda suelta a nuestra imaginación y crear nuestros pequeños mundos digitales, quizá rememorando nuestra etapa infantil en la que nuestro único límite eran nuestras ideas. Sin embargo, y quizá estéis de acuerdo conmigo en esto, hay una cosa más divertida que construir, y es destruir todo lo que se nos ponga por delante. Podéis admitirlo, no pasa nada, porque precisamente ésta es la premisa de Teardown, un título en el que las botellas de propano serán más tentadoras que nunca.

El modo más divertido de este título es, sin ninguna duda, el modo campaña. En él encarnamos a una persona que, en principio, tiene una empresa de demoliciones. Sin embargo, la vida está demasiado cara para ser una persona honrada, y comenzamos a aceptar encargos con dudosa moralidad. Bueno, vale, encargos en los que cometeremos diferentes crímenes, pero eso no tiene por qué saberlo el juez ni la policía. Por ello, nos tocará destruir construcciones, robar coches, tirar cajas fuertes al mar o, tal vez, prender fuego a todo lo que nos rodea. Y es que generalmente los crímenes se cometen con cierto sigilo o astucia para que no nos pillen, pero aquí tendremos mucho margen de maniobra, y mientras no disparemos alguna de las (pocas) alarmas de la zona, podremos hacer todo el ruido que queramos y tendremos completa libertad para destruirlo todo. Tanto es así que durante uno de mis robos en una oficina, olvidé que podía abrir las puertas y me limité a destruir paredes a mazazos para conseguir esos objetos valiosos de los alrededores. También decidí que demoler una cabaña en un muelle era demasiado trabajo, y era más sencillo dejar que se hundiese dicho muelle. Cada quien tiene su estilo, ¿verdad? Y todo vale mientras cumplamos nuestros objetivos y no nos pille la policía.

Fábrica destrozada

El modo sandbox de Teardown, sin embargo, pierde un poco de diversión (pero no mucho) por el simple hecho de no tener un objetivo concreto. Es decir, podemos destruir todo lo que nos dé la gana con cualquiera de los objetos que vayamos desbloqueando en el modo campaña, así como los diferentes escenarios (cosa que también podremos hacer desde el menú de opciones si así lo deseamos), pero la destrucción sin sentido hace que acabemos picoteando por los diferentes escenarios sin decidirnos por ninguno. Y es que está muy bien hacer explotar las botellas de propano, pero está mucho mejor hacerlo cuando sabemos que vamos a cobrar por ello. Eso sí, al tener la posibilidad de revisar los escenarios de arriba abajo, podremos aprendernos cada zona para poder plantearnos un auto-reto y tratar de cumplir las misiones lo más rápido posible, o con la mayor destrucción. 

Por suerte, también contaremos con algunas cosas extra, como desafíos y expansiones que nos permitirán complicarnos un poquito más la existencia a la hora de continuar con nuestra peripecia criminal. Pero, sin ninguna duda, lo que más va a alargar la vida del juego tanto en PC como en consola son los mods, porque por suerte los han implementado de manera que es muy sencillo utilizarlos. Además, si conocéis un poco cómo suele crecer la comunidad cuando a los mods se les da manga ancha, sabréis que, en cuanto nos demos cuenta, estaremos destruyendo La Sagrada Familia voxelada, con una simple maza, un soplete y, quizá, una escopeta. O quién sabe, tal vez la atravesemos con un autobús, aquí no vamos a juzgar a nadie por sus crímenes.

Mansión con explosiones.

Quizá parezca que es un poco exagerado alabar de esta manera a un juego con estética voxel y apariencia sencilla, ya que hay ya miles en el mercado que parece que hacen casi lo mismo, pero lo cierto es que en este van un paso más allá y consiguen que brille de verdad gracias a lo extremadamente cuidadas que están las físicas. Cosas como el fuego, el agua, o simplemente la gravedad se comportan de una forma extremadamente realista, haciendo contraste con la estética, y gracias a ello se consigue que esas ideas locas, como hundir una cabaña en el mar, puedan realizarse sin ningún problema. Porque lo normal es que se vaya hacia el fondo, pero en un videojuego esto nunca está asegurado.

Teardown es un juego hecho específicamente para todas aquellas personas que disfrutan tanto de la libertad completa en los videojuegos como de la destrucción, y consigue hacerlo muy bien en todo momento. A pesar de contar con una premisa tan sencilla, no se vuelve repetitivo, porque siempre trata de retarnos con dificultades varias, o mostrándonos opciones distintas para realizar cada una de las misiones. Nos deja inventar, descubrir y, ante todo, destruir. Y es que nada está escrito en el amor y en el crimen.

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Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

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