Haber si (no) me muero

Análisis de Nobody Wants to Die

Análisis de Nobody Wants to Die

“Hostia, qué guapo, ¿no?” fue lo único que fui capaz decir tras el tráiler con el que se dio a conocer Nobody Wants to Die. Y es cierto que dicen que no hay que dejarse llevar por las primeras impresiones, ni para bien ni para mal, por lo que pueda pasar. Sin embargo, también fue lo primero que pensé nada más iniciar el juego… y al terminarlo. Las dos veces. Así que os podéis hacer una idea de cuál ha sido mi experiencia. Lo cual podría no decir mucho de esta redactora a la que le gusta casi todo lo que toca, si no fuera porque ni el cine noir ni las distopías me apasionan especialmente.

Nobody Wants to Die nos traslada a la Nueva York de 2329. Un futuro distópico en el que las personas pueden transferir su mente a otro cuerpo gracias al descubrimiento de la icorita. La inmortalidad al alcance de cualquiera, más o menos. Y nos pondremos en la piel de James Karra, un detective al cargo de una investigación extraoficial que no debería suponer un problema. Entrar, echar un vistazo, volver a casa y escribir un informe. Sin embargo, a nuestro protagonista algo no le cuadra y no tardaremos en envolvernos en una trama difícil de abandonar.

Y hasta aquí puedo leer. Sé que no es mucho, pero se trata de uno de esos casos en los que, cuanto menos conozcamos, mejor. Lo único que debéis saber es que acompañaremos a nuestro protagonista en una aventura que contiene todos los ingredientes de una buena película. O como se dice por Internet: este juego es cine. Algo de lo que se encarga su espectacular apartado audiovisual, que nos atrapará y sumergirá desde el primer momento.

Nos envolverá una ambientación que equilibra a la perfección la esencia de las películas policíacas de los años 30 y un mundo futurista. Así, nos rodearán coches voladores, pero de aire clásico, o edificios a los que no alcanzaremos a ver dónde empiezan o dónde acaban. También con un estilo art decó, que nos hará dejar a un lado el caso para observar a nuestro alrededor. Así como echar en falta un modo foto que le sentaría a las mil maravillas, aunque no faltarán momentos en los que el propio juego nos hará deleitarnos con el escenario. Y su tono pausado facilitará que nos paremos sin la presión de tener que cumplir unos tiempos de acción.

Imagen de Nobody Wants to Die. Ciudad.

Y lo mismo ocurre con los personajes y la trama, donde se mezclan a la perfección pasado y futuro, sin resultar incongruente en ningún punto. Un detective taciturno, que reflexiona profundamente con aire filosófico y que utiliza herramientas capaces de reconstruir la realidad para darle perspectiva a un caso. Y una historia que nos lleva de la posibilidad de transferir nuestra mente a un clásico del cine noir como son los asesinatos en las altas esferas. Todo ello envuelto en una atmósfera en la que la melodía terminará de redondear la experiencia. Así como un doblaje —exclusivamente en inglés— y una localización a nuestro idioma —debidamente acreditada— que facilitarán que no perdamos un solo detalle.

Además, la forma en que participaremos en la historia permitirá esta inmersión, ya que estamos ante un walking simulator donde el revólver se quedará enfundado. De modo que interactuaremos con todo aquello que queramos (y podamos) y seleccionaremos opciones de diálogo para desenvolvernos. Cuanto más exploremos, más descubriremos, tanto al recorrer los escenarios como al conversar con otros personajes. Aunque debo admitir que esperaba que nuestras decisiones influyeran más de lo que lo hacen.

Por suerte, su duración permite que volvamos a sumergirnos en la historia de Nobody Wants to Die en caso de que queramos conocer qué pasaría si. Una partida completa explorando sin prisa puede llevarnos alrededor de 7 horas, mientras que ir al grano nos llevará apenas 4. Además, el juego se divide en fragmentos que nos permitirán parar y retomarlo en cualquier momento, aunque no podremos rejugar fragmentos sueltos. Si volvemos, será para revivir la aventura de principio a fin. Tampoco encontraremos coleccionables, aunque sí logros y diferentes finales.

En cuanto a la forma de relacionarnos con el entorno, James Karra cuenta con tres herramientas para llevar a cabo su labor detectivesca. Un escáner de rayos X, una luz UV, una cámara de fotos y un reconstructor. Gracias a ellos, pero sobre todo al último, seremos capaces de desentrañar lo ocurrido en cada escenario y sacar nuestras propias deducciones. Y una vez recopilado todo lo necesario para dar sentido al caso, uniremos las piezas hasta llegar a una conclusión. Además, nuestro protagonista no estará solo, dado que le han asignado una agente de enlace con el departamento llamada Sara Kai. Y de sus conversaciones extraeremos mucho más que pesquisas del juego.

Imagen de Nobody Wants to Die. Reconstruyendo árbol.

Cabe decir que si bien podemos jugar tanto con ratón y teclado como con mando, este último no me ha resultado del todo cómodo. Aunque debo admitir que jugar en Steam Deck, esquivando el calor de la torre del ordenador, es un puntazo. En este formato, algunos textos se quedan algo pequeños, pero por lo demás funciona a las mil maravillas. Por su parte, el juego cuenta con opciones para minimizar la cinetosis para quienes la sufren al jugar en primera persona. 

Nobody Wants to Die plantea una historia retrofuturista que nos sumergirá no sólo en la trama, sino también en lo que plantea. De forma que, una vez completado, nos quedaremos pensando un momento en lo que hemos vivido. Dedicándole un momento no sólo a saborear la aventura sino también a elucubrar sobre lo planteado. Y es que la inmortalidad puede resultar tentadora, pero tirar de ese hilo y profundizar en todo lo que podría suponer da para largo.

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Aonia Midnight
Aonia Midnight @AoniaMidnight

Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie

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