Análisis de Uncle Chop’s Rocket Shop

Análisis de Uncle Chop’s Rocket Shop

Si hay algo que me fascina de los roguelikes es su capacidad para reinventarse y aplicar nuevas ideas al género, demostrando que pueden adaptarse prácticamente a cualquier cosa. Y es precisamente uno de los elementos que destaca en Uncle Chop’s Rocket Shop, ya que nos presentan una idea muy original y llena de posibilidades.

En este título nos pondremos en la piel de Wilbur, un humanoide con cabeza de zorro con muchos ojos que se gana la vida reparando naves al servicio de Uncle Chop, al que le tendremos que pagar un alquiler que no para de subir —ni que estuviéramos en la vida real, oye—. Wilbur se encontrará con todo tipo de personajes y peticiones en este particular garaje espacial, en el que puede pasar casi de todo. Desde entregarnos a otra multinacional para hacer donuts hasta servir a la Oscuridad o morir de mil maneras diferentes. Todas las decisiones que tomemos nos llevarán a un final diferente, así que preparaos para pasar un buen rato en este taller.

La clave del gameplay de Uncle Chop’s Rocket Shop es la muerte. Cada vez que nos manden al otro barrio apareceremos en el limbo para que podamos volver a nuestra tienda, y evidentemente empecemos de cero. A lo largo de la partida podremos obtener augurios, una moneda que nos permitirá comprar mejoras para la tienda para poder mantener algunas bonificaciones  a lo largo de las partidas y que harán que cada run de reparaciones sea más sencilla. Desde disponer de herramientas eléctricas al principio o mejorar el humor de los clientes, tendremos muchas opciones para que nuestro trabajo sea más sencillo y también nos reporte más dinero. 

Tendremos dos modos de jugar. El primero es el normal, y el que los desarrolladores recomiendan. No tendremos límite de encargos pero sí un determinado tiempo al día para completar cada uno de ellos. El segundo es un modo relajado, sin tiempo pero con límite de tres reparaciones al día, con encargos más complicados y con penalizaciones más severas. Recomiendo empezar con el segundo para familiarizarse con el manual y los controles básicos y luego pasar al modo normal. Esta opción solo se puede cambiar si empezamos una partida nueva, pero tenemos varias ranuras de guardado así que no tendremos problema si nos apetece hacer una cosa o la otra.

Sin embargo, el punto más original de Uncle Chop’s Rocket Shop es la mecánica de reparación. Tendremos que solucionar todo tipo de problemas en las naves que llegan a nuestra tienda, como cambiar los depósitos de combustible y repostar, reparar los conductos de ventilación, arreglar los retretes o desactivar bombas. Para ello, tendremos a nuestra disposición un magnífico y completo libro de instrucciones —al que el juego llama grimorio— para poder consultar qué tenemos que hacer en cada momento. Algunas de estas reparaciones son sencillas y aprenderemos enseguida cómo funcionan. Yo he acabado interiorizando algunas reparaciones y memorizando los pasos y apenas necesitaba leer el manual de instrucciones para guiarme. Sin embargo, conforme avancen los días las reparaciones se volverán cada vez más complicadas y tendremos riesgo de morir si no abrimos o toqueteamos en el orden correcto. 

Y precisamente la curva de dificultad en Uncle Chop’s Rocket Shop es una de las cosas que necesita una revisión para poder equilibrarlo. En treinta horas de juego no he conseguido llegar a ninguno de los finales por la dificultad excesiva de algunos encargos y el poco tiempo que dan algunos (marcado por la generación procedural), y han acabado con runs muy buenas en las que sabía que podía llegar al final. Hablo por ejemplo de la desactivación de bombas o de los reactores, junto con otro de los “jefes” del juego. Entiendo que en los roguelikes la mecánica principal es morir y aprender pero en estos dos casos es tremendamente complicado asimilar nada cuando aterriza una nave con el reactor a segundos de explotar, como me ha ocurrido. A partir del tercer día la curva de dificultad sube exponencialmente y es complicado mantener el ritmo que pide el juego a pesar de que tengamos ya práctica en completar encargos cada vez con más reparaciones y más complicadas. Es la única nota amarga que me ha dejado el juego, y más de una vez he tenido que parar de pura frustración por morir siempre en el mismo punto. 

Aparte de esta necesidad de equilibrar la dificultad, tendremos también acceso a pantallas en primera persona —el módulo de realidad virtual— y si tenéis cinetosis lo vais a pasar mal. En algunas de estas encontraremos todo girado hacia un lado y con los controles algo cambiados, y con una sensibilidad al movimiento mucho mayor. En una ocasión dejé sin hacer esta reparación porque me mareé mucho y no pude seguir. Sería una buena opción poder incluir una opción de accesibilidad que reduzca el movimiento o que directamente evite este tipo de encargos, especialmente cuando la pantalla está totalmente girada, para evitar un mal trago a quien juega. 

Lo ideal para Uncle Chop’s Rocket Shop es el ratón y el teclado, ya no solo por la practicidad sino por comodidad, ya que intenté jugar con mando y es muchísimo más complicado. El ratón, sobre todo, será nuestro mayor aliado, y tendremos que jugar mucho con los movimientos de muñeca y los tiempos de algunos objetos, como la máquina de repostaje. Aprender cómo funciona cada elemento es una delicia y como he mencionado anteriormente, cuanto más juguemos, más interiorizaremos cada una de las mecánicas. La naturalidad con la que aprenderemos muchas de ellas es uno de los aspectos de diseño que más me han gustado y por el que recomiendo este juego. Soy una persona a la que le encanta toquetear trastos y desmontar todo lo que se puede desmontar, y es muy satisfactorio ver cómo aprendes y mejoras con el paso de los días. 

Tendremos otras muchas cosas que hacer al acabar nuestra jornada, y podremos hablar con algunos NPCs para ganarnos un dinero extra o desbloquear más de la historia de Wilbur y de por qué ha terminado en este taller de reparaciones. Los detalles de lore que vamos descubriendo me han recordado a Dead Cells, donde muchas veces los encontrábamos sin pensarlo. Sin querer destriparos mucho más, porque merece la pena jugarlo, a nivel de historia es también bastante interesante. Tiene un humor muy particular, tirando sobre todo al absurdo, lleno de juegos de palabras, y se nota que ha sido traducido por personas y no de manera automática.

A pesar de necesitar ajustes en la dificultad y alguna opción más de accesibilidad, Uncle Chop’s Rocket Shop es una grata sorpresa en el mundo de los roguelikes, sobre todo por la originalidad de la idea y de su gameplay. Un título perfecto para cualquier persona a la que le guste toquetear cacharros y arreglar cosas, con una historia muy interesante y ramificaciones diferentes por si nos cansamos de cambiar faros de nave o de que nos exploten reactores en la cara.

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Meren Plath
Meren Plath @serendipia_s

be gay do crime take a nap. soy arándano de Animal Crossing. CEO de las Movidas Nucleares™, testeadora, presento el pugcast, doy mazo la chapa.

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