El mensahero del mensahero de un ninja
Análisis de The Messenger
21/03/2025 | Nix | No hay comentarios
En más de una ocasión me ha sucedido que, por culpa de la gran pila de juegos pendientes que tengo, y que sigue aumentando, acabo despistándome y perdiendo de vista el hueco que ocupa en mi mente algún que otro título al que le tenía ganas. Esto me sucede sobre todo con los juegos en formato digital, porque una de las frases por las que se guía mi cerebro es “si no lo veo, no existe”. Es por ello que, a pesar de llevar ya unos años en mi lista, todavía no había jugado a The Messenger, pero la buena gente de Meridiem Games ha eliminado por completo el problema principal, sacando una edición física para PS5 y Nintendo Switch. Y, como defensora de poder tocar los juegos con mis propias manos, no pude resistirme a vivir esta aventura de ninjas viajeros.
Nuestra historia comienza con un ninja sin nombre, al que, en honor a los propios chistes del juego, llamaremos John Ninja. Tras iniciarse una profecía muy antigua en la que los demonios atacan el mundo, nos encargan la importantísima misión de… ¿acabar con ellos? No, eso estaría muy visto y estropearía el título del juego. Lo que nos toca hacer es llevar un pergamino sagrado a un lugar concreto, y para ello nos tocará recorrer las diferentes zonas que componen los niveles. Siguiendo una estética de 8 bits que podría pertenecer fácilmente a la época de la NES, tanto por sus sprites como por su paleta de colores, el estilo se completa con lo que sería un título de plataformas de los de siempre, de los que nos tirábamos tardes enteras intentando pasarnos. Por supuesto, esto nos lleva a encontrarnos con los típicos escenarios que solían utilizarse, como unas catacumbas con esqueletos, cuevas con gemas o pantanos con setas enfadadas con nuestra existencia.

Otra de sus características es precisamente su empeño en parecerse a los juegos de la época, por lo que podemos ver cómo se autoimpone unas limitaciones que quizá choquen con el estilo al que ya nos hemos acostumbrado actualmente. Por ello, a veces puede parecer repetitivo o nos encontramos con unos picos de dificultad que podemos creer que están un poco mal nivelados, pero lo cierto es que es completamente consciente de ello, e incluso lo enfatizan personajes como el tendero o Guapifeo, un pequeño demonio que nos llevará de vuelta a la vida por un módico precio y que comentará todas y cada una de nuestras muertes. Porque sí, John Ninja va a morir muchísimo, sobre todo porque los pinchos los carga el diablo, pero lo llevaremos mucho mejor gracias al humor autoconsciente del juego. De hecho, algunas de mis capturas favoritas tienen que ver con las historias que nos cuenta el tendero cuando decidimos ir a darle la tabarra en vez de recorrer los escenarios, pero os dejo que las descubráis por vuestra cuenta.
Y ahora, si bien no voy a contaros ningún spoiler sobre la trama, sí que necesito hablar de un giro que da el juego y que hace que The Messenger sea tan bueno, por lo que si no queréis saber absolutamente nada más que lo que habéis leído hasta ahora, podéis pasar directamente al último párrafo, donde os diré que os lo tenéis que jugar sí o sí. Hasta ahora os he contado que The Messenger es uno de esos plataformas de toda la vida, de los de 8 bits, muy al estilo de los primeros Ninja Gaiden (cosa que no esconde en ningún momento). Sin embargo, a partir de cierto punto, aproximadamente a las tres o cuatro horas de juego, dependiendo de nuestras habilidades, este se reinventa y se convierte en un metroidvania de 16 bits. Sí, en serio, tendremos dos juegos dentro de uno solo, y además nos darán una clase magistral de historia del diseño de los videojuegos, mostrándonos de primera mano el cambio que hubo entre los juegos de NES y SNES, debido principalmente a la diferencia entre las limitaciones de cada consola.

En esta parte de metroidvania en 16 bits contaremos con, como es evidente, una paleta mucho más colorida y sprites más detallados que lo convierten en un juego precioso. Y no es que fuese feo en su parte de 8 bits, pero os podéis imaginar el cambio. Si bien antes contábamos con un avance lineal, ahora nos encontraremos que los niveles estarán todos interconectados, que requieren una exploración mucho más meticulosa para encontrarlo todo, y que tendremos que ir desbloqueando habilidades para poder mejorar tanto nuestro combate como nuestra movilidad. Por supuesto, pronto nos daremos cuenta de que las recompensas por explorar son continuas, lo que nos empujará a arriesgar un poquito más solo por ver si conseguimos algo nuevo. Y eso nos llevará también a recorrer una y otra vez los mismos escenarios, a acabar con los mismos enemigos y a tratar de mejorar nuestras propias habilidades con el mando para no volver a tropezar otra vez con la misma piedra. Aunque esto nos servirá de entrenamiento, porque en la recta final el juego se pondrá de lo más exigente, obligándonos a hacer uso de todas y cada una de las habilidades que hemos conseguido durante todo nuestro viaje.
The Messenger es un título que no solo hace bien todo lo que se propone, sino que encima te lo restriega por la cara para demostrar tanto su calidad como su originalidad. Es un juego que entiende su género y, aun así, arriesga para ir un paso más allá como solo pueden hacer los indies. Además, si después de todo esto os parece que no os llegan los motivos para jugar (aunque tengáis más que de sobra), la nostalgia de poder jugar un título que tranquilamente podría ser de la NES o la SNES, con la dificultad característica de la época, bien merece la pena darle una oportunidad. Al fin y al cabo, sin nuestra ayuda John Ninja nunca podrá entregar el mensaje.
I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

