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Análisis de The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered

key art de The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered

No es ningún secreto que el cuarto título de la saga The Elder Scrolls era el único que me faltaba por jugar. Mis andares por Tamriel comenzaron con Skyrim y, aunque no tardé en ponerme con Arena, Daggerfall y Morrowind, ahí concluyó mi viaje. ¿Qué pasó? Diría que la vida, porque también tuvo que ver, pero la realidad es que descubrí The Elder Scrolls Online y ya nunca salí de ahí. Sin embargo, gracias a The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered he tenido la oportunidad de adentrarme en ese tramo de la historia que me faltaba por conocer. Y debo admitir que ha sido un placer volver a un título de esta saga sin otras personas correteando por ahí.

Hace ya un mes que salió The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered, y casi 20 años del juego original, por lo que poco hay que decir en términos analíticos. Este videojuego de mundo abierto ofreció una continuación visual y mecánica de Morrowind y añadió novedades que le sentaron como un guante. De hecho, es uno de los favoritos del público, y a quién no le va a gustar volver a un juego tan especial en su versión más actualizada. Que visitar algunas localizaciones conocidas a través de The Elder Scrolls Online mola, pero no es lo mismo. A fin de cuentas, cada versión tiene su propia historia… con años de diferencia por la cronología de cada título.

Uno de los puntos fuertes de Oblivion fueron y siguen siendo sus misiones secundarias. Si bien es cierto que la trama principal nos llevará de una punta a otra del mapa durante decenas de horas. Dependerá, claro está, de lo que nos desviemos del camino, ya que el juego en sí mismo no es difícil. Al menos en un nivel intermedio de dificultad. Y en caso de parecernos muy fácil o muy complicado, podemos ajustarlo a gusto o necesidad. A fin de cuentas, la configuración inicial, del juego o del personaje, no tiene por qué ser la que mantengamos a lo largo de la partida.

Cierto es que durante nuestros primeros pasos, en una mazmorra como viene a ser costumbre en la saga, aprenderemos las nociones básicas del juego. Además de escoger las características que definirán a nuestro avatar no sólo estéticamente sino también en cuestión de clase y subtrama o contexto. Y aunque este tutorial terminará con una serie de atributos asignados según nuestras elecciones, conforme subamos de nivel podremos escoger dónde aplicar los puntos conseguidos. Aunque lo que verdaderamente definirá nuestros puntos fuertes o flacos será cómo juguemos, dado que esto hará que aumente el rango de determinados aspectos. Es decir, si tendemos a bloquear, movernos con sigilo o utilizar un tipo concreto de arma o armadura, lo notaremos.

Después de dedicarle el tiempo necesario (o no) a la creación de nuestro personaje, atendiendo a detalles más allá de la raza y el estilo y color de peinado, comenzará nuestra aventura. Y es que la casualidad ha querido que, tras despertar en la celda en la que cumplimos condena, aparezca el mismísimo emperador. Se ve que su vida corre peligro y su vía de escape pasa exactamente por donde nos encontramos. Y no sólo eso, sino que el gobernante de Tamriel recuerda nuestro rostro de un sueño y confía en que no le haremos nada. Por tanto, aprovecharemos la apertura que han creado en nuestra celda para abrazar nuestro destino. Y antes de darnos cuenta, iniciaremos la aventura de nuestra vida… ampliamente relacionada con salvar el mundo.

Tampoco tardaremos en conocer y atravesar nuestro primer portal a Oblivion para enfrentarnos a criaturas daédricas. Ni en aprender que si cargamos demasiado los bolsillos, perderemos agilidad. ¡Pero oigan, si se me rompe el equipo necesito TODO eso para reponerlo o repararlo! ¿Cómo que no? Ok, vale, quizás me sobran jarrones, total sólo rascaríamos unas cuantas monedas vendiéndolos. ¡Qué dura es la vida heroica, debiendo tomar decisiones tan complejas!

Cabe decir que, de vez en cuando, tendremos la obligación de echarnos un ratito para reflexionar y aprender de nuestras aventuras. Es decir, asignar puntos a los atributos tras una subida de nivel. Otras, serán los demás personajes quienes nos indiquen que nos echemos una siesta. Y, con esto, no puedo sino entender por qué es uno de los juegos favoritos de la saga: la integración de la siesta y el descanso en la aventura. ¡Vamos! Que sí, que sí, que otros juegos también lo hacen. Reflexionaré sobre ello echándome una siesta, ahora vuelvo.

Superada la primera mazmorra, nociones básicas aprendidas, bolsillos llenos y misión principal más o menos clara, podremos escoger a qué dedicar nuestro tiempo. A fin de cuentas, acabamos de sentir la brisa de la libertad en la piel y quizás salvar el mundo no corre tanta prisa. Además, el amplio mapa invita a perderse. Especialmente si jugamos con auriculares y nos dejamos llevar por el apartado audiovisual. Eso sí, en The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered las voces están íntegramente en inglés, dejándonos en manos de los subtítulos disponibles en diversos idiomas, entre ellos el nuestro.

Y aquí es donde me tengo que parar a hablar de bugs, dado que algo que me llamó la atención fue descubrir cómo algunos diálogos no se encontraban subtitulados. Por suerte, no aquellos en los que debemos dar una respuesta, aunque no siempre importará lo que escojamos. Sin embargo, no deja de ser llamativo, así como otros bugs relativos a misiones que esperaba que estuvieran resueltos tras todo este tiempo. Cierto es que aquellos con los que me topé no me impidieron completar la tarea correspondiente. Aunque sí probé el clásico volver a un punto anterior resultando en una pérdida de tiempo. Habrá que esperar la posibilidad de futuros parches que pulan estos detalles.

En cualquier caso, al tener un mapa tan amplio y multitud de misiones secundarias, existe la posibilidad de dejar para otro momento aquello que no queramos (o podamos) completar. Una costumbre arrastrada de otros juegos a The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered ha sido la de seguir la misión principal parándome tanto como gustara. Fuera para recorrer un lugar visitado en The Elder Scrolls Online o para hacer alguna misión secundaria interesante. Que las hay más allá del recadeo para que desviarse merezca la pena. Además, si bien contamos con viaje rápido, es un disfrute pasear por los caminos, o campo a través… con cuidado de no despeñarnos por una montaña. No es que me haya pasado por estar pendiente de la brújula superior y no del camino. Y mucho menos varias veces. ¡Qué va!

A lo que sí deberemos prestar atención será a nuestras barras de magia, salud y aguante, al menos si no disponemos de recursos para recuperarnos. Por suerte, la salud se recuperará automáticamente tan pronto como salgamos de peligro, sea por una caída o tras un combate. También podemos aprovechar todos los recursos acumulados para investigar sus efectos, elaborar pociones y desarrollar nuestra vena alquimista. Del mismo modo que podremos arreglar en el momento nuestra equipación si contamos con los recursos necesarios. Para estas tareas solo necesitaremos llevar en el inventario un mortero y un martillo.

Por su parte, con las ganzúas que vayamos acumulando, podremos abrir toda clase de cerraduras. Una de las mecánicas más satisfactorias de The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered, no os voy a engañar. Se nota de dónde sacaron la idea para The Elder Scrolls Online. De hecho, casi me atrevo a decir que la he disfrutado más que en el MMORPG. ¿Ladrona yo? ¿Por quién me habéis tomado? ¡Si he dedicado buena parte del tiempo a leer la ingente cantidad de libros disponibles! Ese collar es en realidad un marcapáginas, y lo conseguí persuadiendo a un mercader.

Debo admitir que me sorprendió el anuncio de The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered tanto como la decisión de actualizar éste y no Morrowind. Sin embargo, no puedo sino agradecer asomarme a una versión del título más cercana a The Elder Scrolls Online en lo que a estética se refiere. No es que piense que sean obras que hayan envejecido gráfica o artísticamente mal, pero debo admitir que me gusta este lavado de cara. Y, sobre todo, cualquier mejora de calidad de vida a la que los juegos actuales me haya acostumbrado. Que esta señora ya sufrió los controles añejos en ésta y otras sagas, oigan.

Cierto es que quienes lo disfrutaran en su momento, quizás no encuentren grandes motivos para hacerse con una segunda copia del juego. Sobre todo existiendo mods increíbles en esta saga dedicados a pulir ciertos aspectos. Sin embargo, es ideal para quienes llegamos de primeras. Además, cuenta con dos ediciones: Deluxe y Standard. Y en ambos casos incluyen las expansiones de historia Shivering Isles y Knights of the Nine, así como otro contenido adicional. De modo que el libro de ilustraciones digital, la banda sonora y algunas misiones extra para obtener equipamiento son opcionales.

Por lo pronto, yo retomaré mis andanzas por Tamriel, en The Elder Scrolls Online, ya que en breves habrá novedades. Y renuevo mis esperanzas en el futuro lanzamiento del sexto juego de la saga. Con ganas de ver qué mantienen, qué cambian, qué actualizan y, sobre todo, si es una continuación de Skyrim o algo totalmente diferente. Mientras, una parte de mí se mantiene atenta a una posible remasterización de Morrowind. Total, en los tiempos que vivimos… ¿quién sabe? Fallout, calienta que sales.

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