Pa bolsón el mío
Análisis de Tales of the Shire: A The Lord of the Rings Game
10/09/2025 | Nix | No hay comentarios
No es ningún secreto que me causa rechazo cualquier tipo de puntuación relacionada con el entretenimiento. Por una parte, por el simple hecho de querer tratar de objetivizar y cuantificar creaciones completamente subjetivas, como si un día decidiésemos que el Coliseo es un anfiteatro de 7 y a la Mona Lisa le diésemos un 8 porque ese día Da Vinci había difuminado los gráficos y nos parecen reguleros. Y es que si bien no voy a entrar en el eterno debate de los videojuegos y el arte, no podemos negar que, en cuanto hablamos de entretenimiento, estas clasificaciones por puntos suceden únicamente con el cine y con los videojuegos, incluso sabiendo que todo el mundo tiene una película o un juego de los considerados malos en su lista de favoritos. Por otro lado, otro de los errores comunes a la hora de puntuar un videojuego viene de la mano de que no todo el mundo tiene la misma edad y, normalmente, la misma cantidad de títulos jugados, ni tampoco se pueden conocer todos los géneros en profundidad. Evidentemente, esto hace que, cuando alguien analiza algo fuera de su zona de confort, es muy fácil acabar pecando de emocionarse demasiado por cosas ya consolidadas o, por el contrario, quejarse en exceso de algo que suele gustar a quienes llevan años jugando a títulos similares. Y creedme, esto es algo que nos ha sucedido a todas las personas que hemos tenido que analizar videojuegos. Pero no creáis que todo esto es una divagación sin rumbo, porque este hilo de pensamientos ha venido a mi mente a raíz de las malas críticas de varias páginas web importantes a Tales of the Shire: A The Lord of the Rings Game y, tras haberlo jugado, me he dado cuenta de que no estoy para nada de acuerdo con ellas. Porque sí, es cierto que en un principio los hobbits nos parecerán un poco feúchos, pero el juego es mucho más de lo que parece en un primer vistazo.
Como era de esperar en un juego sobre la vida de los hobbits, sobre todo tratándose de un simulador de granjitas, nos encontraremos con una trama sencilla y acogedora en la que lo más importante es construir una buena comunidad. Y es que un señor muy alto, vestido de gris, con larga barba blanca y un sombrero de mago nos ayuda a llegar a Delagua, el lugar al que nos dirigíamos desde Bree para convertirlo en nuestro nuevo hogar. Una vez allí nos instalaremos en nuestra propia madriguera, recibida por herencia, y comenzará nuestra socialización como hobbit. Como veis, Tales of the Shire es un título que sigue esas normas no escritas que nos encontramos en cualquier Harvest Moon, Story of Seasons o incluso Stardew Valley, porque si algo funciona no hace falta cambiarlo. Sin embargo, también nos meterán en mitad de un conflicto entre dos hobbits que nos llevará a tratar de mejorar Delagua entre todos para conseguir que sea nombrada aldea y no sea simplemente el equivalente a un barrio de Hobbiton. Y así, poco a poco nos irán contando las historias de cada uno de los habitantes, además de la propia Delagua y del pequeño universo que les rodea, en pequeñas misiones que siempre estarán plagadas de amabilidad, ganas de ayudarse entre todos y, de vez en cuando, un poco de vacile, porque es lo que tienen las amistades.

Si bien la mayoría de estos juegos centran sus mecánicas en buscar nuestro propio beneficio y ganar dinero rápido montando un imperio agrícola, en esta ocasión nos encontraremos con que la parte económica nos va a dar bastante igual. Sí, tendremos bastantes cosas que podremos comprar, pero pronto nos daremos cuenta de que lo más divertido viene de la mano de las interacciones con los demás hobbits, y con la comida como pilar central de todo lo que sucede en La Comarca. Tanto es así, que lo primero que harán cuando lleguemos a Delagua será ponernos una empanada en las manos y decirnos que invitemos a la gente a desayunar, porque ya sabéis que el segundo desayuno es sagrado. Aquí será donde nos presentarán la mecánica de la amistad, porque en este título no tendremos que darles la tabarra a los vecinos a diario con las mismas frases insulsas, sino que tendremos que invitarles a cualquiera de las diferentes comidas del día para poder subir su amistad, y la cantidad dependerá de si les ofrecemos algo que les guste y de la calidad de nuestro plato. Podéis pensar que esto requiere invertir mucho dinero, pero en realidad lo que quiere el juego es que hagamos cosas, y para ello nos presentarán la jardinería, la recolección y la pesca, convirtiéndose además (junto a la cocina) en los clubs que formaremos con los demás hobbits. Eso sí, todo dependerá de la estación en la que estemos, por lo que las espinacas que plantamos en invierno no tendrán nada que hacer en verano y las moras que llenan los caminos solo aparecerán con el calor. Esto nos hará plantearnos cada estación pensando, además de en el momento, en las futuras reservas de nuestra despensa y en qué podemos vender para adquirir esos pocos ingredientes que no podremos conseguir con nuestras propias manos, como la harina.
Una de las cosas que más me ha gustado a la hora de jugar e ir avanzando es el hecho de que no se desbloquea todo de golpe, sino que tenemos que ir poco a poco ganándonos la confianza de los vecinos para que ellos también nos ayuden a ir mejorando nuestra casa, nuestro huerto o incluso a conseguir animales. El juego se empeña en todo momento en darle esa capa de realismo hobbit en el que la comunidad es la clave, mientras llena de detallitos cada misión o tarea que nos encasquetan (o que nos ofrecemos a hacer). Así es cómo descubriremos historias pasadas de nuestra madriguera, o cómo es la vida de una enana herrera con un pato llamado Cucharón, o cómo son los sueños de una hobbit que quiere desafiar la tradición de los granjeros. Todo detalles pequeños, minúsculos si pensamos en los problemas de la Tierra Media, pero relevantes y entrelazados con nuestra simple y tranquila vida de hobbit. Porque si algo hace este juego es recrear exactamente lo que siempre nos habíamos imaginado que era vivir en La Comarca.

Vale, sí, después de hablar de todas las virtudes que me he encontrado en Tales of the Shire, sé que estáis esperando que os hable del elefante en la habitación. Sí, los hobbits son feos. Sin embargo, y teniendo en cuenta que he sido la primera en criticar su diseño, tengo que reconocer que he cambiado por completo la idea general que tenía sobre su estilo artístico. Individualmente y fuera del contexto del juego, las caras de los hobbits son feas, pero dentro del juego me he encontrado con una dirección de arte que ha cuidado hasta el más mínimo detalle, y tanto los interiores como los exteriores (en cualquiera de sus completamente diferentes estaciones) nos envuelven hasta que, sin darnos cuenta, hasta el hobbit menos agraciado nos parece cuquísimo. Porque esa es su magia, la habilidad para meternos en su universo y atraparnos por completo, confiando totalmente en lo que hace. Por supuesto, esos paisajes tan bonitos no serían nada sin un buen sonido, y eso lo han tenido muy en cuenta dándonos ese murmullo relajante que podemos encontrar en cualquier bosque real, aderezado de una musiquilla que no se impone pero acompaña. Y para rematar, tengo que reconocer que su traducción al español me ha arrancado alguna que otra carcajada, porque ante todo es un juego que derrocha simpatía.
Siempre suelo recomendar a todo el mundo que pruebe un juego antes de criticarlo, porque es lo que me gusta hacer yo misma. Por eso, a pesar de lo que podáis haber leído sobre Tales of the Shire, os animo a darle una oportunidad, porque estoy segura de que si os gusta el género os encantará poder vivir como un hobbit. Es más, estoy segura de que os aprenderéis cada camino de Delagua, recorriéndolos una y otra vez por el simple placer de ir recogiendo bayas. Y, además, si os queréis asegurar de que tendréis este título para siempre, tenéis la opción de conseguir la edición física que nos trae Meridiem Games, que tengo claro que conseguirá que despleguéis el mapa que trae buscando cuánta precisión tiene comparado con el lore que conocéis de El Señor de los Anillos. Para nada algo que ya he hecho por lo mucho que me gustan los mapas. Y ahora os dejo, que he quedado para el segundo desayuno con Rosita Coto, que tiene algo que contarme de su primo, un tal Sam.
I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

