Si se me pega voy a darle

Preview de Ratatan

Preview de Ratatan

En una industria en la que tienen prioridad los gráficos hiperrealistas y las narrativas épicas, a veces se nos olvida el poder de un ritmo pegadizo y unas criaturas con un diseño tan sencillo como carismático. Aun así hay juegos que a pesar de no cumplir esa supuesta norma todavía se hacen su hueco, sobre todo, en nuestra memoria. Ahí es precisamente donde se colocó la extraña magia de Patapon, que en un inicio venía armado con ritmo y, ahora, nostalgia. Sin embargo, ya os hablamos de su reciente remake, así que esta vez toca seguir los pasos de su creador original, porque regresa con Ratatan, un sucesor espiritual que llega cargado de nostalgia pero también con ambiciones propias, lanzándose al ruedo en un Acceso Anticipado que, como un diamante en bruto, brilla con fuerza pero aún necesita ser tallado. Y es que, tras sumergirme en su mundo de color y caos, la sensación que prevalece es la de un proyecto con un corazón enorme y una dirección clara, pero que todavía tropieza con la cruda realidad del desarrollo inacabado.

Abrir Ratatan por primera vez es una experiencia muy alegre. Los menús cantan y crecen en intensidad con cada selección, y tras un tutorial breve pero en el que ya vamos pillando todo perfectamente, nos encontramos en el centro de operaciones, un espacio habitado por las criaturas más monas que podamos imaginar. La presentación es impecable, porque nos rodearán animaciones llenas de personalidad, una paleta de colores brillantes y, lo más importante, las voces distintivas de cada uno de los diferentes Ratatan, que entonan los comandos con una musicalidad que te saca una sonrisa de inmediato. Es uno de esos títulos que funciona como un chute de energía positiva, uno de esos lugares al que siempre apetece volver, incluso cuando el objetivo sea liderar a nuestros pequeños Cobun en una masacre rítmica. Ya sea nuestra o de los enemigos, la cosa es morir con ritmo. Tras una o dos partidas, conseguimos interiorizar el ritmo y comenzar a apreciar sus aspectos más tácticos, como observar los movimientos del enemigo, esquivar lanzas y concentrar los ataques más potentes en los rivales más peligrosos. Y es que lo que en un principio puede abrumar un poco, acaba asentándose muy bien en nuestros reflejos. 

Sin embargo, la desviación más significativa de su inspiración, y una de las que puede generar más división entre fans, es la transición a una estructura roguelike. Patapon apostaba por misiones, pero Ratatan opta por las carreras sucesivas por una serie de escenarios, obteniendo mejoras temporales durante cada partida y recursos para desbloquear progreso permanente en el centro. Aquí nos encontramos con uno de los primeros problemas. El juego cae en una trampa demasiado común del género, sobre todo cuando todavía está desarrollándose, y es que los picos de dificultad de los enemigos son demasiado altos. Los primeros mundos son manejables, pero al llegar al cuarto o quinto, cada enemigo común se convierte en un muro con una cantidad de puntos de vida que parece requerir una eternidad de golpes para derribar. Es gestionable, sí, pero mucho menos disfrutable. Sin embargo, es bastante común que a medida que vaya pasando el tiempo se vaya ajustando, por lo que no sentencia el juego final.

Otra diferencia importante es el control directo del Ratatan. A diferencia de la deidad etérea que eras en Patapon, aquí encarnamos a un ser que participa activamente en la batalla, para bien o para mal. Si bien esta aproximación busca una inmersión mayor, a veces esto hace que se complique un poco más el juego, sobre todo cuando tenemos muchos elementos en la pantalla. Esta sensación se acentúa con algunos problemas técnicos y de diseño, leves pero al mismo tiempo importantes. Visualmente, el juego es colorido y adorable, perfecto para llenar la carpeta de capturas de pantalla, pero tiene un pequeño problema de contraste. Frente a la claridad ejemplar de Patapon, que diferenciaba nítidamente fondos y personajes, en Ratatan a veces cuesta distinguir a nuestros Cobun o los proyectiles enemigos en medio del caos visual, un fallo importante para un juego que exige precisión. Y, para rematar, la localización al español está horriblemente mal, con textos que a veces dificultan la comprensión, pero tengo que decir que cambiar al inglés no mejora mucho más la cosa. Evidentemente, esto es lo que pasa cuando dejas este apartado en manos de fans, por lo que esperemos que al menos la traducción definitiva de la versión 1.0 esté hecha por profesionales.

Pero no todo son sombras. Cuando Ratatan acierta, lo hace con ganas, porque la banda sonora es maravillosa. Cada etapa tiene su propia pista, que se vuelve más enérgica y compleja al entrar en «Fever» tras una serie de comandos acertados. Es música pegadiza y perfectamente integrada en la jugabilidad, un pilar fundamental para cualquier juego de ritmo que se precie. Además, también tenemos un detalle que puede salvar la experiencia para muchos y convertirlo en el juego más divertido del mundo: el modo cooperativo. Meternos en una partida aleatoria y unirnos a otros tres jugadores para sembrar el caos es el momento en el que Ratatan brilla con más fuerza. Todos los problemas de equilibrio y los picos de dificultad absurdos parecen difuminarse cuando el escenario se convierte en una explosión de color, ritmo y destrucción masiva. Es difícil sentir frustración cuando estás acompañado de un coro de aliados anónimos (el juego, sabiamente, no enseña los nombres de los demás, eliminando cualquier tipo de presión o vergüenza). Alcanzar al jefe final y derrotarlo gracias al trabajo en equipo, aunque sea caótico, recontextualiza el juego por completo y ofrece la experiencia más divertida y adictiva que le permite ese Acceso Anticipado.

En definitiva, Ratatan es un título que llega con el corazón en la mano y la nostalgia como bandera, pero que aún debe enfrentarse a la tarea de pulir sus muchas aristas. Es un juego que está bien, que podemos ver que tiene una base sólida, pero que todavía tiene mucho trabajo por hacer. Y es que yo confío en que, con el tiempo y el feedback de la comunidad, Ratatan pueda sacar a relucir su herencia y convertirse en el digno sucesor que todos esperamos.

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Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

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