Siempre hay tiempo para parar

Los tiempos en Pokémon Espada y Escudo

Los tiempos en Pokémon Espada y Escudo

A veces solo me apetece jugar a algo con tranquilidad y con la única pretensión de pasármelo bien, sin prisas, sin necesidad de tener que estar vigilando constantemente si cumplo con una misión a tiempo o no, o si necesito no olvidarme de algún objeto en concreto antes de continuar. Y aunque rejugar en muchos casos cumple con este propósito, mi afán completista no me deja respirar. Me ha pasado en mis reruns de Blasphemous y Blasphemous 2 o de Dead Cells, donde me empeño en conseguir el mejor tiempo posible haciendo una salvajada de daño. Me cuesta encontrar juegos que cumplan esas dos características: dejarme jugar a mi ritmo y proporcionarme tranquilidad. Y lo he conseguido encontrar en Pokémon Escudo.

Jugar a Pokémon es casi un ritual para mí. Suelo tener abierto un cuaderno para tomar nota de los pokémon de cada ruta, además de varias ventanas de navegador para poder echar un vistazo en caso de que necesite comprobar el ratio de captura u otras cosas. Y al ser en muchos casos una actividad mecánica —solo tengo que conseguir medallas y capturar criaturas— puedo ponerme de fondo una serie, un podcast o un audiolibro. Eso es precisamente lo que he hecho en este último mes con la entrega que nos lleva a Galar. Y en este caso, he notado más esa calma que en otros títulos porque el juego te invita a buscar tu propio ritmo y tus tiempos. Es curioso que, incluso en un juego tan lineal como es esta saga, puedas tomarte tu tiempo en la Zona Silvestre para capturar, pasear o conseguir objetos. El tiempo no transcurre como en otras entregas, al menos durante el modo historia. Una vez lo completemos, sí que se ligará a la hora de la consola, pero la ausencia de él me ha proporcionado una calma difícil de explicar. 

En Pokémon, el tiempo es una herramienta fundamental, además de ser una mecánica. A según qué horas, podíamos capturar a determinadas criaturas en diferentes zonas, y también dependía del calendario. Conforme las consolas avanzaron, también lo hizo la manera en la que los pokémon aparecían, y se ligaban también a determinados fenómenos atmosféricos. Con ello, había que plantear estrategias para completar la Pokédex, pero también había quien modificaba la hora y la fecha de la consola para poder conseguir el pokémon que querían. Yo misme lo he hecho en muchas ocasiones, pero en Pokémon Escudo no he sentido la necesidad de hacerlo de momento porque he tenido una sensación muy diferente con respecto al tiempo. El hecho de tener el Área Silvestre y no esos ciclos me ha ayudado a tomarme las cosas con más calma, y a no sentir la ansiedad que a veces siento cuando juego a estos títulos. 

Captura de Pokemon Escudo donde se ve la lista de pokémon del equipo. De arriba a abajo, Kirlia, Litwick, Boltund, Corviknight, Inteleon, Mudsdale.

Muchas veces el peso de las horas y del tiempo en Pokémon se convierte en algo agobiante. Querer conseguirlo todo en el menor tiempo posible, querer llegar a los gimnasios con soltura suficiente como para poder pasarlos sin problemas, hacer las misiones secundarias sin sufrir… Todo al final se acaba acumulando y se convierte en algo similar a lo que ya hago en otros juegos. Recuerdo, por ejemplo, en Pokémon Esmeralda, necesitar capturar a Rayquaza inmediatamente porque no quería perder la oportunidad de tenerlo, o sufrir en Pokémon Diamante con la captura de legendarios por cómo se movían por el mapa. Esos momentos de tensión y de presión que sentía jugando me hacían abandonar el juego o pausarlo durante un tiempo porque no quería seguir con él. Muchos de mis reruns de Pokémon los abandono antes del último gimnasio o antes del Alto Mando porque no me siento cómode con cómo el juego me lleva. No es algo que me pase únicamente con esta saga, y reconozco que puede ser solo una cosa mía. Pero la presión de no poder cumplir con los “horarios” que te marcan para conseguir algunas criaturas me acaba resultando poco amable, y no casa conmigo. 

Otra de las cosas que me ha ayudado mucho con este ajuste de tiempos en Pokémon Escudo es la aparición del campamento. Podremos acercarnos a los de algunos NPCs o podremos sentarnos en el nuestro para jugar con nuestros pokémon, cuidarlos y cocinar. Todo ayuda a que ajustemos nuestro propio ritmo, a que no sintamos una presión excesiva sobre nuestra misión. El ver a diferentes personas acampando o tomándose su tiempo para explorar las rutas favorece que terminemos de entrar en esa actitud pausada. Poder descansar durante el rato que yo quiera mientras me preparo un curri para mí y mis pokémon es una de las cosas que más me han gustado de mi aventura por Galar. 

Además, el desafío de los gimnasios está planteado de una manera que no sientes una presión excesiva por no hacerlos inmediatamente. Es una competición donde tendremos que superar unas pruebas y posteriormente enfrentarnos al líder. Saber que se plantea como un concurso de resistencia y de fuerza, donde tendremos también que ser estrategas y no solo confiar en la fuerza bruta, hace que lo tomemos de otra manera, o por lo menos así lo he sentido yo. Me ha recordado mucho a los desafíos de Pokémon Sol y Luna, donde hicieron un cambio completo de cómo enfrentarse a los gimnasios, cambiándolos por pokémon dominantes que se encontraban al final de unas pruebas que cambiaban según la zona en la que nos encontráramos. Es un refresco de una fórmula que parecía agotada, y el hecho de que en los juegos de la generación de Switch no hayan optado por volver al mismo modelo de siempre y buscar cómo readaptar ayuda a que todo fluya de manera diferente. Todos estos desafíos de gimnasio me han resultado mucho más divertidos que en otras entregas de la saga. 

Captura de Pokémon Escudo donde se ve una manta de picnic con dos platos de curri picante con pasta.

Por último, creo que lo que ayuda también a crear ese ambiente de tranquilidad es la propia ambientación de Galar. El ambiente rural, los campos, la amplitud de las rutas… Hemos pasado de juegos en 2D en vista isométrica a juegos totalmente en 3D, como ya vimos en las últimas entregas de DS y que se mantiene todavía en estas de Nintendo Switch. El cambio se agradece, y la posibilidad de ver bien todos los paisajes, incluso los pokémon que hay en cada área o matorral, me resulta algo ya imprescindible para próximas entregas. Mientras que en Pokémon Sol y Luna el ambiente de Alola tenía un aire más movido, más intenso, Galar es totalmente la contraposición a ello. No hay nada en el juego que invite a ir rápido —a excepción de Paul y del Team Yell— y la sensación general que da cada ciudad, cada ruta, cada NPC es de una calma que no sabía ver antes en ningún otro juego de Pokémon. Hasta la investigadora principal, Sonia, se toma todo con bastante calma. Es una decisión consciente que hace que la experiencia sea bastante diferente. 

Volviendo a lo que explicaba al inicio, el tiempo es una mecánica fundamental a la hora de jugar a cualquier juego de Pokémon, ya que un buen número de especies y de actividades siguen un horario estricto al que tenemos que llegar si queremos hacerlas. Sin embargo, la tendencia que marca Pokémon Espada y Escudo, dejándonos ir más a nuestro aire sin que perdamos de vista los retos que tenemos por delante, y eliminando durante una parte del juego esa herramienta temporal, hace que podamos tomárnoslo de una manera diferente. La experiencia que me llevo de haber invertido un buen número de horas aquí es excelente, y es de lejos uno de los juegos que más me ha gustado de la saga. Aquí, en Galar, todo tiene un ritmo propio, y se agradece.

Cómprame un café en ko-fi.com

Meren Plath
Meren Plath @serendipia_s

be gay do crime take a nap. soy arándano de Animal Crossing. CEO de las Movidas Nucleares™, testeadora, presento el pugcast, doy mazo la chapa.

No hay comentarios
Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.