Análisis de Swan Song
04/06/2026 | Aonia Midnight | No hay comentarios
La propuesta de Swan Song atrajo mi atención inmediatamente. Desde pequeña, hay algo en las cajas de música que me fascina. De hecho, he tenido, y tengo, varias: un joyero de La Sirenita, la melodía de La Vie en Rose, de Edith Piaf, y la de Dearly Beloved, de Yoko Shimomura para Kingdom Hearts. Y disfruto haciéndolas sonar repetidamente cada vez que tengo oportunidad. Incluso cuando pequeños comercios las muestran y venden en ferias artesanales. Si a esta fascinación le sumamos la integración de los puzles en su mecanismo, no puedo resistirme. Y así ha sido, aunque debo admitir que su historia de corte emotivo me echaba un poquito hacia atrás. A fin de cuentas, ni soy fan del terrorismo emocional ni suelo pasar por el aro de aquellas historias que se utilizan para evitar trabajar ciertas cosas en terapia. ¡Llamadme rara, pero seguid leyendo!
Swan Song nos pone delante de una caja de música modificada para que un cisne deba recorrer un pequeño camino hasta llegar a su posición. Para ello, se abrirá un cajón con cuatro filas de colores y formas a modo de pentagrama musical, conectadas al sendero que seguirá el cisne. Así, deberemos colocar una serie de notas musicales para evitar que caiga, y logre llegar a su destino. ¿Cómo? Fijándonos en el turno de cada movimiento y nota y calculando bien nuestras decisiones antes de dar cuerda y observar el resultado.
Cabe decir que no nos darán explicación alguna, aunque tiene un diseño bastante intuitivo. Aprenderemos por nuestra cuenta, de principio a fin, ya que conforme avancemos por sus 9 capítulos se irán introduciendo nuevas notas y obstáculos. Además, cada capítulo está dividido en 16 secciones con 12 puzles y 4 fragmentos de historia. Y será a través de estos objetos, notas y cassettes como descubriremos la razón de ser de nuestra caja de música. También a quién va dirigida y cómo surgió la idea.

Podremos volver atrás en cualquier momento, y navegar por los diferentes capítulos, para repetir rompecabezas o revivir recuerdos. O para buscar algún secreto que hayamos podido perdernos. Incluso por el mero placer de disfrutar del arte de Swan Song, ya que puede pasar desapercibido si solo nos centramos en los puzles. Y sería una pena, porque los fondos que rodean la caja de música aportan su granito a la historia. Del mismo modo que la banda sonora y el doblaje. En inglés, eso sí, aunque disponemos de una traducción estupenda a nuestro idioma. Todo ello debidamente recogido en unos créditos creados con tanto mimo y originalidad como el resto del juego.
En cuanto a los rompecabezas de Swan Song, debo admitir que, a menudo, hacen honor a su nombre. Además, no disponemos de pistas, por lo que deberemos resolver cada nivel a base de ensayo y error. Sin embargo, si bien son desafiantes, no son especialmente rebuscados. Y observando cada movimiento, comprendiendo el sendero y cuándo activar cada pieza, terminaremos dando con la solución.
Conforme vayamos avanzando, y aparezcan nuevas notas y obstáculos, tendremos que tener en cuenta toda clase de aspectos y combinaciones. Así, por ejemplo, desbloquearemos notas que desaparecerán tras sonar o que la primera vez no activarán ningún mecanismo. También plataformas que aparecen y desaparecen, agujas de reloj y cazadores que dispararán hacia delante. Notas unidas, otras aturdidoras y mecanismos que lanzan al cisne o alteran su dirección. Y deberemos tener en cuenta todo esto para anticiparnos.
Es por ello que no me atrevería a dar una duración aproximada del juego, aunque orientativamente diría que dura entre 5 y 10 horas, según cuánto nos atasquemos. Dependerá de la agilidad mental y lo despejada que esté cada persona. O la facilidad para ver el recorrido e intuir dónde poner cada nota. A fin de cuentas, a mí a veces me ha costado un buen rato y, otras, lo he visto en seguida. Y se prevén unos meses de calor extremo en los que tener el cerebro derretido no ayuda en absoluto.

De hecho, sería ideal que se introdujera la compatibilidad con Steam Deck en próximas actualizaciones, ya que permite alejarse de la torre del ordenador. O refugiarse en lugares más fresquitos. Actualmente, se puede abrir el juego y controlar el cursor a través de los trackpads o la pantalla táctil, pero con cierta dificultad. Y le sentaría estupendamente el manejo táctil absoluto o el funcionamiento de los botones al uso.
Por su parte, iremos revelando una historia que, sin entrar en detalles, puede no ser para todo el mundo. A fin de cuentas, trata un tema que desgraciadamente toca a muchas familias, las enfermedades terminales. Y dependerá de la sensibilidad y vivencias de cada persona. De todos modos, se enfoca con mimo y respeto, sin morbo y sin recrearse en el dolor o el sufrimiento. Tampoco profundizará más de la cuenta por lo que, más allá de su temática, es un juego bastante amable. Y da pie a una conversación muy interesante sobre algo que sí prefiero guardarme para no destripar demasiado.
Así pues, en Swan Song descubriremos poco a poco una emotiva historia a través de desafiantes rompecabezas. Y lo haremos dejándonos envolver por un precioso apartado audiovisual que, lejos de interferir, aporta su granito a la experiencia. Tal y como decía al inicio de este texto, no soy fan del terrorismo emocional o las obras desde una perspectiva que busca validación o justificar ciertas conductas. Sin embargo, con ciertas reticencias, reconozco que Swan Song es una pequeña joya que atrapa por la forma en que maneja los puzles. Y a veces no hay que darle más vueltas, simplemente dejarnos llevar como la figura danzante de una cajita de música.
Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie
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