Por fin conozco a un gamusino
Análisis de Mythic Love: Iberian Legends
13/07/2026 | Nix | No hay comentarios
Hay una pregunta que suelo hacerme cuando veo que un nuevo juego decide usar la mitología como base de su escenario o de su historia, y es si de verdad alguien se ha molestado a sentarse a investigar sobre esa mitología en particular, o si es simplemente una excusa para poner criaturas con una estética concreta y decir que está inspirado en algo que podemos encontrarnos en el mundo real. Bueno, en el mitológico, ya me entendéis. Quizá mucha gente no lo sepa, al ser un género de nicho, pero ese segundo caso es el que solemos encontrarnos en muchísimos simuladores de citas, principalmente por el tropo del atractivo de ligarse a dioses de los diferentes panteones (o a los villanos, no vamos a engañar a nadie). Por eso, cuando me enteré del inicio del desarrollo de Mythic Love: Iberian Legends, me senté a esperar pacientemente su lanzamiento, porque en el peor caso me iban a ofrecer mitos guapos del folclore ibérico y, en el mejor, unas historias de las que me encantaría saber más, porque al fin y al cabo tenemos una cantidad de relatos en nuestras tradiciones que ríete tú de los nórdicos. Y tengo que reconocer que, por culpa de este juego, estoy a puntito de pedirles recomendaciones a Platonic Games para poder empaparme a fondo de lo muchísimo que me queda por saber de los seres que pueblan nuestros alrededores mágicos.
Los juegos de romance o las novelas visuales de fantasía llevan ya unos cuantos años funcionando con un menú bastante predecible de vampiros con acento europeo indeterminado, hombres lobo que no se sabe muy bien de dónde salen o algún dios griego que aparece de vez en cuando porque Hades lo puso de moda otra vez. Esto, aunque podáis pensar que es una queja, no lo es, porque si hay un motivo por el que este género funciona es porque ha encontrado sus nichos y sabe explotarlos, aunque rara vez se pregunte si hay algo explorable fuera de ese catálogo tan limitado. Pero a veces puede explorarse desde dentro de esas limitaciones, como sucede con Mythic Love: Iberian Legends, porque gracias a la ventaja de que por norma general no nos conocemos las historias de las comunidades autónomas en las que no vivimos, el juego se plantea como algo completamente fresco gracias a sus cinco personajes romanceables (y los que iremos conociendo durante nuestra aventura pero a los que, por desgracia, no podemos darles un besito). Esos personajes son Tiago, un gran lobo blanco gallego protector del Camino de Santiago; Juana, una juancaballo andaluza un tanto tsundere; Coru, la bruja extremeña más mona que podríamos encontrarnos; Bu, un búho de Albacete tan tímido como inteligente; y Gaueko, el dios vasco de la oscuridad que hace de las suyas como antagonista principal y, al mismo tiempo, el interés romántico de quienes tenemos la valentía de querer vacilar a un dios de las tinieblas. Cosa que aprecia, que lo sepáis. Y, aunque no tenga que ver con el romance, a quien también necesito mencionar es al Coco, ese ser con el que nos amenazaron durante nuestra infancia y que ahora se ha convertido en el alivio cómico más cuqui del país, candidato a que lo adoptemos las toasgamers porque es redondito, blandito, rosita y, además, come niños. Como nosotras.

Una cosa que me gusta mucho del juego es lo que hace con esos personajes, porque nos cuenta muy bien de dónde vienen. Cada uno lleva asociada a su ruta una explicación del mito original que lo inspira, y esas explicaciones no parecen los deberes de una clase de historia, ni un simple lore dump en un muro de texto que nadie acaba leyendo. Son conversaciones entrelazadas con la propia ruta, como si el propio juego quisiese que nos fuésemos de allí queriendo saber más, de abrir el navegador y empezar a tirar del hilo de la tradición oral, incluso de la de nuestra propia tierra. Y no voy a negar que esto lo digo porque me he dedicado a jugar con el móvil al lado para poder ir abriendo pestañas de cosas que quería investigar en cuanto cerrase el juego. Lógicamente, como gallega que soy, lo primero que hice fue arrimarme a Tiago, quien me hizo recuperar algunos detalles que no recordaba de mi propia cultura. Bueno, vale, y porque es guapo, pero el resto también lo es, y es precisamente el motivo por el que es tan fácil animarse a rejugarlo, porque cada personaje tiene ese algo que te hace querer saber mucho más. Aunque tampoco voy a negar que Gaueko es, probablemente, el personaje que más atraerá a todo el mundo, ya no solo por ser el antagonista (que todas sabemos qué libros leéis, no engañáis a nadie), sino porque el juego nos permite una dinámica con él absurdamente satisfactoria al reaccionar de una forma un tanto diferente al resto y que, al mismo tiempo, encaja con su personalidad.

Hay una cosa que se suele subestimar en este tipo de juegos, y por eso me parece importante señalar que Mythic Love: Iberian Legends es un juego gracioso. No gracioso de tener algún momento divertido, sino gracioso de verdad, con consistencia, haciendo que el humor forme parte de lo que está contando, incluso las referencias que hace del mundo real. Los chistes con doble sentido se integran de forma natural, porque la escritura entiende perfectamente que el flirteo funciona de esa manera, que mezclar la tensión romántica y el humor es algo que hace que las parejas funcionen de verdad, y lo hacen sabiendo que si dan a elegir entre una opción de diálogo seria, y otra con doble sentido, la segunda va a ganar la mayoría de las veces. Por otro lado, tengo que reconocer que en más de una ocasión he soltado una carcajada solo con ver las opciones del diálogo, antes de ver incluso a dónde me lleva esa respuesta, y es principalmente porque es ese humor de raíz que funciona porque viene de una memoria cultural compartida, al nivel de “Sujétate bien, mono araña”. Ese es quizá el motivo por el que se nota que es un juego español, con ese punto de descaro afectuoso que no siempre se toma en serio a sí mismo, el humor entre gente que se conoce y que puede decirse cosas que en otro contexto sonarían fatal, pero que aquí hace que sientas que formas parte del grupo de personajes principal. Y que eso se encuentre en un juego sobre romance con monstruos del folclore ibérico hace que sea una de las cosas más nuestras que vemos en mucho tiempo.

Otra cosa que me ha gustado mucho cómo lo plantea es el uso de los clichés. Es un título que tiene bien claro que es una novela visual de romance, y eso no solo significa que pueda tener clichés, sino que los necesita para existir, porque es lo que buscamos quienes leemos cosas de ese género. El personaje tímido que resulta ser más complejo de lo que parece, el antagonista con más capas que una cebolla, o la dinámica de que hay que construir una confianza férrea para desbloquear algo más. Todo cosas muy comunes, pero que en esta ocasión se esfuerzan muchísimo para conseguir que encajen perfectamente, porque una cosa es usar clichés porque no se te ocurre nada mejor, y otra hacerlo para poder conducir el efecto que tienes en la persona que está a los mandos. Nos presentan a cada personaje utilizando una base sencilla sobre cada uno, para que sea fácil escoger qué tipo de historia es la que queremos vivir, pero una vez que estamos dentro el juego empieza a añadir capas que lo hacen más interesante, llegando hasta el punto en el que veremos la forma verdadera de cada personaje, mostrándonos visualmente el nivel de intimidad que hemos conseguido. Eso sí, durante nuestro viaje amoroso nos tocará tomar decisiones, y si bien no tenemos un nivel de complejidad de un RPG, tampoco lo necesita, porque cada ruta plantea sus reglas y sus dilemas emocionales que nos acabarán llevando a uno de sus 32 finales. Que no son pocos.

Mythic Love: Iberian Legends no es un título que quiera redefinir el género de las novelas visuales románticas, sino que quiere que nos lo pasemos genuinamente bien, que disfrutemos de esos momentos de lectura y que no nos preocupemos por nada más que saber dónde está el Coco. Es un título que sabe lo que es, para quién está hecho, y que pretende presentarnos los mitos ibéricos con cariño y sin condescendencia, dándonos a conocer a unos personajes con los que no podremos evitar querer pasar el tiempo. Eso sí, que la humanidad sobreviva o no a nuestra vida amorosa ya es un tema aparte sobre el que correremos un tupido velo. Estaba así cuando llegué.
I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

