Y la cancioncita de Judas Priest en la cabeza tooodo el tiempo, sí

Análisis de Painkiller

Análisis de Painkiller

Hace años conocí de primera mano lo que se siente al ver una película sin haber leído el libro y que me dijeran aquello de que la obra original era mejor. En realidad, tampoco hacía falta, dado que son pocas las veces que película y libro me han gustado igual. Y puede que ninguna película me haya gustado más que la obra que la inspira. Sin embargo, volviendo a aquella sensación de no conocer de dónde venía y disfrutar, no puedo evitar pensar “que me quiten lo bailao, ya decidiré si en algún momento me leo el libro… o no”. Y es que la falta de comparación a veces es lo único que necesita una obra para adentrarse en algo sin (pre)juicios. Porque las comparaciones son odiosas, sí, pero aún más cuando el original nos ha gustado o marcado especialmente. Y algo así me ha pasado, de nuevo, con Painkiller.

Llegar “tarde” a una saga, sea a través de un remake o remasterización o de su regreso con un nuevo título, tiene sus ventajas. Y la principal es no tener con qué compararlo. En este caso, además, no pude jugar a Painkiller de lanzamiento, por lo que he recibido feedback antes de adentrarme en el Purgatorio. Y aparentemente al fandom de la serie no le ha terminado de gustar por una serie de razones que puedo llegar a comprender. Sin embargo, como persona que llega a ciegas, no puedo ignorar el hecho de que me ha gustado. Simple y llanamente. He disfrutado como una enana, y me ha recordado a la tonelada de horas invertida en Left 4 Dead. Es más, me he descubierto definiéndolo como una mezcla de éste y Doom. Pero vayamos por partes.

Painkiller se define como una reimaginación moderna de la franquicia, incorporando el cooperativo online para hasta tres jugadores y la opción de jugar en solitario. Así, podremos crear una partida e invitar a otras personas con un código, dejar la sala abierta para que cualquiera pueda rellenar los huecos, o unirnos a una sesión de forma rápida. Si la partida no está en marcha, aparecemos en una sala de espera en forma de edificio gótico. Y podremos movernos libremente para seleccionar a nuestro personaje, comprar y mejorar armas y comprar o restaurar cartas del Tarot, ya que, al finalizar una incursión, se consumirán aquellas cartas que hubiéramos equipado para potenciar al equipo. Además, tanto para restaurarlas como para mejorar las armas necesitaremos almas ancestrales. Por suerte, será algo que consigamos jugando. Así como el oro necesario para comprar armas —para lo que también necesitaremos algunas almas ancestrales— y cartas.

Cadenas de enemigo rodeándonos en Painkiller.

Acumular oro será algo más sencillo que obtener almas ancestrales, dado que se encuentra repartido por los escenarios y solamente tendremos que buscarlo. Sin embargo, para conseguir almas ancestrales, deberemos completar incursiones y arenas o buscar todos los cofres dorados. Del mismo modo que para mejorar las armas deberemos cumplir una serie de misiones. Eso sí, consistirán en atacar o derrotar a cierta cantidad de enemigos de una forma determinada, algo que haremos conforme utilicemos esas armas. Además de invertir unas cuantas almas ancestrales, lo que hará necesario repetir niveles si queremos desbloquearlo todo.

Otra motivación para echar una buena cantidad de horas será conocer más acerca de los cuatro personajes elegibles de Painkiller. Información que podremos consultar, junto a otras entradas, en el códice desde la sala de espera. Además, cada campeón ofrece una pasiva a quien lo maneja, invitando a escoger según nuestras necesidades o estilo de juego. Así, Ink aumenta nuestra velocidad de restauración de la energía, Roch nuestra salud, Void el daño de nuestras armas y Sol nuestro límite de munición. 

Sin embargo, no importará tanto el personaje escogido sino cómo nos desenvolvamos en combate y cómo coordinemos nuestros movimientos. A fin de cuentas, Painkiller está pensado para jugar en equipo, y si bien los bots hacen un buen trabajo, será más divertido unirse a otras personas. Además, tenemos la opción de activar o no el chat de voz, dependiendo de nuestras preferencias o experiencias.

Del mismo modo que podemos escoger el nivel de dificultad que queremos afrontar en cada caso: Descanso, Ensoñación, Insomnio o Pesadilla. Nuestra decisión afectará a las criaturas que aparecerán y cómo atacarán y a las recompensas obtenidas al superar cada arena o incursión. Y si bien la opción intermedia (Ensoñación) ofrece un reto equilibrado, puede resultar algo caótico adentrarse en solitario. De nuevo, Painkiller está pensado para jugar y coordinarse con otras personas, a pesar de que los bots aportan más que estorban. E incluso aunque podemos dar órdenes bastante útiles a los bots, como que se mantengan sobre una plataforma o se encarguen de colocar un objeto.

Oleada con minotauro al frente en Painkiller.

Algo que se traslada tanto a los dos modos de juego disponibles en Painkiller: Incursiones y Ángel rebelde. En las primeras, conoceremos la historia a través de tres capítulos segmentados en tres secciones cada uno. Durante estos, recorreremos el Purgatorio completando pequeñas misiones. Eso sí, la primera vez tendrá que ser en orden, por aquello de dar sentido a lo que hacemos por ahí. Sin embargo, aquí viene mi gran pero. Desconozco el carácter de la historia dado que, si bien disponemos de subtítulos a múltiples idiomas, entre ellos el nuestro, no podía atender a lo que decían la Voz del Creador o mis acompañantes dado el frenetismo del juego. Al parecer, nuestro personaje y el resto de campeones están cumpliendo condena en el Purgatorio y tenemos la oportunidad de redimirnos si conseguimos detener a Azazel, el ángel caído.

Por su parte, el modo de juego Ángel rebelde introduce el estilo rogue. Es decir, avanzaremos por arenas generadas aleatoriamente cumpliendo misiones, pero escogiendo una recompensa al final de cada segmento. Y dicha decisión marcará nuestro destino. Se trata de una buena opción tanto para rascar algo de oro y almas ancestrales como para probar aquellas armas que todavía no hemos comprado. Además de un modo tan frenético como divertido en el que invertir horas tratando de pulir nuestras habilidades. En cualquier caso, escojamos Incursiones o Ángel rebelde, al finalizar veremos una pantalla con los resultados de la partida. Además de las merecidas recompensas.

Cabe decir que Painkiller cuenta con algunas opciones de accesibilidad, pero no puedo asegurar que sean suficiente para frenar el síndrome del simulador. A fin de cuentas, el ritmo de juego nos obliga a estar en continuo movimiento, desplazándonos por todo el espacio, brincando, corriendo y deslizándonos. Además de girar la cámara velozmente para abarcar tanto campo visual como podamos, con enemigos atacándonos continuamente y desde varias direcciones. También atenderemos a la posición del resto del equipo, a la presencia de objetos o tesoros y al progreso de la misión. Por no hablar de que, si nos quedamos sin munición desenfundaremos la Painkiller, un arma que convertirá a los enemigos en balas. Nada de pararse. El caos más frenético hecho videojuego.

Y es precisamente esto lo que más me ha atrapado del juego. Sumado, por supuesto, a su apartado audiovisual, donde los escenarios invitan a ser admirados y a sacar alguna captura de pantalla rápida. Y donde la melodía, lejos de resultar molesta o machacante, nos envuelve y sumerge en la dinámica del juego. Y es que igual no me ha quedado del todo claro qué pasa con Azazel o qué han hecho los campeones para acabar en el Purgatorio. Pero aniquilar oleadas de criaturas demoníacas me parece un pequeño precio a pagar por la redención. Además, con un alto componente desestresante, que nunca está de más como añadido inesperado.

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Aonia Midnight
Aonia Midnight @AoniaMidnight

Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie

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