Fortunata y Jacinta

Análisis de Fire Emblem: Fortune’s Weave

Análisis de Fire Emblem: Fortune’s Weave

Desde hace algún tiempo, las nuevas entregas de grandes sagas consolidadas se cruzan en mi camino, obligándome a ponerme las pilas y descubrir esos universos que iba posponiendo por falta de tiempo. Como os podéis imaginar, esto es lo que me ocurrió con Fire Emblem: Fortune’s Weave, porque a pesar de las ganas que tuve en su momento de jugar a Three Houses (sobre todo por culpa de mis compañeras), se quedó en pausa como todos los demás títulos de esta saga de más de 30 años de historia. Eso, en parte, es una ventaja, porque llego aquí con las manos vacías, sin deberle nada a nadie y sin tener que comparar con nada para saber si se trata de una evolución, una ruptura de molde o un simple homenaje. Entro sola, pudiendo contar de primera mano qué hace este juego siendo alguien que no sabe dónde se está metiendo, y eso os puede dar una idea sobre si deberíais dejar de lado las listas de títulos obligatorios antes de jugar a Fire Emblem: Fortune’s Weave y, simplemente, disfrutarlo. Que, con los videojuegos, muchas veces olvidamos que eso es una opción. 

Lo primero que tengo que decir sobre este juego es que es enorme, de los que sabes perfectamente que va a quitarte muchísimas horas de tu vida incluso antes de empezar la partida, esos pozos tan temidos como disfrutados. Y para ello nos coge de la mano y nos lleva al Imperio Dagdano, unas tierras que prosperan gracias a los dioses y en las que se celebran los Juegos Heroicos, un torneo en el que la persona que gane obtendrá un deseo concedido por el Soberano Divino, cosa que atrae a la gente como la miel a los osos. El juego nos presentará a nuestros protagonistas, Cai, Dietrich, Theodora y Leda, como los guerreros que, cada quien por su propio motivo, se presentan a dicho torneo, permitiéndonos conocer cada detalle de la vida que los llevó hasta allí. Esas cuatro rutas, que no son historias sueltas, empiezan presentándonos a cada personaje, sus conflictos y qué les empuja a competir, llevándonos al objetivo de querer ganar en los Juegos Heroicos. Más tarde, las cuatro rutas acaban convergiendo en una sola, por lo que cada cosa que hayamos hecho en nuestra partida cuenta en el final del mismo. Podría decirse que los Fire Emblem son como los otomes y tienen un orden de ruta recomendable para jugar, y en esta ocasión eso también se cumple, porque personalmente creo que Cai es la mejor ruta para empezar (y la que personalmente elegí), y Theodora la mejor para terminar. Pero nadie os va a juzgar, así que id a conocer a quien más os apetezca en cada momento. 

Una cosa que me sorprendió muchísimo de Fire Emblem: Fortune’s Weave es lo poco que me costó meterme en él. Muchas veces, cuando vienen de sagas tan largas, los juegos exigen un conocimiento previo para saber de qué está hablando cada uno. Aquí esto no sucede, o al menos no levantando un muro ante nuestra cara. No voy a decir que no es mejor conocer la saga, porque no tengo ninguna duda de que cualquier fan vio muchísimo más que yo en cuanto a lore se refiere, pero sí que puedo asegurar que va metiéndonos en el mundo poco a poco, confiando en que vayamos entendiendo todo a medida que vamos jugando, usando una fórmula que nos va enganchando a medida que vamos descubriendo detalles. Los sistemas se van abriendo mientras vamos jugando, nos explican todo lo que nos haga falta sin llevarnos de la mano de forma exagerada y nos cuentan gota a gota la historia de un mundo muy antiguo. 

A pesar de que tenía cierta reticencia en cuanto a lo que me gustaría el combate, tengo que reconocer que toda la estrategia que nos plantean en cada uno de ellos consigue convertirlos en algo más que un simple trámite, empujándome a disfrutarlos mucho más de lo que esperaba. Esto pasa, precisamente, por el hecho de no poder ir a lo loco, sino que tenemos que decidir dónde colocar cada unidad, a quién mandamos adelante, a quiénes protegemos y, sobre todo, qué riesgos estamos dispuestos a asumir, porque si improvisamos el juego nos va a castigar. Eso sí, si dirigimos bien el combate también nos recompensará de una forma muy satisfactoria, mostrándonos que todo puede salir bien si realmente atendemos al terreno y a los enemigos. 

Quizá la clave de esa estrategia de Fire Emblem: Fortune’s Weave está en dos tipos de ataques diferentes a los base. Por un lado tenemos las técnicas de combate, que son ataques más potentes que los normales, pero que se pagan con la durabilidad del arma, por lo que hay que gestionarlos bien y sin abusar para que no nos quedemos sin algo que nos pueda hacer falta más adelante. Por otro lado, tenemos las técnicas de ignición, que son habilidades especiales y que, por el contrario, cuestan puntos de vida, dejando aún más claro que no podemos abusar de ellas. Ese sistema hace que cada turno nos cuestionemos si merece la pena sufrir daño para hacerle más daño al enemigo, calculando el riesgo y las posibilidades de que nos reviente el enemigo en su siguiente ataque si no conseguimos matarlo. 

En cuanto al apartado audiovisual, tengo que decir que es un título que entra por los ojos antes de que hayamos entendido nada de lo que está pasando, porque además de verse bien tanto en dock como en portátil, los personajes tienen una expresividad y una personalidad que nos empujan a querer conocerlos, y sus diseños se adaptan perfectamente tanto al 2D como al 3D. El sonido también nos acompaña en todo momento, con la epicidad en los momentos que más la necesita y la tranquilidad de lo cotidiano en esas partes tranquilas que sirven de transición. Otra cosa que también me gustó mucho son sus múltiples referencias a España, que combinadas con una traducción buenísima hacen que reconozcamos muchos lugares como nuestros, a pesar de toda la fantasía que les rodea. 

Fire Emblem: Fortune’s Weave es un título perfecto tanto para fans de la saga como para gente que quiere meterse en los pozos de horas que son estos juegos. Yo no os puedo decir que sea el mejor Fire Emblem, porque no tengo con qué compararlo y sería completamente deshonesto, pero sí os puedo decir que me he divertido muchísimo jugando. Es más, si tuviese que ponerle alguna pega, sería la cantidad de horas que necesita para disfrutarlo a fondo, ya no solo por lo que dura este juego, sino por las ganas que tengo de coger todos los anteriores y encerrarme a jugar uno tras otro hasta que me ponga al día. Si es que no me podéis dejar sola con el lore, porque luego pasa lo que pasa.

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Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

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