Mi terapia es una maza de diez kilos.
Análisis de Virtue and a Sledgehammer
27/10/2026 | Meren Plath | No hay comentarios
A veces, la respuesta a un problema, a la frustración o a nuestra propia angustia es la violencia. Esa reacción visceral que nos aprieta las entrañas y que, al soltarnos, nos deja con esa sensación de calma pero también de angustia. Es complicado, en ocasiones, transmitir sentimientos tan complejos a través de un videojuego, pero Deconstructeam ha sabido enmarcar la violencia, el desánimo, el trauma y otras reflexiones alrededor de todo ello de manera magistral en Virtue and a Sledgehammer.
Sin querer hacer mucho spoiler de la historia, nuestra protagonista vuelve a su pueblo natal en busca de venganza, mientras reflexiona sobre su vida, sus recuerdos, su familia e intenta procesar la sensación de no pertenecer al sitio donde nació, se crio y creció. La historia es igual de sutil que los mazazos que propinamos, y no pretende dulcificar ni ocultar nada. Es una experiencia de entre 3 y 5 horas cruda, violenta y visceral que nos hace reflexionar sobre nosotres mismes, sobre nuestra vida y nuestras experiencias.
Lo más representativo de Virtue and a Sledgehammer es, sin duda, el mazo con el que nos armamos y empezamos nuestra particular batalla contra ese pueblo, los androides… Casi todo lo que nos rodea se puede romper. El hecho de poder arrasar con casas enteras, destruir mesas y todo tipo de cosas es muy catártico, y no me di cuenta de cuánto lo necesitaba hasta después de la primera hora de juego, cuando había destruido todo lo que podía tener el escenario. Las físicas de destrucción están muy logradas y es de lo más satisfactorio que he tenido el placer de ver y jugar durante este año.
Es muy disfrutable ver cómo las casas ceden al destruir gran parte de las paredes, o cómo el tipo de fuerza que ejerzamos contra un muro abrirá un boquete más grande o más pequeño. Y, a pesar del enorme grado de destrucción que podemos infligir en muchas de estas áreas, el rendimiento no baja prácticamente en ningún momento. Es posible que las dos pequeñas bajadas de fotogramas que sufrí, en dos momentos muy concretos, se deban a mi propio ordenador, pero más allá de eso, el juego funciona muy bien, muy suave y sin tirones ni otro tipo de problemas. Hay que destacar también el paso de 2D a 3D en este título de Deconstructeam, y para ello han contado con la ayuda del estudio Selkie Harbour. El cambio de perspectiva era muy necesario para este juego, porque de otra manera no hubiera tenido el mismo impacto. Y como decía antes, la construcción de las áreas, el diseño de escenarios y todo es espectacular, y está muy logrado. Además, el juego con mando (solo de Xbox) es excelente. Solo necesitamos los gatillos para aplastar con la maza, y los joysticks para movernos por el mapa y mover la cámara. Controles sencillos para no perdernos nada del resto de esta experiencia.

Siguiendo con el gameplay, nos iremos moviendo por varias zonas, y gracias a esta facilidad para destruir, trazaremos nuestro propio camino, más allá de los senderos que nos marque cada zona. Tendremos segmentos un poco más tranquilos, otros decididamente angustiosos, pero todos están diseñados para hacernos reflexionar y pensar en lo que está pasando y en las motivaciones de Pratelle. Sin querer hacer spoilers, tendremos momentos de flashbacks donde iremos aprendiendo más sobre la vida de nuestra protagonista, el pueblo y todo lo que la rodea.
Virtue and a Sledgehammer trata temas que pueden resultar incómodos o poco agradables para algunas personas, y nada más abrir el juego, hay una advertencia de contenido sobre lo que podremos ver a lo largo de nuestra partida. Se habla de la eutanasia, el bullying, las relaciones abusivas y el racismo, entre otros temas, y se habla de ellos con mucha sensibilidad, sin burlas o sin endiosar ninguna de estas actitudes. El respeto con el que está hecho cada píxel y diálogo de este juego es encomiable, y sirve no solo para contarnos una historia sino para reflexionar sobre nuestras vivencias. Aunque no se encuentre relación con algunos temas de los que toca, es posible que acabe evocando muchos otros que pueden no tener relación con ellos. Es un juego muy personal, y cuya experiencia puede variar bastante de una persona a otra, pero siempre va a hacer pensar a la persona que esté jugando.
La música y todos los efectos sonoros están perfectamente hilados con lo que nos va contando Virtue and a Sledgehammer, y me encantaría tener ya la banda sonora entre manos para poder escucharla con calma. Es ambiciosa, es penetrante y no se hace para nada pesada. Cada escena, cada zona… Todo tiene una música que encaja perfectamente con ella, igual que el resto de efectos de sonido. Termina de meterse bajo la piel en los momentos más tensos, y casi que contiene la respiración con nosotres en las escenas más sobrecogedoras. El estilo gráfico también acompaña magistralmente al guión y a la música, con guiños a elementos y objetos que vemos en nuestro día a día. Desde lugares tranquilos y plácidos a zonas donde se nos ponen los pelos de punta, todo está hilado con suma maestría.

El juego está disponible en varios idiomas, tanto en español como en inglés. Merece mucho la pena jugarlo en el primero por los guiños, juegos de palabras y otras particularidades que se aprecian mejor en nuestra lengua. El resto de idiomas aparecen perfectamente acreditados al final del juego.
No hay mucho más que pueda decir sin destripar totalmente Virtue and a Sledgehammer. Volviendo a la idea que planteaba al principio, es un juego totalmente catártico, una historia sobre nuestra humanidad, nuestros recuerdos y cómo elegimos a veces enfrentarnos a ciertas cosas que no son en absoluto sencillas de gestionar. Habla de nuestro propio espíritu, de la empatía, y en algunos momentos nos obliga a hacer examen de conciencia. En poco menos de cinco horas, Deconstructeam logra reventar nuestros cimientos de una manera hermosa y destructiva, y nos obliga a tomar decisiones duras, a plantearnos escenarios que no hemos visto nunca. He llorado, me he sentido muy liberade en algunas partes y en otras he sentido una punzada en el estómago por todo lo que me ha hecho recordar. Virtue and a Sledgehammer es sutil como un mazazo de diez kilos en la cara, y se agradece no solo esa hostia de realidad, sino toda la valentía que encierra.
be gay do crime take a nap. soy arándano de Animal Crossing. CEO de las Movidas Nucleares™, testeadora, presento el pugcast, doy mazo la chapa.

