Si oímos las palabras “Grand Theft Auto”, ¿qué es lo primero que se nos viene a la cabeza? Posiblemente violencia, sexo, coches chocando a toda velocidad, libertad para hacer lo que queramos y polémica, mucha polémica. Eso último en especial fue lo que trajo esta quinta entrega de la compañía Rockstar cuando salió a la luz en 2013. Se habló de escándalo, censura, violencia desmedida, sexo explícito y límites traspasados. El mundo entero se llevaba las manos a la cabeza o a los bolsillos y no había medio que no se hiciera eco de la llegada de uno de los videojuegos más caros y vendidos de la historia con los más de 200 millones de dólares empleados en su realización y las 11 millones de copias vendidas durante sus primeras 24 horas. Por todas partes veíamos titulares hablando de «ejecuciones, masturbación y marihuana» (Público.es), de «violencia, sexo y lenguaje soez» (CNN), y otros como esta introducción de MeriStation que no se anda con rodeos: «Roba, extorsiona, secuestra, trafica, asesina. Vive al límite».
Incluso sin la fama que le daban los títulos predecesores, la quinta entrega de GTA estaba destinada a convertirse en un fenómeno sensacionalista del que hoy vengo a hablaros desde otro ángulo, porque más que la prostitución, las drogas y la violencia, lo que a mí me ha impactado de este Grand Theft Auto ha sido cómo la visión amoral que da del mundo ha sido capaz de retratar tan bien la esencia de toda una sociedad.
No era mi primera vez con la franquicia, ya había jugado a GTA: San Adreas y GTA IV, este último mucho más interesante en mi opinión que el primero, que aparte de diversión y de la euforia de la novedad (fue mi primer GTA), no me aportó mucho más. Con la cuarta entrega noté una gran mejoría. La jugabilidad y el estilo eran casi idénticos, pero vi una intención crítica en muchas escenas y diálogos de la mano de su protagonista, Niko Bellic, un inmigrante serbio que llega a la dorada Liberty City (Nueva York) con promesas y sueños que sólo allí son posibles, y que pronto se convierten en decepción y cinismo. Niko entra en la brillante ciudad para descubrir que contiene tanta basura y mentiras como cualquier otro sitio. Con esto, GTA IV abrió un nivel distinto hasta entonces no explorado en la saga, una profundidad carente en su anterior entrega, y que aparecería mucho más trabajada en la siguiente.

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“Insane” y “Big Fish”, de Luis Quiles.

Si os soy sincera, sabía que GTA V me daría diversión y muchas horas de juego frenético. Fui escéptica con los comentarios que lo describían como un escándalo lleno de sexo y violencia desmedida. ¿Hay sexo? Como en todos. Podemos ver más desnudos y un par de escenas subidas de tono, además del típico rato con la prostituta de turno, nada especial. ¿Hay violencia? Sí, y más explícita que en los anteriores, pero de nuevo nada sorprendente si tenemos en cuenta que se trata de un GTA. Si habéis jugado seguramente estaréis pensando en la escena de la tortura. Se ha hablado mucho de ella, y yo también lo haré, pero vayamos en orden. Decía que fui escéptica, suelo serlo cuando algo genera reacciones exageradas, y en ese sentido me he visto sorprendida, pero al mismo tiempo he encontrado lo que esperaba.
GTA V es un gran juego en todos los aspectos convencionales; a nivel técnico, sonoro, trama y personajes es impecable. Ha resultado mejor de lo que yo imaginaba, pero lo que me ha sorprendido no han sido los bailes privados de las strippers ni los efectos del porro que te hace ver a una panda de alienígenas asesinos, ni tampoco las misiones de matanza de Trevor, en las que debes aniquilar, entre otras, a más de veinticinco hipsters en tres minutos. Lo que me ha sorprendido es algo que los medios apenas mencionan y que no todos los análisis comentan cuando, personalmente, considero que se trata de uno de los elementos más destacables. Y estoy hablando de la gran sátira que es Grand Theft Auto V.

Que haya elegido el trabajo de Luis Quiles para ilustrar este artículo no es casual. Su arte esconde un mensaje furioso, y el estilo provocativo, obsceno en muchas ocasiones, es similar a lo que, en mi opinión, pretende transmitir este GTA. Es sorprendente, o quizá no tanto, que la polémica la originen un par de pezones y una escena de tortura y no el guantazo que esta entrega le da a la cultura occidental, poniendo a EEUU como la representante culmen de los valores por los que se rige actualmente nuestra sociedad. Y digo que quizá no tanto por un hecho alrededor del cual gira gran parte de la crítica que hace el juego: el afán del ser humano por lo morboso. Nos atrae lo sórdido, lo escandaloso, lo indebido, y Rockstar lo sabe. Resulta irónico que sea esto de lo que se sirve GTA para venderse, porque así se convierte justo en lo que critica, lo cual puede interpretarse como un fracaso de intencionalidad comunicativa o como una manera de convertir su burla en una genialidad.

No pocas veces se ha descrito a GTA V como un título provocador por mostrar violencia, misoginia, racismo y corrupción, como si el propio juego tuviera poder para fomentar algo de lo que el mundo ya está más que servido. De hecho, aunque la realidad que se refleja pretende ser una exageración, lo cierto es que no se diferencia de la que nos rodea tanto como a muchos nos gustaría. Es fácil que las ventas descomunales y el ruido de la prensa, así como la propia naturaleza “salvaje” del juego, sepulten la burla que nos acompaña durante toda la historia.
Cuando comenzamos, no obstante, lo que encontramos más bien es un déjà vu que nos lleva a CJ de GTA: San Andreas, provocado por el primer personaje jugable al que podemos acceder: Franklin.
Franklin es el más joven de los tres protagonistas, y también el más inexperto desenvolviéndose en el mundo del crimen. Es el típico personaje surgido de un entorno poco favorable cuyos deseos son ganar dinero, vivir en una casa mejor, tener un coche mejor y todo tipo de comodidades. Sin embargo, su ambiente no se lo permite, y por este motivo vive entre la decepción y una frustración constante. Entonces conoce a Michael de Santa, el segundo personaje jugable de GTA V, que es exactamente todo lo que Franklin desea.
Michael ya ha llegado a esa cima tan ansiada de dinero, lujo y consumismo exacerbado, pero a pesar de ello lo que vemos no es a un hombre realizado, ni muchísimo menos, sino a un tipo aburrido, incapaz de encontrar su lugar en su propia casa, en su familia, en el mundo. Michael no ha sido capaz de hallar la paz que creía que alcanzaría una vez lo tuviera todo, y con él empieza la crítica que iremos viendo a menudo sobre el vacío consumista, esa farsa que cada día se nos vende sobre que para sentirnos bien debemos comprar, tener cosas mejores, casas más grandes, piscina, un televisor como una pared y un descapotable en la puerta. El juego se ríe de estos valores y echa por alto la concepción de que una vez que alcancemos aquello que queremos la angustia y los problemas desaparecerán, y la famosa autorrealización llegará para convertirnos en personas felices.

“Ve a la universidad y así podrás timar a la gente y cobrar por ello.
Se llama capitalismo”.

Hasta ahora tenemos a Franklin en el escalón más bajo y a Michael en el más alto. Ninguno tiene lo que quiere, ninguno es feliz.
Y entonces conocemos a Trevor.
Es prácticamente imposible etiquetar a este personaje, algo que incluso se menciona dentro del propio juego. ¿Qué es Trevor? Es un maníaco y un psicópata, sí, pero eso ni se acerca a describirle. Tal como dice Michael en una escena, Trevor es «el infierno caminando por la tierra». Es un personaje al margen de todos los valores y normas por los que se rige la sociedad y (curiosamente) te lo presentan como un loco imprevisible, un ser bizarro repleto de contrastes. Lo que sorprende de Trevor, además de su manera de comportarse, es que por mucho que engrosemos su cartera seguirá conduciendo una camioneta destartalada, viviendo en una choza en mitad del desierto y vistiendo de las maneras más cutres y variopintas que podáis imaginar. Es evidente que uno de los principales motivos para crear a este personaje fue dar total libertad de conciencia al jugador para hacer cuanto desee dentro del juego. Aunque no hay ningún tipo de limitación con los otros dos protagonistas, inconscientemente sentiremos que cuando manejamos a este hijo del Averno todo es posible. Pero la presencia de este pez fuera del agua podría interpretarse también (y esta es una apreciación personal) como la manera que GTA tiene de decirnos que el caos y la locura podrían ser el resultado de vivir completamente ajenos a nuestro sistema regido por el consumismo y el capitalismo, igual que la hormiga descarriada de su fila que comienza a dar vueltas, confundida, directa a su propia destrucción.
De la mano de Trevor vivimos una de las escenas más polémicas que ha tenido el juego, en la que torturamos a un hombre para sacarle información. Todo el mundo habló de esta escena y, sinceramente, no me ha parecido para tanto. Te hace sentir incómodo, pero no más que cuando ves violencia en televisión, y ya no hablemos de la que aparece en las noticias. Si cada vez que ocurre un desastre en el mundo nos bombardean con imágenes de cadáveres, muertes y sangre una y otra vez, a cualquier hora, lo llamamos periodismo, pero si aparece en un videojuego, lo llamamos provocación e instigación a la violencia. Y no olvidemos que este último se trata de un producto catalogado para mayores de edad que sólo es accesible si pagas por él. Sí, todos estamos de acuerdo en que la escena de la tortura de GTA V es desagradable, pero el matiz viene cuando vemos que no se lleva a cabo por placer, como podía pensarse teniendo en cuenta que se trata de Trevor, sino bajo las órdenes de agentes del FBI, para los que trabajaremos en varias ocasiones.
Las menciones a la corrupción en GTA V son bastantes y muy descaradas. En cierto momento estos mismos agentes dicen algo como «en el gobierno hay mucha corrupción», y no nos pasa desapercibida la manera de reaccionar de los tres protagonistas, idéntica a las posturas de los tres monos sabios, cuyo significado siempre se ha relacionado con mirar a otro lado ante la injusticia.
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Pero la corrupción no es lo único de lo que el juego se mofa, sino que la burla engloba a toda la cultura americana, y el racismo o el espíritu patriótico no son una excepción. Los “Milicianos al servicio de la patria” son un gran ejemplo de ello. Estos dos tipos están obsesionados con limpiar el país de inmigrantes, lo que no deja de ser irónico teniendo en cuenta que uno de ellos es ruso y no habla nada de inglés. El absurdo llega a su máximo exponente cuando vas a la caza de dos mexicanos y al bajar del coche ves que están vestidos de mariachi, o cuando el miliciano ruso dice que deben proteger la patria de los europeos porque podemos cometer genocidios y al segundo siguiente se mete en la furgoneta para ir a por un ilegal al grito de «Libertad. Fraternidad. Igualdad».

Tampoco se queda atrás el toque a las redes sociales caricaturizadas bajo el nombre de Lifeinvader, o la exageración del adolescente promedio americano encajada en los clichés andantes que son los hijos de Michael, donde el chico es un desagradecido que se pasa el día jugando a videojuegos violentos y comiendo porquerías, y la chica sueña con ser famosa y no duda en usar su cuerpo de la manera que sea para conseguirlo. En este punto diré que el mundo de GTA siempre ha sido absolutamente machista, y en esta entrega no se queda atrás. Todos los personajes femeninos están ahí por un interés sexual, y la presencia del feminismo se trata como una parodia más. Sinceramente creo que si Rockstar quisiera podría introducir mujeres bien construidas con función propia y seguir en su línea de sátira escandalosa sin que ésta se viera afectada en absoluto.
No obstante, la concepción social de mujer como producto, como objeto y reclamo para el hombre está perfectamente plasmada en el juego. Tengamos en cuenta que GTA V no pretende aleccionar ni dar moralejas, sino a satirizar lo que ya existe. Las críticas aparecen en tantísimos detalles y momentos que sería imposible recabarlos todos, porque muchos, además, los encontramos en misiones aleatorias que no tienen importancia para la trama principal, pero en las que a veces encontramos verdaderas perlas como el autoestopista ricachón que nos dice que «el dinero no da la felicidad, pero paga al terapeuta que te ayuda a superar lo infeliz que eres».

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“R-Evolution”, de Luis Quiles.

En definitiva, este tipo de diálogos habituales que pueden pasarnos totalmente desapercibidos son una muestra del estilo general con el que Rockstar construye su burla y nos expone su reflejo de la socidad. Ninguno de estos elementos están ahí por casualidad, hay una intención tras ellos, abierta en muchos casos a la interpretación, y cae en manos del jugador el darles un sentido o quedarse en la superficie. En cualquier caso la diversión y las risas están aseguradas, pero opino que si dedicamos una mirada más concienzuda a GTA V, a todo ese humor ácido que no deja de esconder un desencanto y un gran cinismo por el mundo en el que vivimos, la experiencia jugable mejora muchísimo y lo reafirma como título imprescindible, el mejor sin duda de una franquicia que ha marcado a toda una época.

Imagen destacada, “Capitalism”, de Luis Quiles.

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