¿Quién no ha soñado alguna vez con vivir en una isla del Caribe? Ahora imaginad que no sólo vivís en ella, sino que la gobernáis. Pero nada de hacerlo de forma democrática, no vaya a ser que te salgan ciudadanos con opiniones propias, y decidan que tener una cuenta en Suiza con alguna herencia no sea lo más adecuado. No, en Trópico 4 seremos una dictadora (o dictador) que gobernará a sus ciudadanos de forma férrea y difícil, porque ¿quién dijo que ser dictadora fuera una tarea simple?

Trópico 4 es un juego de estrategia de gestión de ciudades, bastante complejo por la cantidad de variables a tener en cuenta. También debo decir que yo no soy una jugadora de este tipo de juegos, y me sacas de la recolección de los cacitos y me pierdo. De hecho, el motivo por el que lo he jugado es porque la HumbleBundle Store lo puso gratis hace unos meses. Aclarado el hecho de que esta clase de juegos no se me dan bien, paso a hablaros de la campaña, que me he pasado entera.

Empezaremos eligiendo nuestro personaje, que podrá ser un dictador gobernante histórico, o alguien a quien creemos de cero, con un pasado y una serie de características. Podremos escogerlas al inicio de cada misión de campaña, ya que cada una de ellas tendrá unas penalizaciones o beneficios, que puede que nos vengan mejor. Una vez hecho esto, empezamos nuestras andanzas en una isla del Caribe, en la década de los 50, en plena Guerra Fría, donde el General Santana nos irá mandando de una isla a otra, para que pulamos nuestras dotes dictatoriales de gobierno. Y este es uno de los defectos que tiene el juego: empezar de cero cada nueva misión de la campaña. Esto hace que los primeros años de gobierno los dediquemos a crear una industria que nos dé dinero, y tener a nuestros ciudadanos y generales felices para que no se nos rebelen y se acabe la partida. Eso cuando no vienen desastres naturales uno detrás de otro, que te destruyen ese edificio básico para tu economía, justo cuando no tienes dinero para reconstruirlo.

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También puedes jugar a los parecidos razonables. Fuente: captura propia del juego

Y es que en el juego hay muchas variables. Muchas. Debes mantener felices a tus ciudadanos, a las diversas facciones y a las potencias extranjeras. Y además ir cumpliendo las misiones de la campaña y mini misiones que te manden a lo largo del juego. Y no olvides que tienes que desviar fondos a Suiza, que las herencias no se consiguen solas.
Otra cosa a destacar es que el juego tiene humor. Mucho humor. Desde personajes con un sospechoso parecido a figuras públicas a las extravagantes peticiones de Penúltimo, tu fiel lacayo. Y estas peticiones no serán sólo de Penúltimo, sino que las diversas facciones de la isla también tendrán exigencias ridículas, como “el pueblo se muere de hambre”, “hay mucha delincuencia” o quejas de que parezca que estamos en el Londres de la Revolución Industrial. Como he dicho, debes mantener contentos a todos, o se te rebelan, y si te destruyen el palacio, fin de la partida.

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A esto me refiero con muchas variables. Fuente: captura propia del juego.

Mantener felices a los ciudadanos no será sencillo, ya que depende de muchas cosas, y deberás construir diversos edificios para que surta efecto. Y no se construye rápido, ya que los trabajadores deben acercarse al edificio y ponerse a ello, y puede que tu dictadora deba acercarse a comprobar que trabaje toda esa panda de inútiles.
En cuanto a las facciones, es aquí donde debes mantener el equilibrio, porque muchas de las acciones que hagas alegrarán a unos y enfadarán a otros: si restringes la libertad, los generales estarán felices, pero no los intelectuales; mantener contentos a los comunistas disgustará a los capitalistas; mantener feliz a la URSS disgustará a EEUU en ocasiones… Y así con todo. La campaña me la acabé pasando por ensayo y error: avanzar mucho en la misión, ver qué me van a pedir, e ir administrando todo para cumplir rápido las peticiones cuando me toque reiniciar el mapa, antes de que un grupo salvaje de tornados me ataque.
Sí, tornados que te ataquen, porque aunque el juego está muy bien localizado y doblado (salvo en el vídeo final, que se superponen las voces y es horrible), le fallan algunos detalles de revisión, ya que  en algunas misiones he tenido que construir edificios a voleo hasta encontrar al que se refería la misión.

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Tornados enemigos. Ajám. Fuente: captura propia del juego.

Y sobre construir, el menú de construcción es mejorable, ya que más de una vez me he vuelto loca buscando el edificio para construir y he tenido que ir submenú a submenú, y luego buscar en Internet donde está el centro comercial, o el decreto que buscas, que sigue la misma gestión. También que prima la imagen antes que el texto, y a mí eso me dificulta buscar, más que ayudar.
Para terminar quiero mencionar la música, que es con ritmo caribeño y canciones, pero que al par de misiones se acaba volviendo muy repetitiva.

Pese a estos fallos y la desesperación, no está mal. Es un juego que te reta, y si tienes paciencia en la construcción de edificios y conseguir dinero, te gustará. Y aunque sea te echas unas risas.

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Vetinari tenía razón con los mimos. Fuente: captura propia del juego

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