Oh, las tiendas de objetos. Items, magia, equipamiento, armas… Son sitios más que recurrentes en nuestras aventuras dentro y fuera de los videojuegos*. Puede que no siempre tengan lo que necesitemos, o que se piensen que somos capaces de vender nuestros elixires y nuestros órganos vitales por y para ellos. No, por supuesto que no, pero nunca nos hemos parado a pensar lo que es ser un propietario de una tienda de tanta relevancia para el aventurero y para el vecino de al lado.

No os preocupéis, para eso está esta aventurilla.

Kingdom’s Item Shop, desarrollado por Pumo y Asobox y publicado por Circle Entertaiment, es un juego para Nintendo 3DS en el que simularemos ser la heredera (o heredero) de la tienda de objetos de nuestra familia y que deberemos mejorar hasta convertirla en el Kingdom’s Item Shop, la señora de las tiendas, la tienda en la que el mismo rey vendría a por sus chicles favoritos**. Para eso tendremos que ir superando diferentes objetos en referencia al patrimonio y la reputación de la tienda. No os preocupéis, a esas dos cosas vamos ahora mismo, como núcleo del juego que es.

Para ir ganando esas moneditas y billetes necesitamos vender todo tipo de bienes a nuestros queridos clientes. Bien, obvio estando en la economía que estamos. Pero, ¿de dónde sacamos las cosas para vender? De las dungeons y del resto de las tiendas.

Hablemos de las dungeons. Es aquí, en diferentes sitios en las cercanías del reino hay diferentes ecosistemas para aprovechar sus materias primas. Recordad, somos comerciantes, no aventureros, y necesitamos de alguien que nos proteja de las bestias de la naturaleza por nosotros. Por suerte, siempre tendremos a mano 3 tipos de mercenarios: soldier, mage y archer (vamos, los espadachines, magos/as y arqueros/as) y estos cumplirán dos comandos: ataca y defiende. A lo largo del camino al imperio comercial podremos ir aumentando el número de mercenarios que podremos llevar en una expedición, además de que ellos mismos suben de nivel (tampoco tienes ningún acceso a ninguna pantalla de stats, la cosa es que pegan más duro). Las dungeons en sí carecen de cualquier exploración o búsqueda y todas funcionan de la misma manera: aparece monstruo, hay ataques por ambos lados, el enemigo deja caer su objeto en cuestión, intentas recoger los objetos sin morir en el intento, así sucesivamente hasta 1) que tu equipo muera y se termina la exploración o 2) llegas al jefe de la zona (un bicho más grande que el resto), 2.1) mueres 2.2) le vences y te llevas sus materiales con un cofre y sus tesoros. Por otro lado, podremos diferenciar unas zonas de las otras, sus diseños aunque típicos no son feos de ver, cumplen bastante bien, son bastante agradables y se puede diferenciar unos de otros. La música también es divertida y tiene los tintes más que necesarios para saber que estamos en una fantasía medieval y casi en una épica, podemos decir claramente que su función de ambientación la cumple perfectamente.

Ya que hemos terminado nuestra expedición, pongamos que hemos conseguido todos los materiales.

Tenemos agua, tenemos grano. Lo podemos vender directamente e ir ganando unas pelillas, son necesidades generales de la población. ¿Pero por qué vender agua y grano pudiendo ir a la panadería y vender el pan que ellos mismos hagan? Estamos en una fantasía (económica) medieval, así que olvidaos de la competitividad y el márketing y vayamos a lo que nos interesa:

EL MERCADO.

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[Menos el esmoquin, el esmoquin es atemporal. Foto recortada del trailer de Circle Ent., aparecerá al final del artículo]

En nuestro pequeño burgo podremos hablar con hasta 4 diferentes comerciantes: alimentación (Carrot), herrería (Marce), trajes (Mode) y magia (Larses). Como ocurre con las dungeon, estos cuatro personajes a nivel de mecánicas funcionan igual: por un lado, tendrás un cierto número de acertijos (en inglés, porque este juego solo está traducido a este idioma) que te darán paso a la receta que resuelve el acertijo, por otro lado, puedes intentar mezclar hasta un máximo de 3 ingredientes posibles para ver qué sale y la lista de receta que ya tienes para cuando quieras o necesites ese producto otra vez. Cada uno de estos personajes también están definidos y tienen algún conflictillo: relaciones materno-filiales, el miedo a estar siempre a la sombra y el legado, la idea de que no puedes olvidar lo básico porque estés haciendo cosas difíciles y seas un zumbado de la vida, o el irse abriendo (tanto tú personalmente como el pueblo con sus gustos y dineros). Estos 4 propietarios me han caído bastante bien aun siendo ciertos roles y prototipos andantes con unos cuantos diálogos. Puede que esto sea un poco spoiler si os ha picado la curiosidad del juego, así que ahí va spoiler: la que más lo han sido son la cocinera y su hija, con su conflicto de querer escapar de las tradiciones familiares para luego comérselas de lleno —nunca mejor dicho— gracias al “cocinar por el marido”. Me chirría bastante después de ver ciertos aspectos previos, o quizás es porque esos otros aspectos no los he pensado bien.

Fin del minispoiler. Pero no del artículo. Sigamos.

Como sois personas que os preguntáis cosas, no me importa el qué, os estará rondando por la cabeza por qué voy a querer hacer pan y hierro y cremas si vendiendo agua y grano puedo ganar dinero. Eso es porque tenemos incetivos y obligaciones para con el burgo. Nuestro incentivo es que cada artículo posee una bonificación distinta para nuestras expediciones si llegamos a vender un cierto número. Nuestra obligación son los pedidos, recaditos que variopintos personajes del burgo nos dejarán caer y si les respondemos con el producto preciso conseguiremos dinero y puntos de reputación. Es mediante esta mecánica de los pedidos que conoceremos algunas historias curiosas que se escapan de los mercados y los puestos de venta: chicas que se quieren dedicar al espectáculo, niños detective que buscan al sospechoso número 1, niñas que necesitan ayuda con su primera mascota, críticos de la cocina y de las armaduras, hombres de pocas palabras y otros que te cuentan cada paso que dan en su turno de guardia. En especial me gustaría contaros la historia de una mujer luchadora a la que intentan meter la “feminidad” con un embudo pero ella ha sido siempre más de atizar gracias a las artes marciales, algo que en este juego siempre aparece con los personajes masculinos. Lo que más me gusta de este personaje en cuestión es cómo encaja la feminidad: se podría esperar de alguien así que se niegue en banda y lo mire mal, pero ella no, lo ve como una nueva forma de entrenamiento y de fortaleza, encontrado su propia visión. Es un detalle muy pequeño, pero entre esa y la historia de la niña y su mascota (a falta de Perro-pollo) son las que más me han gustado.

[Al menos los nombres de las zonas y los ataques chulis tienen nombre de comida. Minipunto para vosotros, equipo]

Ya tenía noción de este juego desde hace algunos meses, pero fue la oferta de Navidad la que me empujó a comprarlo y probar. No diré que ha sido la experiencia del año pero me ha sorprendido. Sí, me esperaba la exploración de mazmorras un poco más elaborada, pero el juego me recuerda bien que soy la mercader y no el espadachín (podría ser las dos perfectamente, pero con Don Dinero ya tenemos poderoso caballero), lo mío es dejar los artículos más nuevos o más numerosos en el mostrador y esperar a que lancen su cartera contra mi bolsa; sin embargo, no me arrepiento de esta compra. Ha sido un buen entretenimiento con detalles que me han llamado la atención tanto de la buena forma como de la mala forma.

Lo tenemos solo en la eShop de Nintendo 3DS a 5€ y me parece un precio más que justo, incluso con esas partes del juego demasiado simples como la recolección de materia prima. No sabía cómo iba a empezar ni a terminar este juego cuando empecé la partida nueva, casi como todos los negocios***.

*podemos contar “tienda de magia” como aquella que, mágicamente, llena tus bolsas de productos inútiles y adorables y tu monedero muy, muy, muy vacío.

**mis condolencias, lectores republicanos, la pasta y la monarquía imperan en este juego.

***a no ser que tu padre te dé un préstamo de un millón de dólares. O la tienda casi hecha y un viejo amigo que te recuerda guardar de tanto en cuanto. Ups…

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