En mi humilde opinión, The Witcher 3 (CD Projekt Red, 2015) es un juegazo. La música, los gráficos, la ambientación, la historia. A nivel técnico hay poco que se le pueda reprochar, pero (y es un gran pero) si nos ponemos a hablar del tratamiento que se les da a los personajes femeninos nos empezamos a encontrar algunos problemas.

No hablo solo de la ropa y de los escotazos que nos permiten ver canalillo, ombligo y casi la punta de los pies. Esto no es malo per se, pero alcanza cotas ridículas teniendo en cuenta algunas de las situaciones en las que nos encontramos estas indumentarias. No tiene sentido que una soldado vaya con la camisa abierta del todo, o que otra mujer que pelea cuerpo a cuerpo con espada tenga unos cuantos botones estratégicamente desabrochados que nos permitan admirar (¿?) su sujetador.

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(Imágenes sacadas de aquí)

El propio juego reconoce esto. Lo hace con frases como la siguiente, que dice Vernon Roche a Ves, uno de los personajes que he mencionado y que más sufren esta ridiculez a la hora de vestir:

And instead of donning a breastplate, you dash into battle, shirt open, navel and whatnot exposed!”

Ella le responde que no es su padre y que viste como le da la gana, lo cual no está mal tampoco, pero no quita que Vernon tenga razón (y entonces vas y te preguntas, si el propio equipo de desarrollo se da cuenta de lo absurdo que es, por qué lo repiten una y otra vez). Porque luego, cuando quieren, lo hacen BIEN.

Ojo: no digo que tengan que ir vestidas como monjas, me parece tan ridículo el exceso como el defecto, pero sí que, al igual que los hombres, vayan acordes a la situación en la que se encuentran. Que no vayan enseñando un pezón (literal), que no peleen con tacones, que no se jueguen la vida al no llevar una cota de malla cuando combaten (porque lo de antes muerta que sencilla en la canción bien, pero aquí no hace tanta gracia).

En realidad tengo mucho más que decir sobre este tema, pero no quiero aburriros, y quiero llegar a lo que en realidad quería contar cuando empecé a escribir esto. Y es que, como empezaba diciendo, el problema de The Witcher con las mujeres no se limita a lo cuestionable de los atuendos femeninos, sino que va mucho más allá.

When they treat a woman differently in this world it hardly ever means better. Quite the opposite.”

Es cierto que en The Witcher 3 hay grandes mujeres. Hechiceras, guerreras, reinas y duquesas, herreras, actrices, aristócratas, ladronas. Son inteligentes, buenas en lo que hacen, saben lo que quieren y no se vienen abajo con facilidad. Pero viven en un mundo misógino y brutal, un mundo que las maltrata, las insulta, las tortura y muchas veces las mata.

Lo peor es que suelen ser víctimas de una violencia tan cruel como innecesaria. Y esto ocurre en tantas, pero tantas ocasiones que empiezas a ver un patrón de lo más preocupante y no entiendes cómo es posible que alguien pueda defender ESTO.

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Tenemos a una mujer ciega (como consecuencia de lo que le ocurre en The Witcher 2, cuando le sacan los ojos con una cuchara), tres en prisión, de las cuales dos han recibido palizas y torturas (hasta tal punto que una incluso te pide que acabes con su vida), una torturada arrancándole las uñas, otra que muere quemada en una pira por bruja, otra brutalmente apaleada por un asesino, otra que fue abusada por guardias, otra que, dependiendo de las decisiones que tomes, puede acabar muriendo empalada. Hay incluso una parte del juego en la que uno de los personajes está literalmente rodeado por cadáveres de prostitutas apaleadas y ahorcadas (ojo, enlace NSFW).

Dicen que el que logren superar esas situaciones es lo que las hace fuertes. Pero, ¿por qué para demostrar su fortaleza la mujer tiene que pasar por un dolor físico insoportable? Es algo que se repite demasiadas veces (ya no solo en este juego, sino en general en cualquier medio). Si quieren mostrarme una mujer fuerte, que me enseñen una mujer con carácter, que no se deje amilanar, que tenga miedo pero pueda se sobreponga a él. Que se encuentre con obstáculos y sea capaz de superarlos, que se la desafíe y salga airosa. No es imprescindible verlas morir o sufrir para que sepamos lo grandes que son.

Es decir, que se las trate como se trata a los hombres.

Y esto es solo hablando de los personajes “vivos”. Geralt de Rivia, como cazador de monstruos que es, se enfrenta a una gran variedad de seres fantásticos, entre ellos vampiros, malditos y fantasmas. En el caso de estos últimos, la gran mayoría fueron mujeres en vida, y si lees sus entradas en el bestiario te encuentras con cosas como “atascadas entre la vida y la muerte por sus experiencias traumáticas” o “espíritus de mujeres y jóvenes que murieron de una muerte violenta justo antes de sus bodas”. Eso sin contar todos los espíritus que, directamente, se crean a consecuencia de que el amor de su vida les haya roto el corazón (abandonándolas, desapareciendo, etc; en algún caso incluso se dejan morir de pena, a lo Padmé Amidala).

Así que sí, si tomamos al pie de la letra la definición de sexismo de la RAE (“Discriminación de las personas por razón de sexo”), este juego es sexista. No solo porque esté orientado a un público masculino (la belleza y perfección de las mujeres, la ausencia casi total de un hombre medianamente atractivo). No solo por la ropa absurda, las escenas de sexo a veces ridículas e insertadas a presión. No solo porque dos de los principales tráilers del juego estén “protagonizados” por mujeres (en uno una mujer está siendo ahorcada, en el segundo otra se desnuda para acabar transformándose en monstruo).

Es porque se normaliza esa violencia hacia ellas. Porque no se las trata igual que a los hombres (y que nadie me hable de realismo histórico en un juego de monstruos y magia). Porque en la mayoría de los casos la historia no habría cambiado si la víctima fuera un hombre pero el juego decide decantarse por la opción “obvia”. Porque en muchos casos su sufrimiento es innecesario pero la narrativa se regodea en ello.

Como ya he dicho, The Witcher 3 me parece un gran juego. Me encanta, lo disfruto. Las 157 horas que le he echado en una sola partida lo atestiguan. Pero he tenido que aprender a apretar los dientes e ignorar estas cosas cuando me las encuentro porque si no sería incapaz de disfrutarlo.

Con todas las cosas buenas que tiene (que haberlas, haylas, pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión), si tratase mejor a sus mujeres sería perfecto.