A veces, en el mundo de los videojuegos, como en todo proceso creativo en el que esté implicada la narrativa, ocurren cosas maravillosas. Las historias pueden empezar a crecer, ramificarse, morir, renacer con otro nombre, dividirse en infinitas líneas temporales con infinitos mundos y, de esa manera, inspirar cantidades abrumadoras de videojuegos que, a menudo sin que su propio creador se percate, están relacionados entre sí. Si buceamos un poco en la historia de cualquier saga de videojuegos famosa (pongamos como ejemplo Final Fantasy o The Legend of Zelda) nos encontraremos rápidamente con casos que ejemplifican fácilmente lo que acabo de decir. Juegos que nacen en base a los personajes de otros juegos, que a su vez inspiran spin-offs, que a su vez crean nuevos mundos y un largo etcétera. Pero de todos los posibles ejemplos que podemos encontrar, sin duda mi favorito por lo curioso, lo desconocido de su historia y su sutil narrativa, es el de Radical Dreamers.

Radical Dreamers es el hermano mediano y casi desconocido de dos pesos pesados en la historia de Squaresoft (hoy Square-Enix): Chrono Trigger y Chrono Cross. Este peculiar y discreto pariente de los Chrono nació del deseo del escritor y director de la saga, Masato Kato, de cerrar ciertos hilos argumentales que a su parecer habían quedado demasiado abiertos en Chrono Trigger. Tomando de referencia el mundo en el que transcurre dicho juego y centrándose en el “qué pasó después”, Kato instauró las bases para una sólida novela visual en 16 bits que se convertiría tras tres meses de desarrollo frenético en el videojuego que nos ocupa. Pero para poder entender bien Radical Dreamers es necesario hablar primero de la plataforma para la que se desarrolló en 1996.

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Hum, ¿a qué me recuerda esta secuencia inicial? Ah, ya sé.

No sé si todos los lectores estaréis familiarizados con Satellaview, un complemento de Super Nintendo que se comercializó tan sólo en Japón y que permitía a los usuarios descargar contenidos vía satélite. Estos contenidos podían ser videojuegos completos, expansiones para otros videojuegos (sí, en los 90 Nintendo ya había inventado los DLC) y datos de otra índole como comunicados, noticias, etc. Por poner un ejemplo, una saga importante de la que se distribuyeron hasta la friolera de tres juegos a través de Satellaview entre 1995 y 1999 fue The Legend of Zelda. Como tantos otros juegos olvidados, Radical Dreamers se distribuyó exclusivamente a través de esta plataforma. Con sus 2MB de peso fue uno de los juegos más grandes de Satellaview, aunque hoy en día pueda parecernos un tamaño ridículo.

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Estos gráficos eran todo lo que 2MB descargados por satélite podían ofrecer, aparentemente.

La mayoría de juegos de Satellaview no han sido jugados fuera de su contexto original y debido a esto, entre otras razones, han caído en el olvido. Pero el poderoso vínculo de Radical Dreamers con Chrono Trigger y Chrono Cross ha sido motivo suficiente para que los fans lo hayan mantenido con vida hasta hoy. No sólo es posible jugarlo sin problemas gracias a una ROM convenientemente parcheada que permite ejecutarlo en un emulador de Super Nintendo sin necesidad de emular el Satellaview, sino que además los fans se curraron una impecable traducción al inglés que hace que sea posible disfrutarlo sin fisuras. Y como yo soy una gran fan de los Chrono, obviamente no pude resistirme a jugarlo cuando me enteré de su existencia hace ya unos años.

Radical Dreamers es un juego de Súper Nintendo bastante atípico, no sólo por los factores que ya he comentado, sino porque se trata de una novela visual. Dicho de otra manera, el juego nos presenta una aventura hipertextual acompañada de imágenes (pocas) en la que sencillamente tendremos que ir escogiendo el camino a seguir entre múltiples opciones de texto. El juego cuenta con múltiples finales que sólo podremos descubrir una vez lo hayamos acabado al menos una vez (una mecánica presente en todos los Chrono) y está aderezado con encuentros aleatorios que nos obligarán a combatir o bien eligiendo comandos de texto o bien omitiendo la decisión. Esto quiere decir que podemos perder vida e incluso morir, pero algunos eventos en el juego nos permitirán recuperar salud como comer o hablar con algún NPC. Además, un medidor invisible toma nota de cómo se desarrolla la relación entre los dos personajes protagonistas en función de tus decisiones. Esta relación determinará la forma en la que se desarrollará el clímax del juego.

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Aunque la premisa es sencilla y los gráficos prácticamente brillan por su ausencia, la historia está tan bien escrita y la ambientación tan lograda que no es raro sorprenderse llegando al final de las tres horas que dura el juego casi sin haber despegado los ojos de la pantalla. Haciendo uso de una banda sonora sobresaliente compuesta por Yasunori Mitsuda (responsable como no podía ser de otra manera de la fantástica banda sonora de Chrono Trigger y Chrono Cross), un trabajado sonido ambiente y una prosa muy cuidada, el juego consigue transportarte de manera muy eficaz al mundo de sus personajes y hacerte parte de su historia. Esto, sumado a los constantes guiños a personajes y lugares de la saga y a motivos que luego fueron temas centrales en Chrono Cross, convierten Radical Dreamers en una joyita que vale la pena animarse a descubrir.

La historia de Radical Dreamers no es nada compleja, pero como ya he comentado sienta las bases de toda la épica que sería desarrollada más tarde en Chrono Cross. En el juego seguimos la incursión nocturna de tres personajes, Serge, Kid y Magil, en la siniestra mansión Viper. Su intención es robar una joya mística llamada Frozen Flame (llama congelada, sí) al dueño de la casa: el despótico y malévolo aristócrata Lord Lynx. A lo largo de la misión y mientras ayudamos a nuestros protagonistas a salir airosos de las complicadas situaciones con las que se encuentran dentro de la casa, iremos descubriendo más datos sobre ellos, sobre su historia pasada y sobre el mundo que habitan. Así, descubriremos que Serge es un músico ambulante que se ha dejado engatusar por Kid, una joven ladrona, para asaltar la casa de Lord Lynx y robar la Frozen Flame. El misterioso Magil, que nunca se quita la máscara y parece hacer gala de un poder mágico sobrenatural, parece dispuesto a permanecer fiel a Kid aunque se ignoran sus verdaderas intenciones. Por su parte, Kid dice estar interesada en el robo sólo por dinero, pero parece evidente que tiene cuentas pendientes con Lord Lynx y está dispuesta a saldarlas a toda costa. Poco a poco, y mientras desentrañamos los misterios de la Mansión Viper, conoceremos la verdadera identidad de nuestros personajes y de qué manera la historia hila con su precuela, Chrono Trigger, e inspira su secuela Chrono Cross. Porque otro detalle que hace de Radical Dreamers un juego muy especial es la forma sutil en la que se relaciona con las demás entregas de la saga.

Lejos de reafirmarse como integrante en pleno derecho de la familia de los Chrono, Radical Dreamers se conforma con coexistir en una línea argumental paralela mientras toma referencias de Chrono Trigger y dona contenido a Chrono Cross. Lo más evidente en este sentido es el caso de Kid y Serge, que fueron también los protagonistas de ésta última entrega. Pero hay muchos más ejemplos de elementos que Chrono Cross toma directamente prestados de Radical Dreamers: la Mansión Viper, el villano Lord Lynx, el cuerpo militar de élite Acacia Dragoons, la Frozen Flame (tanto la joya como su tema en la banda sonora) e incluso el nombre de la banda de ladrones a la que pertenece Kid en Chrono Cross que es, precisamente, Radical Dreamers.

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Yasunori Mitsuda, el compositor, también utilizó algunas de las canciones que había compuesto para Radical Dreamers directamente en la secuela, con arreglos muy similares. Como ya he comentado es el caso del tema Frozen Flame, que es casi idéntico en ambos juegos y es uno de mis favoritos, pero también el del tema de batalla, por poner sólo dos ejemplos.

Para que veáis lo que quiero decir, dejo aquí una comparativa de Frozen Flame tal y como suena en ambos juegos:

En definitiva, con una historia sólida, una ambientación muy conseguida y una narrativa absorbente, Radical Dreamers no deja de ser una de esas rarezas que a mí particularmente me enamoran. Una joya de los noventa digna de ser redescubierta no tanto por la calidad de su ejecución sino más bien por lo que representa. Y para mí este juego representa el aspecto que más me gusta y me interesa de los videojuegos: su particular y poderosísima capacidad para narrar historias.

Nota: todas las capturas que aparecen en el artículo son propias.

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