Para aquellas que no hayan estado en este planeta durante las últimas semanas, o incluso los últimos años, hace unos días que vieron la luz dos juegos que, a pesar de compartirlo todo, no podrían ser más diferentes. Dos juegos que han sido hypeados más allá del absurdo, y que, para muchas (ejem, yo) fueron la razón de embarcarse en la compra de una consola nueva.

Hablo, sin duda, de The Legend of Zelda: Breath of the Wild y Horizon: Zero Dawn. Mundo abierto, posibilidades infinitas, una cantidad de armas que supera cualquier expectativa y, sobre todo, vida. Cada punto de cada mapa tiene personalidad, enemigos diferenciados, una historia, un motivo. Los mundos están diseñados para que cada paso sea una experiencia en sí misma, y se agradece.

Durante muchos años pensé que, por mucho que me gustaran los elementos del gameplay, los mundos abiertos no eran para mí. Títulos como Fallout o Skyrim, que a priori son buenos juegos, con elementos roleros y muchas posibilidades, se me hacían tediosos. El mundo no era más que un yermo (pun intended) que tenías que atravesar para llegar a tus objetivos, sin proporcionar más que una dilatación del tiempo y que evitabas constantemente mediante los puntos de viaje rápido. Disfrutaba de la experiencia de juego a pesar del mundo y no gracias a él.

Ahora, sin embargo, me encuentro sumergida por completo en una aventura que, salvo por pequeñas cositas que ya nombraré, te absorbe por completo en el universo a cada paso que das. La hierba que se mueve al ritmo del viento, las nubes que sobrevuelan tu posición, la crin de tu caballo meciéndose de lado a lado mientras galopas esquivando flechas y tratando de golpear a los bokoblins que te persiguen, incansables.

A partir de aquí, encontrarás varios spoilers del inicio del juego. Si no deseas verlos, deja de leer ahora para no estropear tu experiencia y vuelve más adelante cuando hayas jugado o consideres que son aceptables. Avisado queda.

Como decía antes, el mundo es una experiencia en sí mismo. Cada rincón tiene nuevas pruebas, objetos desconocidos, enemigos impresionantes. Las ciudades tienen vida, y los NPCs tienen una personalidad envidiable. El mero hecho de observar las interacciones entre monstruos con nuestro catalejo podría ser un juego en sí mismo, con la cantidad de reacciones y actitudes que presentan éstos. El mundo se siente vivo, va a su ritmo, y tú estás en él para conocerlo y aprovecharlo. Es un compañero, no un mero soporte para tus hazañas. Sí, el objetivo final no deja de ser “salvarlo”, pero saber que, aun sin ti, el mundo funciona y evoluciona libre le da una belleza etérea que te lleva a desear capturar cada momento.

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Todo es interactivo en Hyrule

Además, ofrece desafíos y satisfacciones para todos los perfiles de jugador, y eso es algo a tener muy en cuenta. Desde el jugador experimentado que busca un desafío, que puede enfrentarse a Ganon un par de horas después de empezar la partida, hasta el jugador más casual que disfruta lanzando flechas a los enemigos para confundirlos o escalando cada montaña de la creación.

De hecho, y para poner los dientes largos a los más hardcoretas, a quienes ven el Dark Souls como un mito erótico, os dejo este vídeo para que comprobéis la dificultad, la profundidad y la variedad que ofrecen las peleas en este juego. Y aviso, el enemigo en cuestión no es ningún jefe ni nada por el estilo. Es un poco endgame, pero ya desde el principio del juego los enemigos de color alternativo nos darán problemas, pues la mayoría acaban haciendo One Hit K.O. a nuestro personaje.

Breath of the Wild nos otorga la libertad desde el primer momento, aunque es precisamente entonces cuando encontré el primer problema. Desmarcándose del resto de juegos de la saga, este es el primer Zelda que cuenta con auténtico doblaje de voz, incluido el castellano. Precioso, por cierto. Sin embargo, esto también deriva en que, a diferencia del resto, no podemos “bautizar” a nuestro personaje. El protagonista es Link, y nadie más. No es injugable, ni mucho menos, pero para mí, una parte de la emoción de la saga TLoZ era convertir a ese personajillo en mi avatar dentro del mundo.

Al comenzar nuestras andanzas, lo primero que hacemos es despertarnos y coger el móvil. Literal. Link se levanta, confuso y desorientado después de un largo sueño, y ahí, en una mesita, tenemos la Piedra Sheikah, un misterioso artefacto que hace las veces de tablet, PDA, ebook, teléfono, estación meteorológica, tarjeta de crédito… Todo lo que puedas necesitar a lo largo de tu aventura está ahí dentro.

Pues bien, con ayuda de su fiel piedra multimedia y de una voz que peca a veces de mandona, Link consigue salir de la cueva en que lleva cien años reposando para poder recuperar sus antiguas habilidades y acabar con el poder de Ganon por enésima vez en el multiverso. Aquí es, precisamente, cuando empieza la magia.

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Cachis… Debí haber bajado el brillo antes de acostarme

Aunque es cierto que las primeras horas de gameplay son un tutorial, es uno de los mejores tutoriales que he experimentado nunca. Nadie te explica nada. No sabes equiparte armas, no sabes cómo se cocina, no sabes cazar, ni pescar, ni a dónde narices tienes que ir. Estás en una enorme meseta, rodeada de vacío, de la que no sabes salir y que, además, pide a gritos que explores hasta el último rincón.

Por supuesto, tu mapa marca una ubicación de destino, y hay un amable señor que vive por allí que te facilita la vida a veces dándote pistas acerca de cómo hacer ciertas cosas, pero la verdad es que lo primero que hice yo al salir de la cueva fue escalar una montaña y lanzarle un barril a un bokoblin, para luego morir vilmente porque no sabía que las armas tenían durabilidad y se me rompió la rama de árbol que usé para pegarle al primero.

En esta altiplanicie encontraremos nuestros primeros enemigos, monstruos relativamente débiles que nos proporcionarán nuestro primer equipo. Eso es algo indispensable, porque si algo va a ser la espina dorsal de Breath of the Wild es que todo vale. Absolutamente todo. Desde una escoba a una horca, pasando por una rama de árbol o una tapa de cazuela. Cualquier elemento que encuentres por el mundo es susceptible de ser usado como arma o armadura, o incluso ser comido.

Así, las ramas y escobas se convertirán en un medio improvisado para asestar un par de golpes, aunque pronto se romperán por el esfuerzo al que las sometamos, así como el resto de nuestro equipo. Nada es eterno en este juego, salvo el poder de Ganon. Las armas se rompen, los escudos se parten. Los arcos se destensan y dejan de ser útiles. Nada es infinito.

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There’s an app for that!

Nada es infinito, salvo el poder de tu smartphone Piedra Sheikah. Como ya he dicho antes, la susodicha Piedra hace de todo. Y lo hace, precisamente, porque cuenta con la capacidad de incorporar runas a su programación. Runas que, en realidad, no son más que aplicaciones que podemos utilizar para ayudarnos a lo largo de nuestra aventura.

Bombas, imanes, cámara de fotos… todo esto y mucho más se alimenta del poder ancestral de la Piedra Sheikah, por lo que no necesitarás comprar bombas nunca más, sólo esperar a que se regeneren, cómodamente, para volver a colocar otra. Además, puedes decidir cuándo detonarlas, por lo que nunca sufrirás el temido desenfundado precoz que, en otras entregas, acababa con una de estas simpáticas esferas explotándonos en la cara.

Durante las primeras horas aprenderás a dominar este poderoso artefacto, cazarás, saltarás, aprenderás a combatir las temperaturas extremas y resolverás divertidos puzles a lo largo de los cuatro primeros santuarios. Y sí, he dicho “los cuatro primeros”. En el tutorial hay cuatro de los 120 santuarios que encontraremos diseminados por el mapa, cada uno con su temática propia y a cada cual más difícil, original y, a veces, exasperante.

Estos santuarios albergan en su interior el favor de la Diosa Hylia, que nos otorgará corazones y resistencia adicionales, nuevas habilidades y gran variedad de objetos, siempre que seamos capaces de sobrepasar los puzles que dentro nos aguardan. Puzles que, por otro lado, aprovechan al máximo las capacidades del juego y la consola, utilizando todos nuestros objetos y poderes y forzándonos a pensar una estrategia creativa para integrar los sensores de movimiento del mando, los objetos y el propio gameplay en una victoria decisiva.

No sé qué más puedo decir para que entendáis lo complejo y fascinante que es sin estropearos luego la experiencia, así que haceos un favor y probadlo. No os arrepentiréis. Se merece todas las notas que está recibiendo y más, eso os lo puedo asegurar. Así que…

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¡Lanzaos!

Imagen de cabecera elaborada por EternaLegend.

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