Hace meses me acordé de que había jugado Bravely Default, un JRPG por turnos del estilo de los primeros Final Fantasy (o eso es lo que dicen los entendidos) de Square Enix para Nintendo 3DS, allá por el 2014. Hace tiempo, también, que escribí sobre mi desencanto en el juego en sí, incentivada también porque no hacía más que leer alabanzas sobre él donde quiera que fuese. Y me pareció una ocasión tan buena como cualquier otra de rescatar la parrafada de opinión impopular que solté, aunque llevo tres años sin tocar el juego desde que me pasé el final. Que a todo esto no es ni el verdadero final, pero a ese punto no tenía ya paciencia para acabarlo como es debido.

Tengo que confesar que, con excepción de los Fire Emblem (y no es el mismo sistema, FE tiene bastante más componente estratégico), no había jugado jamás, hasta ese momento, a un JRPG por turnos. No he tocado un Final Fantasy en mi vida. Quizás, dirían algunos, es la razón por la que no he disfrutado Bravely Default como debería. Quizás sea demasiado tarde para mí para entender lo que un juego como este significa para otros porque no lo he experimentado, y probablemente, después de esta experiencia, nunca vuelva a hacerlo. Pero incluso sin las expectativas que otros tendrían de un juego así, yo lo encontré decepcionante de verdad.

Al margen de mi crítica, debo decir que BD tenía muchas cosas interesantes y realmente no es un mal juego, lo que no hizo más que aumentar mi frustración porque de verdad quería que me gustase. Tiene este diseño de personajes y escenarios adorable y cuidado que fue lo que de verdad me llamó la atención y me hizo querer probarlo. Tiene una banda sonora pegadiza y memorable. El sistema de clases (“trabajos”) me parecía interesante, cómo puedes combinarlo con el de tus otros compañeros para poder ganar batallas. Todo ello me gustó, y estuve enganchada al juego por un tiempo por esas razones. A pesar de que me costó muchísimo hacerme a él y me ofuscaba lo indecible, el sistema de combate en sí con el Bravely y el Default tampoco era horrible del todo y tuve momentos de pasármelo hasta bien. 

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Diferentes trabajos en el juego. Si es que MIRAD QUÉ MONO TODO. No entraremos en las evidentes diferencias de vestuario, eso para otro día (?)

Entonces, ¿qué está mal? Que falla en lo que hace que pueda disfrutarlo como es debido.

Falla en la trama, falla en los personajes principales y los secundarios, en el desarrollo del mundo (lore), en su rejugabilidad. Por supuesto que un buen juego no tiene por qué tenerlo todo para serlo, y hay muchos ejemplos de ello, sea oriental u occidental. Pero cuando fallan varios factores tan clave para el disfrute de una obra, empiezas a recular. Y bien, si por ejemplo la trama falla, siempre pueden salvarla los personajes. Cuando tienes personajes principales con su personalidad y su nombre y su trasfondo, lo mínimo que esperas es que tengan un desarrollo en la historia, que sean interesantes, que puedas identificarte con ellos. Hacerlos tuyos de alguna manera y poderte meter en una historia gracias a ellos. Y no he sido capaz. Lo he intentado, pero me ha resultado imposible. Y por ello y otras cosas que explicaré a continuación, para mí, no pasa de mediocre.

Los únicos principales que tienen cierta sustancia son Ringabel y Edea, y el primero es el prototipo de personaje pícaro y seductor con líneas que te hacen o poner los ojos en blanco o querer aporrearle la cabeza hasta morir, y que además tiene un pasado oscuro del que, sorpresa, no se acuerda, y de ahí su nombre (“Ring A Bell”, que se podría traducír a “Me suena (de algo)”). Pero al menos tiene un cierto desarrollo en personaje al final, que aunque tampoco sea mucho mejor se agradece un poquito. Edea me encantó en cuanto apareció, una chica de origen noble sin pelos en la lengua que se rebela contra lo establecido y decide unirse a la pandilla por cuenta propia. Aun así, no salvaría este apartado sólo por ella, porque hasta sus peleas con Ringabel me llegaron a parecer irritantes. Del tipo “los que se pelean se desean”.

En cuanto a los otros dos… bueno, soy incapaz de tragar a Agnès en su papel de chica santurrona y repelente (y el doblaje, además del constante “unacceptable” en la boca, no ayuda mucho). He visto mucho ese estereotipo de personajes “puros”, y me aburren hasta la saciedad, además de que no he visto desarrollo alguno en la historia por su parte. Y quien se supone que es el héroe principal, Tiz, no tiene personalidad y parece que su única motivación en la vida sea Agnès, después de haberlo perdido todo. Y es una lástima, porque aunque entiendo que en estos juegos se tira muchísimo de estereotipos (siempre se hace), no están bien llevados, tienen muy poquito carisma en conjunto y me hizo preocuparme muy poco, si es que me preocupé alguna vez, por ellos, por sus acciones y por lo que les ocurra en su viaje.

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Condesa Agnès Limoncia. Cortesía de @mettachala ;D

Con todo, mi mayor queja va hacia la trama principal. Tras cierto punto, se alarga de forma innecesaria. A partir del capítulo cinco te encuentras con una especie de “reinicio” y tienes que hacerlo todo una y otra vez, durante cuatro capítulos más. Tienes que luchar contra jefes que ya te habías pasado, pero más fuertes; con cada “reinicio”, una historia que podría acabado de otro modo empieza a quedarse sin sentido. Desde luego desanima a cualquiera, que tengas que hacer lo mismo un capítulo tras otro porque parece que lo anterior no haya tenido relevancia. Un Día de la Marmota tras otro. Hay otras formas de generar dificultad y de plantear complejidad, y no es arrastrar la trama hasta lo inimaginable mientras metes entre medias cosas relevantes que podrías haber encajado de otra manera en la narrativa. Quizás de ser de otro modo incluso podría haber disfrutado más del juego, pero fue la gota que colmó el vaso.

Hay un final alternativo que fue el que nos llegó en la versión de occidente tras las quejas a Square Enix por esta “historia interminable”.  Este fue el que hice yo, y por supuesto se siente incompleto. Porque el final real significa luchar incansablemente hasta que el giro de tuerca en la trama que ya veías venir lo tienes encima y tienes que luchar jefe tras jefe tras jefe para salvar el mundo… o los mundos. Y llegado a ese punto, estaba exhausta a nivel emocional. No me importaba nada. Sólo quería que se acabase y guardar el juego en la estantería por siempre jamás. Y para jugar así, no merece la pena.

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Ais, hadas. Me encantan las hadas, ¿a vosotrxs no?

En verdad espero que la próxima vez que pueda jugar un RPG en una consola portátil no se haga tan frustrante. No sé cómo habrá sido la secuela, Bravely Second, y tras el mal sabor de boca con este no he querido ni hacerme spoilers siquiera. De verdad lo lamento, porque podría haber habido mil maneras de aprovechar un juego tan bonito en lo que concierne a lo audiovisual como este, y a mi entender no han sabido hacerlo.

bs_ancheim

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