Voy a confesar una realidad incómoda: no soy buena jugando a videojuegos.

Bueno, tal vez esto no sea cierto del todo. No soy buena jugando a algunos videojuegos. Me desenvuelvo bien en los videojuegos de plataformas, puzles, ingenio, estrategia y en los de lucha, los RPG y los hack and slash. Pero los shooter y los que requieren sigilo y sincronización no se me dan tan bien.

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Con Horizon Zero Dawn tengo un trauma, porque lo adoro como juego, pero el sigilo es muy necesario, para mi pesar

Y, sin embargo, no me considero buena jugona y, hasta hace poco, me ponía nerviosa jugar delante de alguien con quien no tuviera confianza por miedo a los juicios. Porque, desde que me abrí a la comunidad, percibo que, en general, a las mujeres se les exige una perfección absoluta para ser consideradas jugonas dignas. Un hombre puede jugar a un solo género y, aunque no tenga el nivel de competidor, no se le cuestionará por su afición. Pero de una mujer jugona, para considerarla válida, debe conocerse al dedillo todo videojuego existente, haberlo completado al 100% y, además, ser capaz de completarlo en nivel pesadilla. Y por miedo a ser avergonzada, no me sentía cómoda jugando delante de desconocidos.

No obstante, pese a mi habilidad indigna de competición, adoro los videojuegos y éstos forman parte de mi vida. Además de jugarlos y vivir aventuras apasionantes, me gusta comentarlos con amigos, intercambiar recomendaciones y descubrir juegos nuevos. Adoro fijarme en los aspectos creativos de un juego, en su narrativa, su estética. Me he enamorado de personajes, me han inspirado en mis obras artísticas. Me gusta esa parte de la comunidad en la que te sientes comprendida por otros que comparten tu misma pasión y con quienes estableces una conexión. Y por ello me empezó a atraer la idea de retransmitir mis partidas en directo.

Empecé a ver a Felicia Day retransmitiendo Life is Strange. Me gustaba repasar el juego a través de la experiencia de ella, que lo iba descubriendo con su entusiasmo y sentido del humor característicos. Tiempo más tarde, la vi retransmitir su partida a Rise of the Tomb Raider. No se le dio especialmente bien y se atascaba en muchos puntos, pero lo interesante era el humor con el que se lo tomaba y el cariño con el que lo recibían sus seguidores. Y yo, movida por la curiosidad y animada por conocidos y amigos, decidí iniciarme en el mundo de los streamings.

La verdad es que hay cierta valentía a la hora de mostrarte jugando, más aún si eres mujer, puesto que se espera de nosotras una perfección absoluta e inmaculada. Para que se nos tome en serio, debemos demostrar un conocimiento exhausto de todos los videojuegos existentes y, además, ser excelsas en ellos. Y es que en el tiempo que llevo en Twitch, he comprobado cómo las streamers, al igual que las jugadoras en general, están en constante tela de juicio: son criticadas o bien por su aspecto físico, o por su forma de jugar, o por la ropa que llevan o por el simple hecho de mostrar su rostro. De hecho, es más habitual una streamer que reciba críticas por aprovecharse de su sensualidad que un streamer que promueva el alcoholismo (el clásico juego de tomarse un chupito por cada muerte en Dark Souls) o el acoso.

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Harding reflexionando sobre la deshumanización que conlleva la idealización

Además, En una partida en directo, expones tu manera de jugar, tus derrotas, tus reacciones ante ellas. Y todo ello, crea un espacio de vulnerabilidad.

Llevo unos 10 meses retransmitiendo y debo decir que los streaming se han convertido en una experiencia muy positiva en muchos sentidos. La primera vez que retransmití un juego fue el verano pasado con Dragon Age Inquisition. Desde entonces, en mis directos se ha ido creando un público que, aunque no es numeroso, es muy fiel, me da bastante cariño y me ha ayudado a descubrir una parte de la comunidad jugona mucho más positiva.

Me han visto hacer jugadas muy torpes y frustrarme repetidamente en un encuentro de Horizon Zero Dawn o de Left Behind. Me han consolado en las escenas más duras de The Witcher 3. Me han animado a seguir intentándolo contra ese dragón rebelde que me había eliminado a todo el equipo en Dragon Age Inquisition. Todo mi público ha visto mis imperfecciones como jugona y, en vez de juzgarme, me ha ayudado a ver que no es necesario hacer una partida perfecta para pasar un buen rato. Incluso ellos me han confesado lo mal que se les da un juego o la infinidad veces que han tenido que repetir esa misión en la que se veían atascados. En varias ocasiones, algunos espectadores me han enviado propinas para colaborar en mejorar mis streamings, gracias a las cuales los Reyes me trajeron una PlayStation camera y he podido adquirir juegos nuevos para compartir en futuros directos. Con el tiempo, me han acabado acogiendo en el programa de afiliados de Twitch, y no podría estar más contenta.

En definitiva, los streamings me han ayudado a mejorar mi autoestima y no sólo como jugona. Como artista, me está ayudando a hacer que mis partidas sean un pequeño espectáculo ameno. Me ayuda a trabajar mis capacidades de improvisación cuando me encuentro atascada en una parte o un bug me bloquea la partida. He podido crear un espacio con un ambiente muy agradable, en el que procuro que mis espectadores lo pasen bien. Y, al mostrarme en público y en directo, me animo a estar más cómoda con mi aspecto y mi voz. Yo soy de las que se maquilla para un directo y no me avergüenzo de ello (además, el maquillaje resalta la expresividad). Me gusta celebrar mi belleza, crear maquillajes inspirados en algún personaje del juego y me animo a trabajar en la vocalización. Una vez tuve una alergia por todo el rostro y no me sentía cómoda con mi aspecto para encender la cámara, pero lo acabé haciendo para demostrarme a mí misma que no era para tanto. Expliqué a mis espectadores lo que me había pasado, y recibí muchos ánimos. En el siguiente directo me preguntaron si mi piel estaba mejor. 

Gracias al streaming me logré quitar ese miedo a que me miren mientras juego y a ser juzgada. Me siento afortunada por haber dado con un público que pertenece a ese lado de la comunidad que valoro por encima de los jugones tóxicos. Un público al que no le importa si me atasco dieciocho veces en un combate de Horizon Zero Dawn, que no juzga mi físico si aparezco con la cara roja como un tomate o al que le da igual que ponga los juegos en fácil. Lo único que esperan de mí es pasar una hermosa velada virtual  conmigo mientras me ven disfrutar de un juego. Y nada más.

Si tras este artículo tienes ganas de venir a mis veladas virtuales en Twitch, los miércoles noche y los domingos tarde y noche me verás en mi canal.

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Aviso: en mis directos cuento chistes peores que los de Geralt. Aviso 2: Geralt va sin armadura en mis streamings por petición popular. No quiero sustos luego.

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