Años ochenta. Las ocho de la mañana. Hoy te toca otro día de ronda por la Gran Manzana. Ese coche de ahí todavía no ha agotado el tiempo de parking pero seguro que tiene alguna rueda desgastada. Ajá. Multa al canto.

Y así hasta la hora de merendar.

Esto es el grueso del gameplay de Beat Cop, pero no es el juego en sí. En realidad eres Jack Kelly, un policía veterano del Vietnam al que se la jugaron y le acusaron de robo y asesinato. Tu superior te ha perdonado la vida y te ha colocado en un modesto puesto de patrulla a pie. Mientras intentas cubrir como puedes la cuota diaria de multas (o de lo que te encargue el cascarrabias del sargento) deberás intentar limpiar tu nombre; intentando, a todo esto, que ninguna de las bandas locales te parta las piernas.

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Otro día de patrulla (captura propia).

Así pues este indie de Steam (Windows, MacOS) del primerizo estudio polaco Pixel Crow y publicado por 11 Bit Studios combina la satisfactoria rutina de multar (esperar a que el parquímetro se ponga en rojo y cascarle una multa al auto en cuestión es un placer extraterreno) con una trama intrigante y un montón de historias secundarias y eventos.

Esta dicotomía entre rutina e incertidumbre es, sin embargo, uno de sus puntos flacos. Ello, unido a que cada día dura unos 15-20 minutos lo convierte en un juego bastante estresante (sobre todo los primeros días) y en el que tienes una sensación casi constante de haberte perdido algo. Es una pena, porque las historias secundarias en Beat Cop son jocosas, surrealistas y llenas de humor negro. A menudo pensaba “ya quisiera un triple A de mundo abierto tener estas misiones”, aunque a nivel jugable no sean la última Coca-Cola del desierto.

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Me guardo la frase (captura propia).

En cambio, la trama principal (esclarecer el caso de Kelly) avanza muy lentamente. No ayuda tampoco que desde el principio insinúen que la duración del juego es de 21 días; siendo a posteriori algo desorbitado. No en vano he tardado en pasarme el juego (sacándome el final más cutre de todos) unas 11 horas. Aunque habría que restarle mínimo media hora que es lo que debo de haber gastado escuchando la música del menú.

Y es que el apartado sonoro de este juego me ha sorprendido: por una parte tenemos la música ochentera de 8 bits, muy en línea con las series de la época que ahora ponen en la tele de madrugada; y por otra parte, el sonido ambiental. No suelo fijarme en ello, pero es que aquí Pixel Crow se lo ha currado: todas las tiendas de la calle, el exterior y la iglesia “suenan” diferente. Por lo que he leído en los créditos, un señor con grabadora se personó él mismo en pleno Brooklyn para grabar estos sonidos. Chapó.

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Ni que lo digas, chaval (captura propia).

Sigo con las alabanzas porque el aspecto gráfico también es notable. El pixel art tiene sus fans y sus detractores pero pocos le harían ascos a los cuidados assets de este juego. Son coloridos y detallados, con una paleta que me recuerda a Earthbound. Otro punto a favor de Beat Cop es su traducción al castellano, de parte de Ramón MéndezAlba Calvo y Fernando Moreiras. Es fiel a la versión en inglés, con el repertorio de improperios y frases con chascarrillo más amplio que he visto en un videojuego; toda una gozada. Apenas he encontrado dos fallos de formato nada graves.

Pero, si tuviese que elegir mi detalle favorito por encima de todos en este juego sería las conversaciones matutinas con tus compañeros de la comisaría. Son totalmente opcionales, pero no permito que se las pierda nadie. No sólo dan información interesante (por ejemplo, si va a haber policías de paisano y te tienes que cortar con los sobornos) sino que además son descacharrantes. Son un festival de odio y asco mutuo, aderezado con un sarcasmo visceral. Un must-see.

En conclusión: aunque su jugabilidad sea estresante y rutinaria, su historia lenta a más no poder y su duración exagerada, Beat Cop se salva por su ácido sentido del humor y el mimo en su apartado artístico y sonoro.

Así que, ya sabéis…

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(Captura propia).

Gracias a Pixel Crow por la copia digital de Beat Cop a la que he podido jugar para hacer esta reseña.

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