Parece que los juegos de gestión de recursos están intrinsecamente ligados a los modelos capitalistas de explotación y sobreproducción. Más dinero para más mejoras. Más recursos para más edificios. Más población para más ingresos. Más y más y más. Esta premisa tan deliciosa para cualquier desarrollador de videojuegos ha sido el eje central de grandes títulos como Sim City, RollerCoaster Tycoon u Ogame, famoso videojuego online, génesis de futuros títulos como Star Citizen, que también nos proponían una galaxia a explotar para ser los amos de los universos de recursos. Este también es el caso de Vostok, Inc., que le da una nueva vuelta de tuerca a la mecánica de amasar todo el dinero que podamos para introducir también el género shoot ‘em up, dinamizando todos los tiempos de espera que suelen incorporar esta clase de títulos. El resultado es un videojuego tan ameno como hilarante que incorpora un peculiar y absurdo sentido del humor.

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Como siempre, y como toca en el mundo capitalista, empezaremos siendo un pequeño comerciante con acceso limitado al Sistema Solar. Un Amancio Ortega con mucha ambición y un secretario muy pesado que te hará olvidar las estridentes voces de Okami para redescubrir un nuevo sentido de la tortura auditiva. Él será nuestro guía por este endiablado mundo en el cual solo cuenta una cosa: el contador de vostokréditos. Conseguirlos será fácil, solo deberemos explotar hasta la extenuación material todos los planetas de nuestro sistema a través de su industrialización, que se irá haciendo más sofisticada a medida que consigamos las correspondientes mejoras. De granjas a centrales nucleares pasando por crear toda una red de apartamentos para poder cobrarles también el alquiler a los habitantes del planeta.

Para hacer los cobros deberemos trasladarnos personalmente a cada planeta, lo que implica que pasaremos bastante tiempo en nuestra nave especial, también sujeta a mejoras, destruyendo a la competencia enemiga, deseosa de liquidarnos por medios muy poco ortodoxos y quedarse así con el monopolio del espacio. Es aquí donde entra la parte shoot ‘em up, para mi gusto demasiado intrusiva con el que acaba siendo el gran atractivo del juego, la gestión de recursos. Los combates acaban resultando repetitivos, siendo mejor esquivarlos que enfrentarlos, pues tampoco ofrecen excesivo aliciente económico como para perder tiempo con ellos.

Como comentábamos, debemos acceder físicamente a cada planeta para poder cobrarnos los vostokréditos, además de poder quedarnos allí mientras estos se van sumando segundo a segundo. Es más que posible que los desarrolladores contemplaran la trampa como medida para avanzar, ¿no se hace constantemente en nuestro mundo ya sea a través de hipotecas subprime o envenenadas preferentes? Así que rauda y veloz, como muchos otros antes que yo, hice lo propio. Aparqué en un planeta, donde estás seguro de los ataques enemigos, apagué el televisor y dejé encendida la consola un buen rato. Voilà, a mi vuelta ya tenía más vostokréditos de lo que jamás había podido soñar. Una especie de minería bitcoin que acortó la vida útil de mi consola y mi tiempo de juego en Vostok, Inc.

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Sky is the limit, que dicen los anglosajones, y en este caso, nuestro límite estará en el infinito y más allá. Cuando hayamos minado una considerable cantidad de vostokréditos, contados en millones, ganaremos acceso a otras zonas del universo listas para ser sangradas, aumentando y expandiendo por segundos nuestro insaciable y voraz imperio. Esto provocará que tengamos a la competencia pegada a nuestras posaderas como moscas a la miel, y cada vez emplearán técnicas y naves más sofisticadas para pararnos los pies. La mayor parte del tiempo simplemente puedes esquivarles, pero habrá veces que la pantalla se bloqueará y la batalla será inevitable. En caso de perderla, aún tienes una doble oportunidad antes de la muerte, y es que nuestro neoliberal protagonista saltará a una cápsula de rescate, y dirigiéndose a la estación espacial más cercana podrá recuperar su nave espacial por un módico y asequible precio.

Y así vuelta a empezar. Hasta conquistarlos a todos, hasta ser el amo del mundo, contemplar el abismo y decir, ¿ha merecido la pena todo el camino? ¿Es este el sistema que queremos? Y es que es en los videojuegos de gestión de recursos donde más he sentido el peso y deshumanización del capitalismo, pues traslada a términos divertidos y jugables cosas tan serias como la explotación de recursos, tanto laborales como naturales. Al final, todo acaba siendo una cuestión de números y más números, lo cual nos puede poner en la psique de los cientos de financieros que creyeron allá por 2006 que los números con los cuales les encantaba jugar eran tan solo una forma de conseguir más y más. Más dinero para más trajes. Más recursos para más viviendas. Más hipotecas para más ingresos. Y así hasta el infinito o hasta que todo caiga por su propio peso.

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