“John Keel, Billy Peluquín, Horace Nancyball, Dai Dickins, Cecil “Narizotas” Clampan, Ned Coates y, técnicamente, Reg Shoe”.
En este fragmento de Ronda de Noche, si las lilas no lo han hecho ya, siempre acabo llorando. El conjunto de gente luchando contra el Imperativo Histórico, las Gloriosas Revoluciones, y ante todo, leer a Sam Vimes intentar salvar a hombres que no son los mejores del mundo, sólo hombres que tratan de hacer su trabajo (por una vez, que es la vieja Guardia Nocturna); es lo que hace que acabe llorando siempre hacia el final.
Cuando estaba leyendo el séptimo libro de Harry Potter, me encontré con lagrimones en los ojos cuando Harry activa la Piedra antes de ir a ver a Voldemort. Verdaderamente, en perspectiva, no es algo tan dramático, pero probablemente el ser consciente de repente que es el final, que no voy a tener más Harry Potter y que esos personajes que llevo leyendo desde hace más de seis años, ya no van a estar ahí nunca más fue lo que me hizo click.

—Y por eso —añadió Favila— los hechizos tienen siempre forma poética. Tienen ritmo, a veces tienen rima. Hablan a los oscuros ritmos ocultos del cuerpo y el espíritu, al propio corazón. Porque ahí están las sensaciones profundas, los tactos, los sabores, las emociones de la niñez. Lo concreto. Lo que se siente de verdad.

Big fish es una película que por un lado te cuenta una historia de amor supertóxica, pero por otro lado te cuenta una historia de perdón y reconciliación usando las historias para ello. Lo mismo no, pero la vi una sola vez hace años y de la llorera que pillé no me he atrevido a volver a verla.
Kubo y las dos cuerdas mágicas te cuenta también una historia sobre superar la pérdida y cómo mantener vivos los recuerdos. También es una historia con escarabajos samuráis y monas mágicas. También es una película que me dejó llorando un buen rato.

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En Final Fantasy IX, cuando es la escena final, casi acabo llorando a moco tendido porque pensaba que se me había muerto Yitán. Final Fantasy IX es un juego tramposo, porque debajo de esos colorines, esa estética superdeformed y ese aire a cuento de hadas, se aprovecha y se dedica a meterte puñaladas emocionales en cuanto bajas la guardia: ir a la aldea de los Magos Negros siempre implica que tomes aire; en la escena de You’re not alone! es fácil sentirse identificada con ese Yitán testarudo. Final Fantasy IX es un juego que va a tocarte la fibra a través del guión, como en los casos anteriores. Quizá en algunos momentos, como en el de Yitán se vuelve imbécil, juegue un poco con las mecánicas, pero no mucho más.

Horizon Zero Dawn es un juego de interrogantes: ¿Cuál es el crimen de Aloy? ¿Qué pasó con los Antiguos? ¿De dónde salen las máquinas? ¿Qué es Zero Dawn y quién Elisabet Sobek? Cuando el juego te responde está última pregunta me quedé un rato mirando la pantalla, quieta, asimilando esa información. El golpe había venido suavizado por los mensajes de los focos que te habían ido dejando, pero la verdad, como siempre, es mucho más extraordinaria. Quizá esa revelación, por cómo está presentada, sea una de las qué más me ha impactado en la ficción nunca, y a día de hoy, tras haber pasado más de dos meses desde que lo terminé, sigue dejando poso. Horizon jugablemente no es para mí, pero a nivel de historia es brillante.

Final Fantasy XV. Los Chocobros, la Boy Band, los Choconiños. El juego que estuve esperando durante diez años y no fue lo que esperaba. Un juego que tiene muchísimos fallos, de muchos tipos. Un juego que me ha hecho llorar a moco tendido en su final dos veces. No tiene una gran historia, es bastante típica si te paras a pensarlo. Su sistema de combate tampoco es nada novedoso, y a nivel gráfico es una maravilla, pero nada que un estudio con los recursos de Square Enix no pueda hacer. Pero tiene cariño. Tiene amor. Se nota que es un juego hecho por gente a la que le gusta lo que hace. Y esto se nota en los personajes y en cómo interactúas con ellos. Final Fantasy XV es un juego que se esfuerza en darte un mundo abierto nada más empezar para que explores con tus amigos. Para que los conozcas y te encariñes con ellos. Para que compartas la frustración de Gladio por el infantilismo de Noctis, aunque sea un bestia sin empatía al que quieras pegar. Para que dejes de lado todo por rescatar a Prompto de las garras del bastardo de Ardyn. Y para que veas a Noctis crecer. El cómo asume sus responsabilidades. El cómo debe enfrentarse, solo, a un destino impuesto por otros.

Todo esto tiene en común que son historias que me han llegado de alguna forma y van a quedar grabadas en mi memoria. Hay gente que considera que sólo algunos medios son válidos para contarnos historias, igual que consideran que sólo algunos libros son literatura de verdad o que las películas con explosiones no son películas de verdad. Pero los formatos cambian, crecen, evolucionan y se adaptan. Al final, lo que importa es el recuerdo que deja esa historia y si será recordada. Y vivimos ahora un momento donde nos ofrecen muchísimas posibilidades de escoger cómo vivir y sentir esas historias. Así que lo mejor es relajarse, escoger el medio que más te apetezca en ese momento y dejar que te cosan a puñaladas el alma.

PD: No he incluido La corona del pastor porque meto toda la bibliografía de Pratchett y porque todas sabemos qué pasa si eres de ese grupo de gente que ha leído el segundo capítulo.

PD2: ¡He incluidos los cómics también!

Fuente de la cabecera.

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