Hemos escuchado muchas veces la frase de que hemos nacido demasiado tarde para explorar la Tierra y demasiado pronto para explorar el espacio. Tal vez alguna de vosotras pueda llegar a salir de la Tierra, pero el resto estamos encerradas en este planeta con ese sueño imposible… ¿O quizá no? Gracias a la realidad virtual actualmente podemos acercarnos al espacio en cualquier momento. Vale, no es exactamente lo mismo, pero tened en cuenta que tenemos toda la belleza de los viajes espaciales sin la desventaja de tener que pasar por un entrenamiento muy duro y gastar un montón de dinero en la preparación de una nave. Y por eso decidí embarcarme en un viaje muy bonito con The Solus Project, un juego de Sjoerd “Hourences” De Jong, Teotl, y Grip Digital para PC, PS4 y Xbox One, sucesor espiritual de The Ball y que se puede jugar tanto con unas VR como sin ellas. Pero de lo que no me habían avisado es que este hermoso juego de supervivencia y exploración en primera persona me iba a hacer sufrir. Mucho.

En el inicio de nuestro viaje nos plantean la situación: hemos abandonado la Tierra buscando un futuro para la humanidad, explorando el espacio hasta encontrar un planeta en el que poder iniciar una civilización. Esta misión es conocida como Proyecto Solus. Pero como no nos lo van a poner fácil, pasa lo que ya nos íbamos temiendo y acabamos estrellándonos en un extraño planeta que en principio parece completamente deshabitado.

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Tras ese aterrizaje forzoso en el que realmente no tememos por nuestras vidas porque aún no hemos comenzado el juego, salimos de nuestra cápsula de salvamento para encontrarnos todos los restos de nuestra nave desperdigados por una preciosa playa con columnas de piedra que podríamos situar en Irlanda, si no fuese porque podemos ver en el cielo unos planetas que te hacen recordar la luna de Majora’s Mask. Y como es lógico, decidimos que lo primero que tenemos que hacer es sobrevivir. Por suerte, unos controles simples y fluidos nos permiten acostumbrarnos rápidamente al movimiento y comenzamos a recoger piedras, botellas o latas de comida, entre otras cosas útiles. Sin embargo, cuando tenemos ya varias cosas en la mochila nos damos cuenta de que éstas se pueden combinar. Podemos utilizar las piedras para abrir las latas, recoger agua con las botellas o hacer antorchas con barras de metal, plantas secas y aceite, que nos ayudan tanto a ver como a mantener una temperatura corporal estable.

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Como de momento los videojuegos no nos permiten sentir lo que siente nuestro personaje (y espero que siga así, que soy de las que se empeñan en tirarse por barrancos) utilizamos una especie de monitor parecido a un teléfono móvil, que registra si tenemos hambre, sed, frío, si necesitamos dormir, e incluso nos ayuda a leer las hojas de papel escritas que nos encontramos por el suelo y que nos van arrojando un poco más de luz sobre el trabajo que nos habían encomendado. Por suerte estamos en un planeta con bastantes recursos y no es difícil mantener estables las constantes vitales, aunque a veces se convierta en un proceso un poco tedioso que haces por simple rutina.

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Durante nuestro primer día en la isla probablemente aprovechéis el sol y el buen tiempo para recorrer la zona, encontrando pequeños secretos y cuevas escondidas (al menos eso es lo que yo hice, que estoy muy acostumbrada a recoger cosas en los RPG y se me olvida que el tiempo cuenta), y precisamente por eso os podéis encontrar el primer gran problema: tornados. Y, puestos a sufrir, mientras buscáis una cueva para huir del tornado quizá os encontréis con el segundo: terremotos. De paso, podemos rematarlo también con las frías noches en las que si te descuidas y no consigues montar una hoguera, quizá mueras de hipotermia. Como veis, un camino de rosas.

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A pesar de todo esto, no hemos venido aquí para rendirnos y vivir hasta el fin de nuestros días ocultos en una cueva y comiendo cosas enlatadas, así que nos lanzamos a la aventura. La exploración nos lleva por unos paisajes espectaculares, tanto en interior como exterior. El camino es sencillo y nos lo van marcando poco a poco, recordándonos de vez en cuando que volvamos a nuestra ruta si ven que estamos tardando demasiado en pasar por cada checkpoint, cosa que suele pasar si te dedicas a buscar todos los coleccionables (y no son pocos). Además, el ritmo lento del argumento hace que nos sumerjamos más en la historia, intentando darle cierta realidad al paso del tiempo sin llegar a ser cargante.

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Entre exploraciones y puzles vamos avanzando y encontrando cada vez más cosas que nos hacen plantearnos seriamente dónde nos hemos metido, hasta llegar a un punto en el que ya no sabemos si estamos en ese planeta bonito del inicio o en una auténtica pesadilla. Sin llegar a los spoiler, os puedo decir que todo lo que habíamos hecho hasta ese momento acaba pasando a un segundo plano, y las ganas de correr se van a adueñar de vuestros pensamientos. Todo adquiere un tono de terror, como si hasta ahora sólo nos hubiesen estado dejando pequeños avisos disimulados con easter egg de diferentes series, películas o videojuegos. Nos invade la tensión y probablemente acabemos con más de un susto en el cuerpo, quizá ampliados gracias a la sensación de tranquilidad del inicio del juego.

En definitiva, si sois fans de la ciencia ficción y os gustan tanto los juegos de terror como los de exploración, no os defraudará este pequeño viaje espacial. El cambio de perspectiva da mucho juego, y el apartado gráfico os dará unas ganas tremendas de observar cada zona, dejando un poco de lado que la mayoría de lo que sucede está intentando matarte. ¿Descubriréis todos los secretos del Proyecto Solus?

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Copia de prensa proporcionada por Grip Digital, ¡muchas gracias!

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