We all become – Reseña de Transistor

We all become – Reseña de Transistor

Transistor siempre me llamó la atención, tanto por su estética como por su protagonista y su peculiar arma. Una amiga me lo regaló hace unos años y hasta ahora no he podido terminarlo (mi ordenador no tiraba). Pero la espera ha merecido la pena. He descubierto una historia maravillosa, con una protagonista carismática y fuerte, y sobre todo, un final que emociona y que me ha hecho llorar como hacía tiempo que no me pasaba jugando. Darkor y yo ya os hablamos de él aquí, pero esta vez he querido extenderme un poco más sobre él.

Este juego, desarrollado por Supergiant Games y lanzado en 2014, narra las aventuras de Red, una cantante famosa de una ciudad llamada Cloudbank, la cual ha sido atacada por la Camerata y El Proceso, un ejército robótico que está destruyendo todo. Logra escapar y se encuentra con la misteriosa Transistor: una espada gigante con la que iba a ser asesinada. Sin embargo, su guardaespaldas la protegió y acabó muriendo por una estocada de la Transistor. A pesar de eso, su conciencia y su voz, así como la de Red, han sido absorbidas por la espada. La Camerata persigue a Red por todo Cloudbank para recuperar la Transistor por motivos desconocidos (que no se revelan hasta el final del juego), mientras intenta deshacerse de El Proceso.

A partir de aquí habrá spoilers del juego, así que si no habéis jugado, no miréis a partir de este punto.

Uno de los momentos más tiernos de todo el juego. Captura propia.

Transistor es un juego de una belleza sobrecogedora y detalladísima: no he encontrado escenario que me disguste, ni momento de la historia que no haya hecho que se me encoja el corazón. Está todo totalmente creado al milímetro, creando una narrativa perfecta y una historia sin fisuras. Según vamos avanzando por Cloudbank se nos van desvelando partes y claves de la historia, siguiendo el patrón de Bastion (su predecesor), aunque quizá de una manera más compleja. Sí que es cierto que pasándonos una vez el juego obtendremos algunas respuestas que necesitamos pero una segunda vuelta ayuda a terminar de desentrañar la trama y a entender el por qué de todo.

Sigue el mismo esquema de cámara que Bastion: la visión isométrica en tercera persona, que nos permite tener una visión casi completa del escenario, como ocurría con su predecesor. Sin embargo, en este juego ir a melé no va a funcionar casi nunca: deberemos parar el tiempo y crear una estrategia para eliminar cada criatura que El Proceso nos lanza. Según vayamos subiendo de nivel podremos desbloquear ranuras de memoria y mejoras para la Transistor. Un genial añadido es que dependiendo de donde coloquemos estas mejoras para la espada desbloquearemos también historia del juego. Por esto principalmente necesitaremos rejugarlo, si queremos desbloquear todo y conocer la historia al 100%.

La manera en la que la trama se va desenvolviendo está incluso mejor perfilada que en Bastion: casi llegando al jefe final es cuando conocemos que la Camerata buscaba cambiar Cloudbank a su beneficio, ya que todo funciona por códigos y sistemas informáticos, y que El Proceso fue creado para eso, aunque terminó por descontrolarse y no pudieron contenerlo. Contagió a toda la ciudad con el virus y fue haciendo que desapareciera. Sin embargo, la Transistor tiene la opción de revertir todo El Proceso y eliminarlo para siempre, dejando Cloudbank como antaño. Según vamos acercándonos al final del juego, descubrimos que nuestra Transistor no es la única, si no que hay más. Al depositar nuestra espada en una cuna, entramos al mundo virtual de la ésta y deberemos enfrentarnos a Royce, el jefe de la Camerata. Sólo uno puede salir con vida de allí: el que sobreviva tendrá la opción de restaurar la ciudad. Royce pide disculpas a Red por todo lo que ha causado, y después, comenzará la batalla. Al derrotarle, volveremos a Cloudbank, al principio del juego. Red empieza a restaurar algunas zonas comidas por El Proceso, pero cuando se da cuenta de que no va a poder devolver a su guardaespaldas (también pareja) ni su conciencia ni su voz, decide sentarse junto a su cuerpo y clavarse la Transistor, suicidándose. Después de este momento, aparece una escena donde el guardaespaldas y Red se reencuentran en el mundo de la Transistor y donde finalmente ella ha recuperado la voz.

La escena antes de la batalla final. Captura propia.

La parte final de la historia, cuando llegamos al despacho y laboratorio de la Camerata, todo lo que sigue a continuación es igual de sobrecogedor como de hermoso. La batalla final, lejos de ser un escenario histriónico, es más bien algo tranquilo (aunque tenga una carga importante de tensión). Además está precedida por un diálogo poco usual en un villano de un videojuego: por primera vez la persona que ha querido destruirnos desde el principio nos pide disculpas y nos ofrece una explicación sincera de lo que ha ocurrido. Llegado a ese punto tuve que parar y sentarme a respirar porque me pareció un momento absolutamente irrepetible y que nunca había vivido en un videojuego. Todo lo que rodea al final es de una emocionalidad impresionante, muy bien dirigida y dosificada para arrancarte el último aliento cuando Red se suicida. Es un final con tintes trágicos pero que acaba bien, porque tanto Red como su guardaespaldas vuelven a estar juntos, que es lo que siempre quisieron.

En el plano de las mecánicas y jugabilidad nos encontramos ante un juego que nos hace refexionar y observar el campo de batalla antes de atacar. Aparte de poner ranuras de ataque, también tenemos la opción de usar limitadores para regular nuestra experiencia en el juego, tanto si queremos ir por un camino fácil como si queremos ponernos nivel de dificultad bastante alto. Es otro de los aspectos de este título que me encanta, que puedas ir regulándolo como quieras y según tus necesidades. Sí que es verdad que la mecánica de parar el tiempo para crear la estrategia y atacar no gusta a todo el mundo, pero para mí creo que es el estilo de batalla que encaja con Red y con la Transistor, que no es precisamente pequeña; además es algo que se ve en el mundo de los juegos: con armas grandes es imposible ir a melé. Lo bueno de poder configurar las ranuras de memoria de la Transistor según el tipo de ataque es que podemos adaptar nuestra manera de jugar y combatir a la del juego, ya que hay ataques cuerpo a cuerpo y a distancia, además de poder crear copias nuestras o lograr hackear a los Procesos para que se hagan aliados nuestros durante un periodo de tiempo. Es bastante más adaptativo que Bastion en este sentido.

La música, tanto a nivel de ambientación como de banda sonora, es impecable. El trabajo de Darren Korb es magnífico: termina de meterte en el ambiente de cada pantalla y transmitirte una sensación u otra, según dónde estés. No puedo olvidarme de la magnífica voz de Logan Cunningham, que dobla a la Transistor, y que vuelve, una vez más, a repetir esa narrativa envolvente. Aquí nos va contando la historia y haciendo comentarios de lo que ocurre a nuestro alrededor, y Red se comunica con él mediante los ordenadores de Cloudbank, leyendo lo que le escribe (otro detalle precioso de la relación entre ambos). Ashley Lynn Barret, que también salió en Bastion, vuelve a cantar aquí varios temas y a ponerle voz a Red. Las canciones son algo spoiler del juego así que no recomiendo escuchar la banda sonora antes de jugar.

Otra de las maravillosas cutscenes del juego. Captura propia.

 

Sí que es cierto que Transistor no tiene el componente de decisión y moral al final, como lo tiene Bastion, pero aún así las acciones de la Camerata plantean un debate entorno al bien mayor y al poder, sumado a la ambición, y a lo que ocurre cuando éste corrompe a la gente. Las acciones de este grupo, en un principio, tienen un componente de cambio para bien para todo el mundo, pero al final se demuestra que por muy nobles que sean las intenciones, al final el poder termina por destruir esa idea inicial y la transforma en algo tiránico, que desemboca en la destrucción total.

Poco más puedo añadir a lo que he dicho anteriormente. Transistor ha logrado emocionarme como hacía tiempo que no me ocurría con un producto audiovisual, y que además envuelve una historia de amor bien construida pero que no es el eje central del juego. Tiene unos personajes bien construidos, una protagonista fuerte que toma las riendas ante la adversidad y que lucha por conseguir su objetivo, y una narrativa e historia impecables. Sí que es cierto que el modo de lucha, mediante estrategia, puede resultar un poco tedioso y no para el gusto de todos los jugadores, pero es también parte del encanto y personalidad de Transistor. Supergiant Games logra nuevamente crear un videojuego magnífico a todos los niveles y algo distinto de su predecesor, ya que ambos protagonistas, The Kid y Red, tienen que hacer frente a un desastre que acaba con su vida en cuestión de segundos.

Me parece un juego brillante y redondo, realmente sobresaliente, con una historia envolvente y casi mágica, una protagonista femenina perfecta. Una auténtica joya indie que nos enseña que todo al final termina convergiendo.

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Meren Plath
Meren Plath @serendipia_s

Todo necesita una historia adecuada. Altanera, preciosa y orgullosa como Red. Vivo por y para Zelda y Link y los Asesinos, entre otras muchas sagas. Defensora y difusora de la palabra de Bastion y Transistor. Productora de memes y the finest shitposting. Pa' mala yo.

1 comentario
Neomathews
Neomathews 23/03/2018 a las 10:48 am

Vaya dos juegazos que nos hicieron en Supergiant Games. Gracias por la reseña.

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