Shape of the World, tras la ballena rosa

Shape of the World, tras la ballena rosa

07/06/2018 | Nix | 1 comentario

¿Os gustan los juegos relajantes? ¿Y los juegos en los que tú decides cómo jugar? ¿Y los animalitos raros pero cuquis? ¿Y los coloricos? Si habéis respondido que sí, es posible que os interese Shape Of The World, un juego de exploración que acaba de salir para Steam, PS4, Xbox One y Switch, en el que podéis disfrutar del placer de jugar sin objetivos, a menos que os los fijéis vosotras o que queráis conseguir algunos de los logros de la plataforma en la que jugáis. Aunque para variar un poco esta vez se trata de un juego que a pesar de no tener un objetivo concreto sí que tiene una ruta que nos lleva desde el origen hasta su final. Pero a nuestro ritmo, y conociendo a una ballena rosa.

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Iniciamos nuestro viaje en una zona completamente blanca, en la que no sabemos si estamos rodeadas de nieve o nos hemos pasado dándole brillo a la pantalla, hasta que vemos un triángulo que guía nuestro camino. Bueno, para qué mentir, guía nuestro camino porque es lo único que vemos, y cuando decidimos ir hacia él el juego comienza a mostrarnos unos pequeños animalitos que saltan por la nieve, vegetación en forma de tubos, o los monolitos brillantes y bonitos que veremos una y otra vez durante nuestro viaje. Todo ello mientras aparecen los primeros toques de color y nos envuelven las primeras notas de la música que nos acompañará en todo momento. Un inicio tranquilo, para demostrarnos que en este juego no tenemos que tener miedo a nada de lo que se presenta a nuestro alrededor. Al fin y al cabo, lo que hay cerca es inofensivo, a veces incluso curioso, así que tampoco tenemos que pensárnoslo mucho para abalanzarnos hacia el primer triángulo naranja. Y ahí tenemos la primera explosión de color, todo se convierte en una paleta de colores gigante (muy aesthetics siempre) y los árboles surgen de la tierra que nos rodea.

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En ese momento es cuando realmente descubrimos que nos hemos metido en un mundo que se moldea a nuestro paso, con una vegetación generada de forma procedural que emerge con cada uno de nuestros movimientos. A veces incluso bloqueando la ruta en una zona por la que acabamos de pasar. Así que por pura curiosidad nos lanzamos a perseguir a una especie de medusas cabezonas terrestres que en ocasiones llevan a otra medusa cabezona terrestre más pequeñita sobre ellas (algo así como una babosa cerebral en versión más cuqui), o a meternos en charcos que nos llevan hasta unas cascadas que, dependiendo del color de la paleta, parecen pertenecer a un río de lava o de chocolate.

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Sin embargo, a base de toquetear cosas nos vamos dando cuenta de que no todo es aleatorio, y de que quizá esa exploración nos conduce hacia algo más. En nuestro camino van surgiendo animales que hacen desaparecer la vegetación, o que nos lanzan por el aire al acercarnos, o a los que les podemos ver el esqueleto si los tocamos, y además encontramos diferentes semillas que vamos recolectando para ir plantándolas y ver nacer todavía más árboles o para ver cómo cambian los colores que nos rodean. Colores que incluso vemos que se modifican al atravesar los triángulos que van mostrándose por el escenario y que, como la primera vez, nos guían. Pero esa guía no siempre está en un sitio cercano, o en un lugar accesible, cosa que solucionamos gracias a los diferentes monolitos que vamos encontrando. Al tocarlos, generalmente después de tocar cinco, aparecen unas sendas luminosas que nos llevan directamente hasta uno de los siguientes triángulos, con lo que vamos completándolos uno a uno.

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Y así es cómo revelamos los diferentes territorios que forman el escenario de nuestro juego. Viajamos desde la playa a una zona subterránea, pasando por una selva o un pantano, observando cada rincón, con los colores cambiantes y sin olvidarnos de levantar la vista al cielo, en el que nos estará esperando de vez en cuando la extraña ballena rosa a la que podemos perseguir si tenemos la suficiente maña. No siempre la veremos de color rosa, pero seamos realistas, aquí tenemos nuestras preferencias.

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Aunque lo más importante en este juego es cómo nos movemos por él, la clave de su esencia reside en cómo la música, acompañada de ciertos colores, manipulan a su antojo nuestras emociones consiguiendo transmitirnos la sensación de que nuestra aventura tiene realmente un significado y no se queda en un simple juego de colorines. Los tonos pastel con música alegre contrastan con los colores oscuros y sonidos suaves de las cuevas, mientras en la montaña, entre lluvia y relámpagos, nos envuelve una música agresiva que concuerda con cielos negros y vegetación de un rojo brillante y violento. Todo lo que vamos avanzando nos guía hacia un final concreto y el propio mundo nos lo demuestra.

Shape of the World es la historia de un viaje relajante, dinámico, colorido y en ciertos momentos incluso agobiante, a pesar de tener la certeza de que no te va a suceder nada malo. La historia que no hace falta contar con palabras. La historia de un paseo por la montaña.

Copia de prensa proporcionada por Hollow Tree Games, ¡muchas gracias! 

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Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

1 comentario
thebedisburning
thebedisburning 07/06/2018 a las 4:00 pm

Jopé, qué preciosidad, y suena súper relajante. ¡Gracias por hablar de este jueguito!

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