Desde el asiento de atrás

Desde el asiento de atrás

20/07/2018 | Artemis | 4 comentarios

Aún no ha terminado el día, pero es uno de esos momentos en los que estás arañando minutos, horas, antes de ir a la cama y terminar la jornada. Estoy reventada, tirada en la cama; demasiado cansada como para hacer nada, demasiado cansada, incluso, como para iniciar una actividad que en otras circunstancias disfrutaría. No quiero leer, no quiero ver una serie, no quiero pensar, no quiero, repito, hacer nada. Me encojo un poco más, me refugio entre las mantas y con una voz apagada suelto una frase de uso frecuente en esta casa: “Amor, juega a algo”.

No es algo infrecuente que disfrutemos viendo a otras personas jugar a juegos. Otras compañeras han compartido en este blog sus propias experiencias sobre cómo disfrutar de una historia, de una experiencia, en el asiento del copiloto, mientras personas importantes para nosotras manejan el volante en ese viaje, en esa aventura compartida. Yo misma disfruto de ver jugar a otras personas de esta misma manera; generalmente en esas ocasiones en las que quiero disfrutar de lo que el juego quiere contarme sin tener que pelearme con mecánicas que desconozco, que se me traban o que, directamente, me agobian. Sin embargo, hoy vengo a hablaros de algo diferente, de una vivencia que se asemeja más a estar en el asiento de atrás.

Por mucho que disfrute de jugar a juegos junto a otra persona, hay veces en las que mis demonios internos se ponen de por medio y convierten algo que debería ser positivo para ambos en una fuente de estrés. Aunque no tenga el mando entre mis manos, hay una exigencia ­—puede que autoimpuesta— de estar pendiente; de aportar constantemente, de leer a la misma velocidad, de compartir mis pensamientos, de estar en sintonía con la otra persona que hace que se sienta acompañada y que sepa que estoy ahí. Igual a como ocurriría en un viaje en coche, me siento en la obligación de hacer al conductor su trabajo lo más cómodo posible. Esto me agota, me drena, me pone incluso nerviosa. No disfruto del viaje, no me quiero volver a montar, solo quiero que termine.

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Bigby (The Wolf Among Us) fumando espera a que retomemos el juego. Dos años lleva esperando

Afortunadamente, he podido encontrar una forma que, si bien no me involucra plenamente en la experiencia del juego, me permite compartir con las personas que son importantes para mí momentos compartidos a través del videojuego. Por lo general comienza pidiéndole a mi pareja que juegue a algo, lo que sea, mientras yo me recuesto en la cama o en el sofá. Normalmente no le presto atención al juego, sino que me abstraigo totalmente: escucho la música, las voces de los personajes, el sonido de los botones aporreándose frenéticamente y a él; su respiración interrumpida cuando intenta concentrarse, sus gestos de sorpresa, su chasquido de lengua cuando algo le sale mal, sus gritos de alegría.

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De NieR: Automata me enteré más por las reacciones de mi pareja que por la atención que yo estuviera prestando

Es una forma de experimentar que no me sumerge para nada en la historia. Rara vez recuerdo el nombre de los personajes —aunque nunca ha supuesto un problema para mí inventármelos o ponerles motes—, la historia no cobra ningún sentido para mí y los escenarios cambian de forma constante sin que yo sea capaz de establecer un hilo conductor de ninguna clase. Igual que ocurre en un largo viaje en coche, me abstraigo en mis propios pensamientos, desconecto mi mente hasta que siento que el lugar en el que me encuentro es un entorno lejano o, directamente, me quedo dormida. Mientras tanto, la trama avanza, los personajes evolucionan, el paisaje cambia o a veces, incluso, se destruye. El viaje sigue sin mí.

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Sé que el juego se llama Radiant Historia, pero ni idea de cómo se llama ninguno de los personajes, Hulio

De cuando en cuando reconecto con la realidad y le pregunto acerca de su viaje, de lo que está ocurriendo y lo que cree que va a pasar. Me explica el contexto, de dónde viene, qué está haciendo, cómo ha llegado hasta ahí. Me cuenta lo que le ha maravillado, lo que le ha frustrado, lo que espera encontrarse. Juega en soledad, pero siempre dispuesto a hacerme de vez en cuando partícipe de su viaje. No experimento el juego en mis propias carnes, no hago mis propias interpretaciones, predicciones, teorías ni confabulaciones. No siento la carga emocional que supone ver a los personajes enfrentarse a las dificultades, ni siquiera sé lo que significan los acontecimientos para ellos. Todo lo que sé, todo lo que comprendo y asimilo es el viaje a través de los ojos de la persona que lleva el volante. Probablemente no tenga nada que ver con el viaje que yo haría, con las cosas que yo contaría o priorizaría; es su viaje.

En ocasiones me ha pasado que he cogido el juego que anteriormente había contemplado desde la distancia, desde una atención poco más que intermitente, y he comenzado mi propio viaje. Entonces me doy cuenta de los huecos vacíos, de cómo había asumido cosas descabelladas e inverosímiles de muchos personajes; el entorno cobra un sentido diferente, por fin puedo atar cabos con esos acontecimientos de los que me hablaron pero yo, al no contar con toda la información, no entendí.

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No me di cuenta de lo bonica que era Tsubasa (Tokyo Mirage Sessions) hasta que interactué con ella por mí misma

Aun con eso, es indescriptible la gratificación que me supone saber que, tras un día largo o en uno de esos días en los que no quiero saber nada de nadie, puedo tirarme en el sofá y pedirle a mi pareja que, simplemente, juegue. Mientras tanto, yo me acomodo en el asiento de detrás, apoyo mi cabeza en el respaldo, y entre tanto el paisaje hace lo suyo; avanza ante mi mirada ausente, inmutado ante mi presencia, pero siempre en movimiento. Y yo me dejo llevar.

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Artemis
Artemis

Mi profesora de primaria me dijo que nunca sería nada en la vida. Quince años después aquí estoy, graduada en psicología y escribiendo sobre videojuegos en internet. Sigo sin saber si darle o no la razón. En Twitter me convierto en ajolote.

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4 comentarios
Pauler
Pauler 20/07/2018 a las 11:31 am

Me ha gustado un montón porque yo empecé a interesarme por los videojuegos viendo a mi hermano jugar (era muy peque, 4 o 5 años, y coger el mando me daba respeto). Una de las cosas que más me ha gustado siempre es ver a la gente jugar, incluso cuando era más mayor y ya sabía, prefería pasar el rato viendo cómo jugaba y compartir la experiencia con él de esa manera, que jugar yo. Un artículo precioso <3.

Goe
Goe 21/07/2018 a las 9:33 am

Gracias por este artículo. A mi novia siempre le ha gustado jugar con el portatil en la cama. He viajado a través del Fallout, Pillars of eternity, neverwinter, etc. de la misma forma, en el asiento de atrás, y se lo que se siente. Hace un tiempo que no juega, y me ha traído buenos recuerdos (la banda sonora del Fallout me sigue haciendo sentir bien, en casa)
^_^

Oriana
Oriana 21/07/2018 a las 7:38 pm

Buen artículo, desde pequeña me gustaban los videojuegos y como era la menor de mis 2 hermanos pues había juegos que no podía jugar porque o eran muy violentos o muy difíciles, los juegos que mas disfrutaba de espectadora fueron los Megaman X que los jugaba mi segundo hermano mayor y los Resident Evil que jugaba mi primo, aunque si me interesaba la historia y personajes que veía tanto que me veo vídeos donde te la resumen o de datos curiosos a pesar de no haberlos jugado mucho, de los Megaman X jugue el x4, x5 y x6 pero nunca los pase solo pasaba el escenario intro y el primer jefe de la lista, los Resident Evil…… Esos si no me atrevo a jugarlos porque ademas de los controles, no soy buena con los rompecabezas así que no avanzaría mucho pero a pesar de no poder completarlos me encantan los juegos y me gustaba ser espectadora de ellos, en las tardes viendo a mi hermano jugar el Megaman X y en las noches con mi primo jugando al Resident Evil.

Aonia Midnight
Aonia Midnight 10/08/2018 a las 11:01 am

¡Qué maravilla de artículo!

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