Una muerte digna para mi saga favorita

Una muerte digna para mi saga favorita

150 especies de Pokémon para atrapar

¡Hazte con todos! ¡Hazte con todos!

Más de 300 nuevos monstruos para tu colección

¡Hazte con todos! ¡Hazte con todos!

Ahora puedes atrapar más de 800 especies en total

¡Hazte con todos! Hazte con… ¿todos?

A la industria la mueve el dinero. Nadie vive por amor al arte, y si una saga va bien se va a explotar hasta que sus personajes no puedan ni respirar.

“Segundas partes nunca fueron buenas” es una frase dicha desde tiempos de El Quijote. En la década de los setenta y con el boom del blockbuster, Hollywood hacía que se rodaran dos películas a la vez para tener inmediatamente su secuela.

Las continuaciones de obras de entretenimiento de éxito son algo común a día de hoy y, a veces, puede hacer que una trama se estire demasiado o que pierda la calidad de la primera entrega. En videojuegos, este factor se incrementa por el hecho de que cada entrega de una misma saga va a acompañada de una consola diferente que, además, suele pertenecer a una misma compañía.

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Imagen de Reddit

El ejemplo claro de las sagas interminables es Nintendo: Super Mario, The Legend of Zelda, Pokémon… El lema de “Hazte con todos” podría ser un reto en 1996, con 151 pokémon para atrapar, pero a día de hoy y con más de 800 especies puede volverse algo imposible. El problema de estos juegos es que sacan entregas continuadas en el intervalo de, como mucho, dos años. Las películas o series de televisión suelen darse un pequeño respiro: poniendo de ejemplo el fenómeno de Star Wars, que cada bloque de películas tiene entre sí un intermedio de, por lo menos, diez años.

¿Pero qué conlleva que una saga de videojuegos se alargue demasiado?

Sobre la jugabilidad

La jugabilidad es la base de cualquier videojuego. Da igual la trama profunda o los gráficos escandalosos que puedan ofrecerte: si la jugabilidad falla, el videojuego entero fallará.

El problema en las sagas es que se debe tener un equilibrio entre las mecánicas que el jugador disfrutó de las pasadas entregas y unas nuevas que le hagan sentir que ha merecido la pena comprar una segunda o tercera parte, que la saga está evolucionando de forma correcta.

En el caso de Pokémon podríamos señalar cómo su tercera entrega introdujo los minijuegos de los concursos Pokémon, haciendo que la trama principal siguiese centrada en lo que el jugador conocía, pero atrayéndole con nuevas experiencias complementarias. El problema llega cuando Pokémon se encuentra en su séptima entrega y ya no sabe qué hacer: la crisis de las Megaevoluciones, que fueron la novedad en la sexta generación, parece que necesitan morir y ser olvidadas para que en la séptima haya que buscar algo nuevo que haga al jugador volver a sentirse “renovado” (movimientos Z en este caso). El problema en Pokémon es que las innovaciones anticuadas deben estar “en sincronía” con las nuevas, y ahí es donde radica la crisis de esta saga.

Y para muestra, un Let’s go (Pikachu).

Adaptarse a la sociedad

Los videojuegos son obras vivas. Están en contacto con la sociedad y es esta la que los nutre de sentido, porque es donde se encuentran sus consumidores. Si la sociedad evoluciona, el videojuego se ve obligado a evolucionar con ella.

Es por esta razón por la que decimos que ciertas obras han envejecido muy mal. La obra sigue siendo la misma, pero nosotras hemos crecido. Ya no suspiramos por el idiota de Danny Zuko y, aunque disfrutamos de todas sus tramas, sabemos apreciar la poca representación femenina en las historias de Tolkien. Hemos evolucionado, y si no evolucionas con nosotras… Cariño, ahí te quedas.

Battlefield V lo sabe. Y por mucho que moleste a ciertos sectores de la sociedad, la saga que tanto dinero da es consciente de que necesita acercarse a un nuevo público, a la nueva sociedad que existe ahora mismo para así no quedarse en la estacada. Battlefield V se está librando de la muerte, como los soldados que son han comprendido que en esta batalla solo se puede seguir hacia delante, y si es con señoras, mejor.

Sobre los gráficos

Somos unas superficiales, elitistas de los gráficos. ¿Alguna vez habéis sentido nostalgia de querer jugar al videojuego de vuestra niñez y os habéis muerto del asco al ver esos gráficos tan “poco realistas” o esos “bordes picudos”?

Sí, nos ocurre. ¿Cómo podíamos jugar a eso? Yo lo recordaba todo más bonito. Y entonces es cuando la empresa pone las manos en la mesa y señala:

¿Cómo vamos a hacer que los jóvenes que no estuvieron en la primera entrega decidan jugar? Remake.

¿Cómo vamos a hacer que todos esos nostálgicos quieran seguir jugando? Remake.

¿Cómo vamos a dejar el espacio de tiempo necesario entre dos nuevas entregas de una saga? ¡REMAKE!

Y aquí estamos. Gastando nuestro dinero en una preciosa nueva antigua entrega de nuestros videojuegos favoritos. Y no digo que esto sea algo malo, es una buena manera de atraer al público, sobre todo con sagas que no han sacado una nueva entrega desde hace años. Crash Bandicoot ha conseguido tocarnos la fibra sensible a todas: siendo, según AEVI, en julio de 2018 el octavo juego más vendido en España (en su versión para Switch).

Pero no es algo que funcione en todos los videojuegos. José Altozano (Dayoscript) señala en su video de La ciencia del Remake la importancia de esta idea en la industria audiovisual. “El mismo juego con mejores gráficos” señala el crítico al hablar de cómo los escenarios creados por fans como idea para el remake de The legend of Zelda: Ocarina of time quedan faltos de sentido. No funcionan.

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Imagen del usuario de Youtube AserGaming

¿Y si el remake con mejores gráficos no funciona? ¿Qué podemos hacer? ¿Un port no nos llevaría a nuestro problema de superficialidad?

¿Tiene la industria que cambiar o… somos nosotras las que tenemos que aprender a mirar tanto al pasado como al futuro?

 

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LadyGenya
LadyGenya

Alguien me dijo una vez “Señorita, voy a convertir esos videojuegos en deberes.” y me moló.

2 comentarios
Rena
Rena 18/09/2018 a las 11:30 am

Me parece interesante este artículo porque uno de mis problemas principales con ciertas sagas es que se me hacen repetitivas, como por ejemplo los Kirby, o por innovar se pierde lo divertido o que más aclama el público, como es el caso de los Paper Mario.

Es verdad que el factor nostalgia está dando fuerte y muches estamos cayendo en recomprar algo que ya tenemos, porque saben que jugar con los sentimientos da dinero fácil 🙁

KaroZoro
KaroZoro 24/09/2018 a las 3:51 pm

Me gusta el artículo porque la saga Pokémon ha sido y es muy importante para mí y, si bien quiero seguir disfrutándola cuanto más tiempo mejor, también pienso que los propios desarrolladores no le dan todo el cariño que merece. Lo que comentas de las megaevoluciones llevaba tiempo pensándolo: el hecho de poner una nueva característica y quitarla (en definitiva dejar de añadir, de estimularla) dos versiones más tarde hace que caiga en el olvido y parezca como algo de lo que se avergüenzan, cuando en su día era un punto que usaban para vender sus juegos. Y a consecuencia de eso solo transmiten inseguridad con la novedad del momento (movimientos Z).

Luego Sol y Luna me gustaron, pero no me enamoraron como otras versiones tiempo atrás. UltraSol y UltraLuna sí me dieron esa sensación de juego completo que Sol y Luna no terminaba de darme, pero lejos de sentirme complacido solo me sentí estafado, pues es ese el juego que debieron darnos directamente, aunque eso supusiera haber esperado más. Zelda Breath of the Wild atrasó su lanzamiento en varias ocasiones, pero ante su resultado nadie ha podido quejarse porque se entiende que ese trabajo no se hace en una noche. Cada jugador ha sentido que ha valido la pena esperar. ¿Por qué Pokémon no es capaz de ver esto y se fuerza a sacar versiones año sí año también? Querer a una saga no significa endiosarla y permitírselo todo, significa hacer lo mejor por ella y por todos los jugadores que tiene detrás.

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