Los asesinos en mi móvil, Assassin’s Creed Rebellion

Los asesinos en mi móvil, Assassin’s Creed Rebellion

No pienso alardear de haber sido de las primeras en apuntarme a la lista de notificaciones (no lo hice). O de haber estado esperando un año largo a que saliera (porque en algún momento olvidé la noticia). Pero creo que sí puedo alardear de ser de las que mejor se lo están pasando con Assassin’s Creed Rebellion. Y eso, después del último fiasco sufrido con Hogwarts Mystery (ese sí lo estaba esperando), es mucho decir. Sobre todo, teniendo en cuenta que empezaba a hacerme a la idea de que nada superaría mi amor nunca declarado por el Free Fall (versión Frozen).

Reconozco que nunca he sido mucho de juegos en el móvil. Ni siquiera uno de mis preferidos de todos los tiempos, Monkey Island, fue capaz de engancharme del todo cuando lo compré en su momento. Tampoco el Clash Royale, el infame Hogwarts Mystery o el Pokémon Go han aguantado mucho en mi radar. Siguen instalados, y de vez en cuando los abro, pero la fiebre no me dura más de dos días. Y entonces llegó Assassin’s Creed Rebellion y perdí la cabeza. O casi.

¿Es el mejor juego de móvil del momento? Seguro que no. ¿Tiene momentos en los que lo apagaría y no volvería a encenderlo? Por supuesto. Y, sin embargo, aquí estoy. Meses después de su lanzamiento (día arriba, día abajo) y enganchada como el primer momento.

Quizá su éxito radique en la elección de género (Strategy RPG); en lo bien equilibrados que están esos dos aspectos; en robar mecánicas que funcionan (los Pokémon no, pero sí quiero coleccionar TODOS los mini asesinos); en apuntar a los más fieles, con la posibilidad de jugar con tus personajes preferidos, mientras ofrecen algo nuevo; o en la mecánica fácil de pillar. O, quizás, se encuentra en la sabia combinación de todas ellas.

Sea lo que sea, podéis contarme entre sus adeptos, y de todas las razones enumeradas, permitidme que me detenga en algunas de ellas.

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Strategy RPG o cómo mezclar géneros (de los que me enganchan por separado)

En Assessin’s Creed Rebellion se mezclan dos conceptos: por un lado, el formar equipos con diferentes PJ’s para completar las distintas misiones; por el otro, gestionar tu sede, sus estancias, sus recursos y los objetos que puedes completar (armaduras, armas y accesorios para los personajes). Los tiempos de regeneración de vida, o de finalización de tareas, son lo suficientemente cortos como para que puedas dejar a Aguilar forjando un arma mientras te lanzas a la búsqueda de recursos de la Inquisición, o que para cuando todos tus personajes están bajos de vida puedas dedicarte a la parte más de estrategia y planificación, de forma que puedas pasar de un aspecto a otro del juego durante largos periodos de tiempo. A ello contribuye que, cuanto mayor sea tu equipo, más misiones puedes completar.

Además, si lo que necesitas son recursos concretos (cobre, por ejemplo), puedes repetir misiones que ya has completado y acelerarlas, minimizando el tiempo invertido y las consecuencias negativas de elegir mal personajes o acciones. Aunque el éxito no es inmediato y, a veces, puedes liarla parda. El resultado es una mezcla bastante equilibrada de ambos mundos, lo suficiente como para que, si me canso de luchar contra los malvados inquisidores, pueda descansar de las peleas mejorando mi sede o mis héroes.

Los freaks de juegos de estrategia como My Time at Portia, Los Sims o el Civilization perderemos las horas en la persecución incansable de todas las opciones posibles para construir, crear y poner “más guapos” a nuestros asesinos. En el momento en el que decidan incluir elementos cosméticos, además de mejoras en las stats, estaré completamente perdida, y tendréis que venir a rescatarme de mi propia obsesión. Como bien muestra que cada uno de mis PJ’s de World of Warcraft tenga un atuendo específico por raza y especialización. Y son más de uno y de dos.

Personajes viejos, nuevos y el deseo de poseerlos a todos

Lo reconozco, no consigo pillar del todo la obsesión por el Pokémon Go y, más allá de los que me provocan ternura o me divierten por su concepción (Jynx o Mr. Mime, por ejemplo), la idea de capturar absolutamente todos los pokemons que hay en el mundo me importa más bien poco. Soy capaz de tener en cartera diez Eevees que no sirvan para nada y no sacrificarlos por coger un nuevo bicho. Pero Assassin’s Creed se ha descubierto como mi talón de Aquiles en esto también.

Estoy lejos de gastarme dinero en cofres de ADN para conseguir a todos los héroes, pero mi reserva de créditos de Helix no es, precisamente, boyante. Ahorro lo suficiente como para comprar cubos de ADN (de evento o normales) en una especie de eterno retorno que me hace parecer una mezcla entre Sauron y Voldemort, deseando controlarlos a todos. Nuevos y viejos, conocidos y los creados especialmente para el juego. Y Aguilar nunca me gustó tanto desde que Fassbender decidió hablar castellano. Es como coleccionar Funkos en tu móvil. Aunque más entretenido. Y barato.

Assassin’s Creed Rebellion es, en definitiva, mi nueva adicción en formato móvil. Cierto es que en casa no le hago mucho caso cuando tengo tiempo para jugar (hay demasiados títulos peleando por mi atención), pero fuera de ella es culpable de haberme saltado alguna parada de metro o de autobús. Más de una vez. ¿Seguirá siendo mi vicio (in)confesable en los próximos meses? Posiblemente. Y si no, al menos siempre nos quedará la España de la Inquisición. Y ahora, si me lo permitís, tengo que forjar unas armaduras y acabar con algunas amenazas…

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Tindriel
Tindriel @Tindriel

Mi primer amor fue atrapar fantasmas con mi Commodore 64. El idilio continuó aprendiendo mitología griega con los puzzles de Sierra y atrapando criminales junto a Sherlock Holmes. Pero supe que estaba perdidamente enamorada cuando preparé grog con ron, SCUMM y muchos ingredientes corrosivos. Azeroth es mi segundo ho

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