Una gran historia, un momento puntual, un reflejo de algo que hemos vivido… Muchas son las situaciones que nos llevan a emocionarnos en un videojuego. Y a eso venimos hoy, sí, hoy las redactoras venimos a llorar. Bueno no así literalmente, sino a hablar de aquellos títulos o momentos que han llegado a conseguir que derramemos alguna que otra lagrimilla.
Naitmarr
Cuando una buena amiga (gran gamer, aficionada a las aventuras gráficas y mejor persona) me recomendó que jugara a Oxenfree no esperaba encontrarme con esta obra de arte que me iba a tocar la fibra sensible de esta manera. Lo sobrenatural, el terror y el misterio se transmiten de forma muy cuqui (y en cierto modo esto contribuye a que sea más terrorífico), y temas que pueden ser disparadores muy, muy chungos son representados con fluidez y hasta diría que naturalidad (¡el trabajo de doblaje y las mecánicas de conversación son espectaculares!).
Pero aquí hemos venido a hablar de que me ha hecho llorar: tiene varios finales, o eso tengo entendido, pero la posibilidad de cambiar el pasado de una forma tan brutal (tanto en el mal como en el buen sentido) me hizo las piernas gelatina. Este juego, además, tiene como protagonista a una muchacha (Alex), para quien su relación con su hermano (y con su hermanastro) es muy, muy importante. No sé, quizá tocó algo en un rinconcito de mi ser.
Darkor_LF
La primera vez que jugué Final Fantasy IX tendría unos 16-17 años y quedé profundamente enamorada de Blank, pero como salía poco, me fuí al siguiente ladrón guapo que era Yitán. Si os habéis pasado el juego, entenderéis lo mal que lo estuve pasando en la media hora final de la cinemática, tratando de no llorar delante de mi hermano, que se había pasado el juego ya. Estaba en una fase de negación total por el destino de Yitán, con mi hermano insistiendo que no, que había muerto del todo. Cuando ya llevábamos veinte minutos de escenas que iban a hurgar en las heridas, yo estaba buscando los pañuelos cuando pasó lo obvio: Yitán vuelve a escena porque no estaba muerto, estaba de parranda. Las ganas de llorar se me fueron mágicamente y me quedó disfrutar de los últimos minutos de juego solamente.
Jugando Final Fantasy X, ni mi hermano ni yo aguantábamos mucho a Tidus y yo le había cogido tirría a Yuna por esa mazmorra larga donde la manejas y va dando pasitos. Así pues, cuando en el momento final del todo, cuando han derrotado a Jetch y Tidus empieza a desvanecerse, yo estaba medio festejándolo, pero Yuna no, y se lanza a darle un abrazo a Tidus, pegándose tremenda hostia contra el suelo. El problema es que la cámara enfoca su cara, que se queda mirando al vacío. Así que me empecé a reír como una hiena diciendo que se había matado, todo este tiempo de acá para allá luchando y se había matado cayéndose al suelo. Le contagié la risa a mi hermano, lo que hizo que me riera aún más y acabé llorando de risa. De hecho, ni recuerdo cómo continúa el final, porque del ataque de risa dejé de prestar atención. Soy un ser humano horrible.
Azka
Si un juego tiene una buena historia, compleja e inmersiva, os aseguro que tendré mis emociones a flor de piel y empatizaré muchísimo con los personajes, y si hay que llorar pues se llora, cero complejos. Una de estas historias fue la de Life is Strange.
Nuestra querida Max, una joven estudiante de fotografía, tiene que pasar un auténtico calvario emocional por culpa de sus poderes, que le permiten retroceder en el tiempo y así cambiar los sucesos, pero para ello tiene que vivirlos y revivirlos y afrontar sus posibles consecuencias. Es un juego en el que le dan, por supuesto, mucha importancia a tus elecciones, pero ¿qué puedes hacer cuando te dan a elegir entre dos cosas muy importantes pero excluyentes? Mi primera opción fue llorar. No quiero hacer spoilers pero tener que ponerte en la piel de Max y ver qué puede pasar y que todas las opciones sean desgarradoras en algún punto… En serio, cry a river.
Chi Skywalker
Cada vez que salta la idea de hablar de algo junto con el resto de compañeras tengo la sensación de que parece que, aparte de juegos más retro, solo he jugado durante estos años a unos juegos muy específicos…
Pero vamos a ver… ¿Quién no ha llorado con la antesala a los diferentes finales Beyond II Souls (y con toda la trama en general)? Hace ya un par de años que profundicé en este thriller de acción de Quantic Dreams en el que Jodie es nuestra sufrida protagonista y donde padece las mil y una. A mí, personalmente, me costó muy poco identificarme con ella y con muchas de las cosas que suceden a lo largo de su vida: desde sus intentos por encajar entre otros adolescentes, hasta los empujones constantes a liarse con machito de turno, pasando por sentirse una simple marioneta manejada por otros para su propio beneficio.
Todo mal, todo el juego sufriendo y llorando. Pero si no lo habéis jugado es el momento de que paréis de leer porque voy a destripar el final. ESE momento en el que Jodie pierde la conexión con Aiden, ilustrado en una figura que se desvanece en miles de partículas luminosas que se pierden en una violenta tormenta… ¿QUÉ? ¡Decidme que no se os han empañado los ojos con esa escena!
Ka’alshya
Que yo no soy de lágrima fácil, en general, lo saben muchas personas; así que escoger un juego que me haya hecho llorar es difícil cuando el único ha sido Mass Effect 3 (aunque más bien es la suma de los dos juegos anteriores al tercero, vaya). Pero como no quiero repetirme hablando de la historia de la comandante Shepard pegándose contra sepias metálicas asesinas, me centraré en otra de mis sagas favoritas de la que aún no he hablado: Assassin’s Creed, concretamente los juegos que narran la vida de Altaïr Ibn-La’Ahad y la vida de Ezio Auditore. Aviso que puede que haya spoilers en mi texto si no habéis jugado (no sé si son spoilers, pero por si acaso prefiero avisar).
Reconozco que, a diferencia de Altaïr, Ezio no me entró por buen ojo cuando jugué a Assassin’s Creed II, pero, con el paso de los juegos, terminó por caerme bien y acabé por cogerle cariño. Verlo madurar y envejecer a lo largo de tres juegos (sin contar los que salieron para móviles y consolas más pequeñas) y un corto de animación hizo que me sintiera triste, pero satisfecha en cierto modo. Con Altaïr es todo más difuso en el sentido de que vemos su vida de manera más indirecta que con Ezio, porque a diferencia del italiano, con Altaïr nos vamos enterando de retazos de su vida a través de los códices y de recuerdos puntuales; además del libro La Cruzada Secreta, donde se hace un buen resumen de su vida.
Es triste tener que dejar ir a dos de tus personajes favoritos, porque quieres seguir viviendo aventuras con ellos; pero, por otro lado, en el fondo sabes que es lo mejor. Es como esa sensación que te deja un libro que terminas de leer y del que no habrá más segundas o terceras partes; has permanecido con los personajes durante muchas páginas, durante muchos niveles, los has visto reír, llorar, sufrir, tener éxito y fracasar. Y ver que su propósito en la trama se ha cumplido y ahora sólo les queda retirarse, bien para morir, bien para retomar su vida en el punto donde la dejaron, te deja ese vacío en el corazón que se transforma en añoranza. Pero es una añoranza agradable porque cuando los recuerdas, sonríes. Y aunque es triste, eso también es bonito.
Dunkel
He llorado con muchos videojuegos, muchos de ellos, ya mencionados por mis compañeras: Mass Effect, Beyond Two Souls, Life is Strange… También en momentos específicos de alguna trama, como cuando Geralt entra en la cabaña a reencontrarse con Ciri en The Witcher 3 (qué mal lo pasé esos primeros minutos…). No sabría cuál escoger, pero sí puedo hablar del último que me ha producido esa sensación. Logrando que tirase de pañuelo en varios puntos de la trama y ya que llorase a moco tendido al final de la historia… De nuevo tengo que pushear la agenda con Hellblade: Senua’s Sacrifice. La ambientación, la historia, su banda sonora, la propia Senua, logra una empatía con el jugador cuidada al milímetro en muchos aspectos. Resulta imposible que esta guerrera celta no se haga un hueco en tu corazoncito y te haga derrochar más de una lágrima.
Laura Tejada
Si hubiera participado en este artículo conjunto hace unos meses estoy segura de que habría venido a hablar de cómo tuve que dejar de jugar a This War of Mine porque no pude soportar el sufrimiento y la pérdida de mis personajes, o de cómo el episodio 4 de Life is Strange me hizo llorar a medida que presenciaba el cambio tan grande que sufre Chloe en su vida. Esos eran para mí los momentos más emotivos que recuerdo haber vivido en los últimos años jugando a videojuegos, pero no hace mucho concluí una historia que me dejó todavía más rota.
Se trata del DLC: Secrets of the Maw, del juego Little Nightmares, del cual ya os hablé en su momento. Aquí protagonizamos un viaje paralelo al de Six, la protagonista del juego principal, y encarnamos a un chico fugitivo con el que recorreremos las intrincadas profundidades de la estructura submarina conocida como “Las Fauces”. La experiencia a lo largo del DLC fue emocionante, muy parecida a Little Nightmares, pero entonces llegó el final.
ESE
FINAL.
Si has jugado previamente la historia de Six, llegados a cierto momento empiezas a sospechar cómo va a acabar todo, pero no quieres creértelo. Y así, entre la negación y el temor, avanzas por los últimos minutos del juego hasta que, efectivamente, eso que creías que no podría pasar por ser tan terriblemente descorazonador, pasa.
Algo en ese final se me agarró tan adentro que durante una hora tras acabar el DLC estuve hundida en la mierda más absoluta, llorando desolada. De hecho, ahora lo recuerdo y sigo emocionándome porque es un final cruel, injusto y muy triste, pero al mismo tiempo es una manera magistral de cerrar el círculo con la historia de Six, siendo coherente con la narrativa del propio juego.
Así que sí, me encantó, pero espero no dar con muchos más momentos así jugando, al menos en un tiempo.
Qué llorera más tonta, oye… y tras recoger las cajas y cajas de clínex de la redacción, nos toca preguntar: ¿Cuál es vuestro momento más emotivo o con qué videojuego os habéis emocionado más?
