Edge of Eternity. El viaje del héroe egoísta

Edge of Eternity. El viaje del héroe egoísta

18/02/2019 | Artemis | 1 comentario

Recientemente ha caído en mis manos una clave del acceso anticipado de Edge of Eternity, un RPG que captó toda mi atención en cuanto vi el tráiler y que supe que necesitaba probar. Hoy vengo a contaros cómo ha sido atravesar la primera ruta de lo que parece un gran viaje.

Hace treinta años, extrañas naves de metal aparecieron en el cielo.

No sabíamos quiénes eran, ni cuáles eran sus intenciones.

Al principio se nos presentaron con regalos, pequeños obsequios de su increíble tecnología.

A cambio, lo único que pedían era comida.

Más tarde nos pidieron permiso para explotar nuestros recursos.

Y, finalmente, quisieron arrebatarnos nuestros cristales.

Nosotros nos negamos.

Ellos contestaron con fuego.

Una matanza.

El Consorte nos acogió para organizar la resistencia.

Reclutar a la gente, unirla, entrenarla para crear un ejército capaz de hacer frente a un poder tan abrumador.

A costa de terribles sacrificios, finalmente atravesamos sus defensas y conseguimos cambiar el curso.

Empezábamos a ganar esta maldita guerra.

Fue entonces cuando llegó.

La Corrosión.

Se extendió rápidamente entre nuestras filas, envenenando nuestros cuerpos, retorciendo nuestras extremidades, convirtiéndonos en un terrible engendro; mitad orgánico, mitad máquina.

Pero no nos íbamos a doblegar.

A pesar del cansancio, de la enfermedad, del hambre.

Entonces…recibí una carta de mi hermana.

Me contaba que nuestra madre había contraído la Corrosión.

¿Qué hubiérais hecho en mi lugar?

Sí, es lo que yo también pensé.

Durante uno de sus ataques más fuertes, colé mi identificación en alguno de los cadáveres.

Y me esfumé.

Así es como me convertí en un desertor.

Tanto mi hermana como yo lo teníamos claro.

No permitiríamos que nuestra madre se enfrentara a una muerte tan terrible.

Pero todo tiene un precio.

No es la primera vez que se nos presenta la historia de un RPG a través del relato de la historia reciente del mundo fantástico que pronto empezaremos a descubrir. Tampoco es la primera vez que el viaje del héroe lo desencadena la destrucción de su propio hogar. Sin embargo, pocas veces llegamos a conocer los eventos a través del relato de una persona que vive la tragedia en sus propias carnes; pocas veces llegamos después del horror y la tragedia.

La historia de Edge of Eternity comienza como un jarro de agua fría. A través de las palabras de Daryon, el mundo que se nos presenta es el de una sociedad que está sufriendo los estragos de la colonización de un enemigo al que aún no conocemos; mucho más avanzado tecnológicamente, sediento de sus recursos y portadores de una enfermedad que está diezmando a la población. Ante esto, la humanidad ha hecho piña con el apoyo de sus gobernantes

Pero quien nos cuenta esta historia está muy lejos de ser el héroe que nuestro mundo necesita. Daryon es un desertor, un joven que, ignorando las necesidades de su patria, renuncia a su deber y se embarca en un viaje sin rumbo en la misión de salvar a una única víctima de una pandemia que se ha cobrado ya incontables vidas. Encarnamos a alguien cuya misión, en tiempos de guerra, es totalmente egoísta y personal. Encarnamos a alguien que es lo totalmente opuesto a un héroe. Pocas veces se explora la psique de un protagonista a través de sus defectos y debilidades. Y aunque no suele ser plato de buen gusto para nadie tener que empatizar a una persona que, probablemente, encarne unos valores no deseables, me parece un punto fresquísimo que desde el principio sienta un precedente en un juego que tiene mucho que ofrecer.

Por lo general experimentar en un RPG suele ser una tarea compleja. Los adeptos de este género solemos encorsetarnos en unas reglas rígidas sobre cómo funcionan los sistemas, los universos con los que interactuamos… e incluso con el ritmo de la historia y los arquetipos de los personajes. Sin alejarse completamente de esta rigidez, Edge of Eternity tiene unas propuestas interesantes que permean al jugarlo desde el primer momento, cuando tomas el control de Daryon en una nevada hostil, sin rumbo y sin dirección, tan solo siguiendo el rastro de su resuelta hermana Selene mientras intercalan el miedo e incertidumbre con chascarrillos y piques de hermanos.

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A través de los diálogos veremos cómo, a pesar del amor entre hermanos, hay heridas del pasado que tanto Daryon como Selene tendrán que sanar.

 

Aquí comienza uno de los puntos que me chirriaron ligeramente mientras jugaba. Los diálogos me resultaban, hasta cierto punto, algo impostados, como si fuera muy evidente que satisficieran la necesidad de dar información relevante, establecer una relación entre personajes o, sencillamente, romper una atmósfera demasiado agobiante por el contexto que se nos presenta desde un primer momento. Es una sensación que me ha acompañado en todo momento, tanto en la interacción entre los protagonistas, los villanos y los aldeanos neutrales. Tratándose de un género que depende tanto del diálogo y la interacción, este punto mejorable llega a lastrar bastante y, al menos en mi caso personal, me hacía desconectar brutalmente de la experiencia.

No obstante, lo último se compensaba cada vez que recuperaba el control e interactuaba con el entorno y me dejaba llevar por los preciosos paisajes, sin poder dejar de pensar que esas vistas increíbles eran fruto del trabajo de un equipo de tan solo nueve personas. La estética, a caballo entre la fantasía medieval y el futurismo semi-mágico que sugieren los cristales, nos es un entorno conocido a los veteranos del género y llena de colores vivos y atractivos las paletas más sobrias características de la estética medieval. En un mundo en el que la tragedia ha mellado fuertemente la civilización, la magia y la naturaleza destacan y resurgen a través de espacios que se muestran vivos e imponentes.

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A mí ponme entornos naturales con elementos brillantes y me tienes enamorada

 

Otro punto fuerte de Edge of Eternity es un sistema de combate muy completo y de cierta complejidad con respecto a lo que son los combates por turnos tradicionales, pero cuyas normas entiendes a la perfección gracias a que son presentadas de forma paulatina y orgánica. En lugar de los turnos tradicionales, este título apuesta por el Active Batlle System (ATB): una barra que se irá llenando por cada personaje presente en la batalla determinará cuándo podemos ordenar las acciones que el luchador tendrá que ejecutar. Un sistema dinámico que no da tregua y que te fuerza a pensar con rapidez, pues el tiempo que tardes en decidirte es tiempo que puede aprovechar el enemigo para dañarte.

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Esto resulta crucial además si decidimos emplear magia, la cual tiene un tiempo de carga que se verá interrumpido y cancelado si el personaje es golpeado. Además de esto, el escenario está dividido en cuadrantes por los cuales los personajes, aliados y enemigos, pueden desplazarse en cada turno. El posicionamiento será algo importante debido a que, además de que permite distanciarse de los enemigos, servirá para interactuar con diferentes elementos presentes en el campo de batalla que pueden serte de utilidad para poner la situación a tu favor. Estas mecánicas estarán disponibles no solo durante los combates, sino que aparecerá también a la hora de resolver pequeños puzzles necesarios para abrirnos paso por el mundo. A pesar de que el ABS es un sistema algo infame dentro de algunos círculos, en mi caso personal ha supuesto algo fresco que me ha mantenido despierta y atenta en cada encuentro; si bien es cierto que habría que ponerlo a prueba en el caso de que la curva de dificultad del juego exija en algún momento dedicar horas a subir niveles, en cuyo caso podría llegar a ser tedioso.

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A pesar de tratarse de una pequeña muestra de lo que Edge of Eternity va a ser, mi tiempo jugado me ha mostrado un RPG increíblemente sólido y vistoso para tratarse de un equipo tan reducido. Aunque, de lejos, lo que más me llama y me inquieta es la perspectiva de una historia que puede conducirnos a debates y reflexiones muy interesantes sobre colonialismo, los conflictos armados y las anteposición de lo personal por encima de lo común.

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Artemis
Artemis

Mi profesora de primaria me dijo que nunca sería nada en la vida. Quince años después aquí estoy, graduada en psicología y escribiendo sobre videojuegos en internet. Sigo sin saber si darle o no la razón. En Twitter me convierto en ajolote.

1 comentario
Carmendm3
Carmendm3 26/02/2019 a las 9:48 am

Muy buena reseña, muchas gracias! Yo también tengo el juego, me lo trajeron los Reyes estas Navidades, pero reconozco que lo he dejado un poco aparcado porque me cuesta seguir todas las conversaciones en inglés, espero que en algún momento decidan sacar los subtítulos en español o algún alma caritativa que realice un mod con los subtítulos.
Por lo demás, lo que dices de las 9 personas realizando un trabajo semejante es alucinante, para quitarse el sombrero!

Un saludo:

Carmendm3

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