Deponia: de privilegios, tontadas y chistes malos

Deponia: de privilegios, tontadas y chistes malos

Imaginaos una sociedad con algunos toquecillos steampunk que vive en un lugar un poco desastroso y que es una basura (literal). Ahora imaginaos a un joven mozo que quiere salir de ahí a toda costa, como es lógico y razonable. Y ahora imaginaos que el mozo no es muy listo. Qué puede salir mal, ¿verdad?

Más o menos esa es la historia inicial de Deponia, una saga de cuatro entregas que empezó allá por el 2012. Diseñado y publicado por los alemanes Daedalic Entertaiment, Deponia es el clásico point-and-click que no está hecho para rompernos la cabeza, pero sí para reírnos un poquitico. En esta aventura llevaremos a Rufus, un muchacho con grandes ideas, pero no muy bien ejecutadas y que vive en un basurero/ciudad, Kuvaq. Nuestro amigo Rufus es de inventar cosas que el resto de la gente no consideran muy útil, y al no sentirse apreciado por sus conciudadanos decide irse a pastar a campos más verdes. Esos campos más verdes son nada más y nada menos que Elysium. Elysium es un lugar que está (literal) por encima de Kuvaq y donde todo es perfecto, salvo por el detallito de que tiran toda su basura al suelo donde los habitantes de Deponia viven, aunque la mayoría de los habitantes de Elysium no lo saben porque el gobierno les ha dicho que el suelo está inhabitado.

El caso es que Rufus prepara uno de sus inventos para catapultarse a Elysium, sale mal y acaba en una de las naves de los malos. Ahí se encuentra a Goal, que fue enviada por Elysium para comprobar el estado de Deponia antes de hacerlo saltar por los aires. La pobre Goal no sabe que Deponia está habitada, y al descubrirlo los malos intentan eliminarla. Pero ahí está Rufus para salvar el día. Rufus intenta rescatar a Goal, sale regular, y los dos acaban de vuelta en Deponia, con Goal inconsciente y glitcheando. ¿La misión que tienen por delante? Evitar que los Organnon oculten por más tiempo que Deponia está habitada y, por lo tanto, evitar su destrucción.

Historia guapa, la verdad, pero que para mí dejó de tener enganche a mitad del segundo juego. En mi humilde opinión, era como si volvieran al mismo plot inicial y lo resetearan añadiendo o quitando elementos. Pero sigamos con esta historia.

El sistema de point-and-click no tiene nada novedoso que haga que todo el mundo flipe y lo haga GOTY ni mucho menos, pero, amigas mías, lo mejor de esta saga de cuatro juegos son las bromas estúpidas.

Como ya he contado antes, Deponia está desarrollado por una compañía alemana y se ve que los trabajadores de Daedelic Ent. son unos cachondos y les gusta demostrarlo.

Cierto es que se pierden muchas bromas en la traducción (a no ser que sepáis alemán, que si lo domináis pues p’alante), pero nos dan grandiosas gemas como esta.

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Rufus, un millenial más que se ríe de su soledad (captura propia)

Pero no solo de bromas vive el videojuego, y Deponia también tiene sus cosillas reguleras. Una de ellas para mí es que puede llegar a ser un poco repetitivo. Jugué a las cuatro entregas de golpe mientras tomaba descansos del The Witcher 3 y acabé por hacer los puzles con desgana porque todos seguían más o menos la misma mecánica. Lo bueno (y a la vez lo malo) es que te puedes saltar muchos de los puzles, lo cual te hace perder un 50% del sentido del juego, y no te obliga a darle al coco cuando tienes la simple oportunidad de clicar un botón y hacer que tus problemas con Rufus desaparezcan hasta el siguiente puzle. Pero, por otro lado, ¿de qué sirve poner retos si es tan fácil para el jugador evadirlos? Así que igual mi consejo es que no los juguéis todos de golpe y os deis un tiempo entre juego y juego para que la mecánica no se os haga repetitiva.

 

Pero ahora hablemos del lo profundo. Aunque igual es que hace unos días vi «Us» de Jordan Peele en el cine y ahora veo simbolismos por todas partes. En el mundo de Deponia tenemos dos «mundos» completamente distintos. Uno donde todo es maravilloso, donde los habitantes se olvidaron de sus orígenes terrenales y ahora viven en las nubes en un lugar propio de los dioses del Olimpo griego. Y, por otro lado, tenemos a la gente olvidada, a los que viven entre basura y sin agua potable y que no tienen escapatoria posible de esa situación. Los pocos de arriba que conocen la existencia de los de abajo quieren destruirlos a ellos y a su tierra, mientras que los de abajo ni son conscientes ni capaces de defenderse. Y Rufus, nuestro pequeño, estúpido héroe, le echa un par e intentar salvar su tierra. Aunque al principio Rufus es un egoísta que parece que solo quiere dejar atrás todo en su vida y vivir en el paraíso, que ni quiere ni necesita a la gente con la que se crio y creció. Y luego va y resulta que sí que le importa algo, lo bastante como para que dé para cuatro videojuegos. Los privilegios del Elysium y los problemas a los que se enfrentan en Deponia son el día a día del mundo real también, y aunque puede ser que no fuera la intención de Daedelic tal paralelismo, yo me quedo con la evolución personal de Rufus como personaje (y con los chistes malos, por supuesto).

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«Que os den, ahí os quedáis» es la mejor presentación que me han hecho en un videojuego

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akusokozan
akusokozan @crisiscrisis_

Reina de la procastinación. Juego a cosas, escribo de cosas y leo sobre cosas. The Witcher 3 me absorbió el alma y desde entonces no he sido la misma.

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