Lugares a los que regresar

Lugares a los que regresar

Todes tenemos un algo a lo que volvemos un millar de veces: la película que hemos visto un millar de veces y veremos un millar más; un libro o cómic que hay que abrir con cuidado de que no se nos desmorone en las manos, por la cantidad de relecturas y viajes; los diálogos de ese capítulo de esa serie que eres capaz de recitar de memoria… Con los juegos esto es incluso más complejo, no en vano siempre encaramos a alguien o algo cuando jugamos y según la historia, la implicación emocional es mayor. Sentimos miedo, lloramos con ellos, nos relajamos con ellos… un sinfín de emociones. Hay casos concretos donde se juntan ambas cosas: volver continuamente a un juego porque nos hace sentir como en casa y calentitos, a salvo del mundo real y de la vida que nos pasa por encima. Así pues, hoy toca hacer un viaje por las emociones, un poco de nostalgia y volver a los lugares conocidos. A esos lugares a los que regresar.

Darkor_LFFinal Fantasy IX

Este verano leí La última mujer de La Mancha de Enerio Dima, una novela que habla del terror de la España vacía. De tener que abandonar tu hogar por Madrid. Cuando lo terminé, me aplastó la certeza de lo que ya sabía: odio Madrid y estoy atrapada aquí. Lo cual es bastante complicado cuando me han definido como “la persona más madrileña que conozco”. Es una situación muy rara y a la que me he acabado acostumbrando. No negaré que hay cosas que me gustan de Madrid (incluso a veces me gustan cosas de Alcalá de Henares, donde vivo), pero en el fondo quiero verla desaparecer por lo que encarna: el centralismo, el agobio de la gente, el ritmo frenético, el notarla como una mole de hormigón que traga y escupe gente… es algo que me horroriza. En general, pensar en Madrid me provoca un vacío en el estómago: una sensación de desarraigo y no pertenencia que siempre cargo conmigo. Quizá me llevaría mejor con la ciudad si pudiera volver a los lugares donde veraneaba de pequeña.

“A veces creo que mi vida son los huecos en los que no estoy volviendo a Final Fantasy IX es una frase que escribí una vez y es la mejor definición de mi relación con este juego. Los motivos para esto son fáciles y relacionados con lo anterior: Terra y Gaia son mis lugares a los que regresar.
Como son digitales puedo acceder a ellos fácilmente y en el momento de su historia que prefiera. Es como abrir un armario olvidado, o volver a casa de un familiar tras mucho tiempo, y reencontrarte con tus juguetes de cuando eras pequeña. Durante un instante recuerdas esos momentos, que te parecen más simples y sencillos, y vuelves a jugar durante unos momentos, sabiendo aún todos los secretos que guardaban.
Es lo que pasa cada vez que vuelvo a FFIX: no estoy mucho, pero sí lo justo para relajarme y despreocuparme. Dejar a la gente vagar entre sus rincones y hacer un repaso mental de lo que he hecho y lo que me queda. Planificar mi siguiente destino, yendo sin mirar al mapa (que me sé de memoria), no dudar de los controles, echar una partida de Tetra Master… Es algo que está ahí siempre, inmutable en el tiempo, aguardando que vuelva. Como un par de zapatillas de estar por casa viejas.
Volver a Final Fantasy IX es para mí como sacar los juguetes del trastero: recordar tiempos donde todo era más simple y el ser adulto algo muy lejano. Tener un sitio al que saber que puedo volver en caso de que esté mal. Tener un lugar al que regresar.

NéboreRatchet & Clank Armados hasta los dientes

Voy a haceros una confesión: soy una persona que siempre se obsesiona demasiado con el trabajo pendiente, ya sean estudios, artículos o cosas tan simples como hacer la compra. El saber que tengo cosas que hacer, por nimias que sean, me genera unos niveles de ansiedad con los que aún estoy aprendiendo a lidiar. Intento que esto no afecte a mi día a día, pero hay momentos en los que llego a mi límite y necesito una vía de escape para no bloquearme. Esa vía de escape no es otra que los videojuegos. Y de entre todos ellos, la saga que más me ayuda a evadirme y pasar un buen rato es Ratchet & Clank.
Descubrí estos juegos con Armados hasta los Dientes. Y fue una suerte porque, junto con su secuela Atrapados en el Tiempo, forma parte de mis entregas favoritas. He jugado y rejugado estos títulos tantas veces que puedo recitar los diálogos de memoria, y aun así sigo disfrutándolos como el primer día. Mecánicas satisfactorias, mundos variados, armas muy originales… Podría pasarme todo el día enumerando todo lo que me gusta de estos juegos, pero prefiero centrarme en el aspecto que más me ayuda a evadirme y olvidarme del mundo. Por supuesto, me refiero al humor.
Si algo caracteriza a esta saga es sin duda el gran sentido del humor que muestra en todo momento. Conversaciones absurdas entre personajes que derrochan carisma, programas y anuncios que ojalá se emitieran de verdad, armas que te hacen vivir la fiebre del sábado noche, patitos de goma antimateria… Estos juegos nunca pierden la oportunidad de hacerte reír con su humor absurdo, ya sea en cinemáticas o cosas tan simples como el nombre de los objetos (desde aquí pido que le suban el sueldo a quien se le ocurriera llamar a un lanzamisiles “el Negociador”). Aun con todos los años que han pasado desde la salida de Armados hasta los Dientes (concretamente… ¿12 AÑOS? No, me niego a creerlo) todavía consigue sacarme una sonrisa. Si algo tengo claro, es que un universo en el que existe el capitán Qwark es un universo un poco más feliz. No seguro, pero feliz.

AkusokozanLos Sims

Normalmente juego cuando quiero y cuando me da una necesidad de escapar el mundo real (¿y a quién no?). A veces, esa necesidad es tan grande que no quiero escaparme a un videojuego donde haya una historia desarrollada, con personajes complejos, con equipos o estrategias. Cuando estoy en uno de esos momentos en los que no quiero preocuparme por los problemas de esos angustiados personajes con crisis existenciales que tienen que salvar el mundo (te estoy mirando a ti, saga Final Fantasy), al lugar donde voy es a otra saga que no tiene tantas entregas pero sí muchas expansiones.
Los Sims siempre ha sido ese juego de jugar con mis primos (o sola) en los albores de Internet cuando era eso o jugar a minijuegos que funcionaban regular, así que Los Sims era lo más cómodo en aquella época. Y es que la mecánica parece fácil. Con el truco del dinero puedes hacer lo que te dé la gana, ser quién te dé la gana y tratar a tus vecinos como te dé la gana. Y eso es lo que más me gusta de Los Sims: sé quién quieras ser, que aquí lo tienes fácil y no te lo tienes que pensar mucho. Por eso, 15 años más tarde, al juego al que siempre vuelvo cuando me supera la vida real es a la vida de mi Sim. Con expansiones o sin ellas, construir una casa a mi gusto y ordenar a mi yo digital que mantenga su vida en orden es un placer que es casi adicción.
He hablado con muchos grupos de amigos (tanto los que juegan habitualmente como los que no) y siempre hemos llegado a la misma conclusión: Los Sims son adictivos por un tiempo limitado, y luego vuelves a tu vida normal hasta que la urgencia por jugar aparezca otra vez. A algunos nos relaja crear la casa de nuestros sueños, a otros les gusta desarrollar una vida plena y satisfactoria para sus Sims. Pero una cosa es segura: da igual en qué momento de tu vida estés que, cuando menos te lo esperes, vendrá a ti una extrema necesidad de jugar a Los Sims.

Meren PlathBastion y Animal Crossing: New Leaf

Hará cosa de un año que tuve que mudarme porque me había salido trabajo fuera de mi ciudad. Fue todo un poco repentino y no tuve tiempo de asimilarlo. Recuerdo que el día que me marché lloré al dejar mi habitación. Fue un momento un poco raro porque en los días anteriores y siguientes no había mostrado ningún sentimiento así… Pero el dejar mi cuarto me produjo una sensación de desazón que no había sentido nunca, o no de esa manera. Fue el hecho físico de dejar lo que había sido mi cuarto, mi hogar, hasta aquel momento.

Durante este tiempo no he logrado de desprenderme de esa sensación, y cada vez que vuelvo a casa, entrar a mi cuarto me provoca una sensación rara porque ya no es mi habitación. En este año, mientras se han ido sucediendo diversas cosas, sólo ha habido dos juegos que me han hecho sentirme como en casa, como volver a estar en mi cuarto sin estarlo. Bastion es, por muchísimas razones, mi videojuego favorito. Me lo descubrió precisamente Darkor hace un buen puñado de años y es de los poquísimos juegos que no he desinstalado nunca de mi ordenador (y lo compré hace poco para Switch para poder jugarlo de nuevo). La desazón de The Kid, el hecho de que ha perdido todo lo que ha conocido hasta el momento, y justo desaparece delante de sus ojos, me representa. Pero también su espíritu de conocer y de poder arreglarlo, aunque sea un poco. Me encanta sumergirme en él cuando me siento así, con desazón, porque saber que hay alguien al otro lado de la pantalla que también entiende eso me ayuda. Me gusta meterme en alguna de mis partidas y mirar por dónde voy, o simplemente pasearme por el Bastión o las zonas de pruebas. Sólo con eso, con ese rato, consigo sentirme así, un poco más cerca de lo que ha sido mi hogar.

En cuanto al Animal Crossing New Leaf, jugué mucho cuando me lo compré, aunque poco a poco lo fui dejando al centrarme más en otros juegos. Pero me gusta mucho meterme cuando estoy agobiada y harta de todo. Al ser una persona que se ha mudado de una ciudad a un pueblito, y que acaba siendo alcaldesa, me representa también en cierta manera. Ser la nueva a veces es mucho más difícil de lo que pensamos, y el hecho de tener un juego en el que los vecinos y todo el mundo ayuda al recién llegado resulta reconfortante. Me encanta pasearme por el pueblo, hablar con los vecinos e ir a la isla Tórtimer y llegar a pasar días enteros. Pero lo que más me gusta es poder ir a los conciertos de Totakeke: puedo pasar ese tiempo del concierto (de ocho de la tarde a doce de la noche) pidiéndole canciones o simplemente dejando que elija él.

Esto es muchas veces lo que me devuelve a reconectar con todo, y tener ese sitio al que regresar, que físicamente ya no tengo, pero por lo menos en lo digital no me falta.

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Darkor_LF

Difusora de la palabra de Pratchett a tiempo completo. Defensora de causas pérdidas e inútiles. Choconiños o barbarie. Hipster por necesidad. Tengo una pipa falsa. +50 en pedantería.

Nébore
Nébore

akusokozan
akusokozan @crisiscrisis_

Reina de la procastinación. Juego a cosas, escribo de cosas y leo sobre cosas. The Witcher 3 me absorbió el alma y desde entonces no he sido la misma.

Meren Plath
Meren Plath @serendipia_s

be gay do crime. presento el pugcast y de vez en cuando lloro por Zelda, Bastion o Transistor. me metí en skyrim y todavía no he salido. me gusta el café por encima de mis posibilidades. alma de completionist.

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